"Ventana abierta"
De la mano de María
Héctor L. Márquez (Conferencista católico)
REFLEXIÓN PARA EL TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL T.O. (C)
“Esto que contempláis, llegará un día en que no
quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”.
Nos acercamos al final del año litúrgico, y el
pasaje del evangelio que se nos ofrece para hoy (Lc 21, 5-19) nos sitúa en el
comienzo del último discurso de Jesús, el llamado “discurso escatológico”, que
Jesús pronuncia estando ya en Jerusalén, luego de su “última subida” desde
Galilea para culminar su misión redentora con su misterio pascual (pasión,
muerte, resurrección y glorificación).
En este discurso Jesús anuncia la destrucción
del Templo y de la ciudad santa de Jerusalén. El pasaje de hoy se refiere a la
destrucción del Templo (“Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará
piedra sobre piedra: todo será destruido”) al final de los tiempos.
Los que le escuchan muestran preocupación,
quieren saber cuándo será el final de los tiempos. Nuestra naturaleza humana
nos lleva a querer saber cuándo y cómo, y qué señales debemos esperar; esa
obsesión con el tiempo lineal, cuando nuestra verdadera preocupación debe ser
por las cosas eternas. A lo largo de la historia encontramos personas que se
nutren y aprovechan del miedo y la incertidumbre que produce ese “final de los
tiempos”. Fue así en tiempos de Jesús y continúa siéndolo hoy.
La respuesta de Jesús, más que una
contestación, es una advertencia contra los falsos profetas (“Cuidado con que
nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: ‘Yo soy’,
o bien: ‘El momento está cerca’; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias
de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir
primero, pero el final no vendrá en seguida”).
Son muchas las sectas que han florecido
vendiendo un mensaje del fin inminente, para luego tener que cambiar la “fecha”
una y otra vez. Me causa una mezcla de lástima y tristeza ver a tantas personas
que se llaman católicos, que genuinamente se preocuparon por la supuesta
llegada del fin de los tiempos como, por ejemplo, el 21 de diciembre de 2012.
Jesús nos advierte contra aquellos que nos digan que “el momento está cerca”.
Él nos lo dice claramente: “En cuanto a ese día y esa hora, nadie los conoce,
ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt 24,36).
Finalmente, Jesús anuncia las persecuciones que
hemos de sufrir sus seguidores (“os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y
a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía.
Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra
defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente
ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes,
y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos
os odiarán por causa mía”). Como toda prueba que Jesús nos anuncia, esta viene
acompañada de una promesa de salvación: “con vuestra perseverancia salvaréis
vuestras almas” (Cfr.
Sir 2,1-9).
El mensaje es claro. Para nosotros los cristianos el día y la hora no deben tener importancia alguna. Lo importante es estar preparados, para que cuando llegue el novio, nos encuentre con las lámparas encendidas y con aceite para alimentarlas. Así entraremos con Él a la sala nupcial (Cfr. Mt 25,1-13).



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