"Ventana abierta"

P. Leonardo Molina García. S.J.
SALOMÓN, EL JOVEN RICO Y LOS DISCÍPULOS
José Luis Sicre Díaz
Domingo 28. Ciclo B.
Las lecturas de este domingo enfrentan tres
posturas: la de Salomón, que pone la
sabiduría por encima del oro, la plata y las piedras preciosas; la del
rico, que pone su riqueza por
encima de Jesús; la de los discípulos, que renuncian a todo para seguirle. El evangelio contiene dos
escenas: en la primera, los protagonistas son el rico y Jesús; en la segunda,
Jesús y sus discípulos.
Primera escena: El rico y Jesús
Ofrece detalles curiosos, típicos de la forma
de contar de Marcos. Se acerca uno «corriendo», «se arrodilla», lo llama
«maestro bueno» (provocando cierto malestar en Jesús), formula su pregunta,
Jesús «lo mira con cariño». Al final, el individuo «frunce el ceño» y se va triste. El protagonista,
antes de formular su pregunta, pretende captarse la benevolencia de Jesús o,
quizá también, justificar por qué acude a él: lo llama «maestro bueno», título
que no se aplica en Israel a ningún maestro (Strack-Billerbeckx sólo recoge un
ejemplo del siglo IV d.C.).
La pregunta
El problema que le angustia es «qué he de hacer para heredar vida eterna»,
algo fundamental para
entender todo el pasaje. Lo que pretende el protagonista es, dicho con otra
expresión judía de la época, «formar parte de la vida futura» o «del
mundo futuro»; lo que muchos entre nosotros entienden por
«salvarse». Este deseo sitúa al protagonista en un ambiento distinto del
normal: admite un mundo futuro, distinto del presente, mejor que éste,
y desea participar en él. Por otra parte, su pregunta no es tan rara como
podemos imaginar. Si nos preguntasen qué hay que hacer para «salvarse», las
respuestas es probable que variasen bastante. Una pregunta parecida la
encontramos hecha al rabí Eliezer (hacia el año 90), y responde: «Procuraos la
estima de vuestros vecinos; impedid que vuestros hijos lean la Escritura a la
ligera y haced que se sienten entre las rodillas de los discípulos de los
sabios; y, cuando oréis, sed conscientes de quién tenéis delante. Así conseguiréis
la vida del mundo futuro». Curioso e interesante
La respuesta de Jesús
Jesús, antes de responder, aborda el saludo y
da un toque de atención sobre el uso precipitado de las palabras. El único
bueno es Dios. (Afortunadamente, por entonces no existía la Congregación para
la Doctrina de la Fe, que lo habría condenado por error cristológico).
Luego responde a la pregunta haciendo
referencia a cinco mandamientos mosaicos, todos ellos de la segunda tabla,
aunque cambiando el orden y añadiendo «no defraudarás», que no está en el
decálogo.
Lo curioso es que Jesús no dice nada de los
mandamientos de la primera tabla, que podríamos considerar los más importantes:
no tener otros dioses rivales de Dios, no pronunciar el nombre de Dios en
falso, y santificar el sábado. Según
Jesús, de forma bastante escandalosa para nuestra sensibilidad, para «salvarse» basta portarse bien con el
prójimo.
Cuando el protagonista le responde que eso lo
ha cumplido desde joven, Jesús lo mira con cariño y le propone algo nuevo: que deje de pensar en la
otra vida y piense en esta, dándole un sentido nuevo. Ese sentido consistirá
en seguir a Jesús, de forma
real, física; pero antes es preciso que venda todo y lo dé a los pobres. El
programa de Jesús se limita a tres verbos: vender,
dar y seguir.
La reacción del rico
Entonces es cuando el personaje frunce el ceño
y se aleja, «pues era muy rico». Con esta actitud, no pierde la vida eterna
(que depende de los mandamientos observados), pero sí pierde el seguir a Jesús, dar plenitud a su vida ahora, en la
tierra.
Segunda escena: Jesús y los
discípulos
Sirve para completar su enseñanza, en este caso
sobre el peligro de la riqueza y el problema de los ricos. Marcos, indicando
que Jesús «miró en torno» antes de decir nada, introduce un elemento de
suspense. ¿Qué dirá ante la reacción del rico?
El problema de los ricos
Sus palabras: «¡Qué difícil es que los ricos
entren en el reino de Dios!», requieren una aclaración. Entrar en el
reino de Dios no significa salvarse en la otra vida. Eso ya ha quedado
claro que se consigue mediante la observancia de los mandamientos, sea uno rico
o pobre. Entrar en el Reino de Dios significa entrar en la comunidad cristiana, comprometerse de forma seria
y permanente con la persona de Jesús en esta vida.
