"Ventana abierta"
Los cinco minutos del Espíritu Santo
Mons. Víctor Manuel Fernández
Como siempre, el apasionado San Agustín expresa de una manera maravillosa el deseo de Dios, y también el deseo del Espíritu Santo. Usemos sus palabras para elevar el corazón al Espíritu Santo:
"Ven, dulce Consolador de los que están
desolados, refugio en los peligros y protector en la miseria.
Ven, tú que lavas nuestras manchas y curas
nuestras llagas.
Ven, fuerza del débil, apoyo del que cae.
Ven, doctor de los humildes y vencedor de los
orgullosos.
Ven, padre de los huérfanos, esperanza de los
pobres, tesoro de los que sufren la indigencia.
Ven, estrella de los navegantes, puerto seguro
de los náufragos.
Ven, fuerza de los vivientes y salud de los
moribundos.
Ven Espíritu Santo, ten piedad de mí.
Hazme sencillo, dócil y fiel.
Compadécete de mi debilidad con tanta bondad
que mi pequeñez se encuentre ante la multitud de tus misericordias.
Ven Espíritu Santo.



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