"Ventana abierta"
El misterio de la
Anunciación del Señor constituye uno de los momentos más decisivos de toda la
historia de la salvación. En él tiene lugar el inicio visible de la Encarnación
del Verbo, cuando el Hijo eterno del Padre asume la naturaleza humana en el
seno de la Virgen María. Este acontecimiento, narrado por el evangelista san
Lucas (Lc 1,26-38), no es solamente un episodio evangélico, sino el punto de
convergencia entre la eternidad de Dios y la historia del hombre.
La tradición de la Iglesia ha reconocido en la
Anunciación el comienzo de la redención. En este momento se realiza el designio
eterno del Padre, que quiso salvar al hombre mediante la Encarnación de su
Hijo. El Concilio Vaticano II afirma que «el Padre de las misericordias quiso
que precediera a la Encarnación la aceptación de la Madre predestinada»
(Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 56).
De nuestro Félix Lope de Vega y Carpio:
Estaba María santa
contemplando las grandezas
de la que de Dios sería
Madre santa y Virgen bella.
El libro en la mano hermosa,
que escribieron los profetas:
cuanto dicen de la Virgen
¡oh qué bien que lo contempla!
Madre de Dios y virgen entera,
Madre de Dios, divina doncella.
Bajó del cielo un arcángel,
y haciéndole reverencia,
Dios te salve, le decía,
María, de gracia llena.
cuando al sí de su respuesta
tomó el Verbo carne humana
y salió el Sol de la estrella.
Madre de Dios y virgen entera,
Madre de Dios, divina doncella.


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