Ante el asombro de los discípulos, Jesús repite
su enseñanza añadiendo la famosa comparación del camello por el ojo de la
aguja. Ya en la alta Edad Media comenzó a interpretarse el ojo de la aguja como
una puerta pequeña que habría en la muralla de Jerusalén; pero esa puerta nunca
ha existido y esta explicación solo pretende suavizar las palabras de Jesús de
manera un tanto ridícula. Jesús expresa con imaginación oriental la dificultad
de que un rico entre en la comunidad cristiana.
La reacción de los discípulos
¿Por qué se asombran y se espantan los
discípulos? Su reacción podemos interpretarla de dos formas: 1) ¿quién puede
salvarse?; 2) ¿cómo vamos a subsistir?
En el primer caso, los discípulos reflejarían
la mentalidad de que la
riqueza es una bendición de Dios; si los ricos no se salvan, ¿quién podrá
salvarse?
En el segundo caso, los discípulos pensarían
que la comunidad no puede subsistir si no entran ricos en ella que pongan sus
bienes a disposición de todos.
En cualquier hipótesis, la respuesta de Jesús («para
Dios todo es posible») parece dar por terminado el tema.
De hecho, la intervención de Pedro no empalma
con lo anterior, sino que contrasta la actitud de los discípulos con la del
rico: «nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido». Ahora quiere saber qué
les tocará.
Una riqueza distinta de la de
Salomón
La respuesta de Jesús enumera siete objetos de
renuncia, como símbolo de renuncia total: casa, hermanos, hermanas, madre,
padre, hijos, campos. Todo ello tendrá su recompensa en esta vida (cien veces
más en todo lo anterior, menos en padres) y, en la otra, vida eterna. Pero, al
hablar de la recompensa en esta vida, Mc añade «con persecuciones».
Decía Salomón que, con la sabiduría «me
vinieron todos los bienes juntos». A los discípulos, la abundancia de bienes se
la proporciona el seguimiento de Jesús.
Reflexión y advertencia
Este pasaje del evangelio sólo tiene en cuenta
dos posturas extremas: la del rico que conserva sus bienes y no sigue a Jesús,
y la de los discípulos que lo siguen renunciando a todo. ¿No cabe un término medio? Otros
relatos evangélicos y las cartas del Nuevo Testamento dejan claro que sí.
Marta, María, Lázaro, José de Arimatea, Nicodemo… forman parte de la comunidad
cristiana sin renunciar a todos sus bienes ni seguir a Jesús físicamente. Sin
embargo, el evangelio de este domingo no pretende ofrecer ese término medio,
sino animar al seguimiento de Jesús renunciando a todo.
P. Leonardo
1. Hoy día predomina el pensamiento rápido
2. Las complicaciones de la vida, cada vez más
complejas y avasalladoras, nos hacen que tengamos que tener decisiones rápidas:
comida rápida, supermercado con “todo hecho y elaborado”, propaganda. Todo
rápido. No tengo tiempo, es la frase socorrida “ni para malos pensamientos”
decía una frase humorística. “Estoy tan ocupado, me ocupan tanto, me han
enseñado a no tener ni respiro, a luchar por aspiraciones presentadas por la
sociedad de consumo, que ando como desorientado, alocado…Ni me da tiempo
para detenerme…
3. Contra esas prisas, se levanta la SABIDURÍA.
Calma, discernimiento, personalidad, meditación…saber a fondo los porqués y adónde vamos. ¿Qué vale y qué no vale en esta vida?
Analizar las causas y prever las consecuencias de los actos que hacemos. O sea,
encontrar saber y sacarle a la vida saber sabor… Hallaremos sorpresas no
siempre desagradables.
4. Jesús es el Maestro de sabiduría…mejor, de la
SABIDURÍA
5. Jesús invitó al joven a ese saber y sabor. No
fue posible.
6. Los pobres discípulos se quedaron
boquiabiertos. ¿Y de lo nuestro, qué? No os preocupéis, seréis libres y
felices…
7. ¿Qué cosas tenemos que dejar? Limpiar,
desterrar, alejar, promocionar
8. Dos grupos: lo que dejaron todo físicamente
(vocados) y Marta, María, Lázaro etc. Los dos grupos dejaron todo y siguieron a
Jesús. De distinta manera, pero lo dejaron.
9. Invoquemos como Salomón esa valiosa SABIDURÍA. Seremos felices.



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