"Ventana abierta"
El recuerdo de la madre siempre es tranquilizador, pero cuando esta Madre es María, la paz inunda nuestra alma, la sonrisa aflora a nuestros labios, la alegría penetra a nuestra vida. Piensa, pues, con frecuencia en María, tenla presente en todos los momentos de tu vida, invócala sobre todo en los tramos más difíciles y comprometidos.
SI VAS CON ELLA, NO PERDERÁS EL RUMBO
ÁNGELUS
LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA
Ninguna realidad puede causar en nosotros una
alegría tan sentida y tan duradera como la de sabernos hijos de Dios e hijos de
María.
Saber que no somos huérfanos, sino que en el
cielo tenemos un Padre, que es Dios, y una Madre, que es María.
El recuerdo de la madre siempre es
tranquilizador y sedante, pero cuando esa Madre es María la paz inunda nuestra
alma, la sonrisa aflora a nuestros labios, la alegría penetra a nuestras vidas.
Piensa, pues, con frecuencia en María, hazla
presente en todos los momentos de tu vida, invócala sobre todo en los tramos
más difíciles y comprometidos, acude a ella en las tentaciones.
Si vas con ella, no te desviarás.
MADRE DE DIOS ¡SALVE! NADIE PODRÁ SALUDARTE
NUNCA DE UN MODO MÁS ESTUPENDO QUE COMO LO HIZO UN DÍA EL ARCÁNGEL: SALVE
MARÍA, LLENA DE GRACIA.
VIERNES DE DOLORES
(Se celebra el Viernes anterior al Domingo de
Ramos)
Esa María que vivió todo eso... fue una Madre
dolorosa.
Viernes de Dolores, así le decimos al viernes
preámbulo de toda una Semana de Pasión y Dolor, en el que se enaltece y venera
a una Madre enlutada, con una espada atravesándole el corazón, con lágrimas en
sus ojos y con sus manos de dedos entrelazados en señal de la angustia que
brota de su alma.
Ella es una madre dolorosa. Esta mujer llena de
dolor está representando a todas las madres del mundo que han pasado por la
prueba de amargura sin límite de ver morir a un hijo.
María la que llevó en su seno al Salvador del
género humano, la que lo meció en sus brazos de madre amorosa, la que lo buscó
llena de angustia junto con su esposo José, cuando no lo encontraban en la
caravana que los regresaba a casa... y más tarde lo hallaron en el Templo con
los doctores de la Ley cumpliendo la voluntad del Padre celestial, la que lo
tuvo durante treinta años en el calor del hogar, hogar de amor y trabajo.
María, la que lo vio partir un día y fue cuando
su corazón supo que, "había llegado la hora"... La que supo de su
vida de predicación, de peregrino recorriendo caminos, aldeas y ciudades...
María, la que supo de una corona de espinas que
rompió la suave piel de la cabeza del hijo querido, de una espalda abierta por
profundas heridas de salvajes latigazos, de unos dulces ojos nublados por el
dolor, la que lo vio cargando con un madero... y caer.
María, la que vio como atravesaban con clavos sus
manos y pies amadísimos y cómo era levantado en alto para quedar entre dos
ladrones...
María, la que vio al hijo queridísimo, al hijo
bueno, al hijo santo, al Dios hecho hombre convertido en una figura rota y
doliente, lleno de polvo, con el rostro sucio y triste, con el cabello, que
ella tantas veces acarició, ahora pegado en su cara, endurecido y aplastado por
la sangre reseca... Esa María que vivió todo eso... fue una Madre dolorosa.
No bajaron los ángeles para enjugar sus
lágrimas. No hubo ningún paliativo celestial ni milagroso que aminorara el
dolor de la Madre de Dios. Ella soportó la muerte del hijo de pie, con el
corazón roto pero de pie, volviendo a decir "si" a la voluntad del
Altísimo.
Y allí, por mandato de su hijo agonizante, se
convirtió en nuestra madre.
Madre de misericordia. Madre de la Esperanza.
En este mundo tan difícil y desorientado,
Cristo nos la dejó, nos la dio para que sea nuestro faro y consuelo de nuestras
penas, porque nadie como Ella lleva mejor el nombre de Madre Dolorosa.
Madre dolorosa... ruega por nosotros.
Padre Nuestro...
Ave María...
Gloria...
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.





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