"Ventana abierta"
De la mano de María
Héctor L. Márquez (Conferencista católico)
REFLEXIÓN PARA LA MEMORIA OBLIGATORIA DE SAN BERNABÉ, APÓSTOL
Bernabé era levita
(de la tribu de Leví) oriundo de Chipre. Su nombre era José, pero este le fue
cambiado por los apóstoles a Bernabé, que quiere decir “hijo de la
exhortación”, se menciona en el libro de los Hechos de los Apóstoles por su
generosidad, habiendo vendido una propiedad que tenía y puesto su importe a
disposición de los apóstoles (4,36).
La lectura nos presenta a Bernabé predicando exitosamente el Evangelio en
Antioquía: “como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una
multitud considerable se adhirió al Señor”. Entusiasmado por la acogida de la
Palabra en Antioquía, fue a buscar a Pablo y lo trajo a esa ciudad, en donde
ambos permanecieron un año. Antioquía se convirtió en el gran centro de
evangelización de mundo pagano. Nos dice la lectura que en aquél lugar “había
profetas y maestros”. Tan visible fue el éxito de Pablo y Bernabé en esta
misión, y tan floreciente la comunidad de Antioquía, que fue allí donde por
primera vez llamaron “cristianos” a los seguidores de Jesús (11,26c). Hasta
entonces se les conocía como los seguidores del “Camino”.
Hemos dicho en ocasiones anteriores que el libro de los Hechos de los
Apóstoles se conoce como el “Evangelio del Espíritu Santo”, porque recoge la
actividad divina del Espíritu Santo en el desarrollo de la Iglesia. Así, la
lectura nos dice que mientras la comunidad ayunaba y daba culto al Señor, “dijo
el Espíritu Santo: ‘Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he
llamado’. Volvieron a ayunar y a orar, les impusieron las manos y los
despidieron”. De allí partirían a evangelizar Seleucia, Chipre, Pafos, Perge de
Panfilia, Iconio, Laconia y Listra, para luego regresar a Antioquía. Una
lectura de los capítulos 13-15 de los Hechos de los Apóstoles nos revela la
extensión de la labor apostólica de Pablo y Bernabé, y cómo el Espíritu Santo
actuaba poderosamente efectuando conversiones y haciendo toda clase de
milagros, y protegiéndolos, salvándolos de ser lapidados.
¡Ojalá nuestras comunidades de fe estuvieran tan atentas y dóciles al
Espíritu Santo como aquella comunidad de Antioquía!
La Tradición nos presenta a Bernabé llegando a ser obispo de Milán, y
martirizado alrededor del año 60 en Salamina.
“Señor Dios nuestro, la Iglesia de Antioquía, movida por el Espíritu Santo, envió a Pablo y Bernabé en misión apostólica entre paganos. Que la Iglesia de hoy, en cualquier parte del mundo, envíe buenos y celosos hombres y mujeres a anunciar el Evangelio. Llena a todos los misioneros con el Espíritu Santo y con gran fe, para que puedan tocar los corazones de los hombres y los ganen como discípulos y amigos de Jesucristo nuestro Señor” (Oración Colecta).



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