"Ventana abierta"
De la mano de María
Héctor L. Márquez (Conferencista católico)
REFLEXIÓN PARA EL VIERNES DE LA DÉCIMA
SEMANA DEL T.O. (2)
“Habéis oído el mandamiento ‘no cometerás
adulterio’. Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha
sido adúltero con ella en su interior”.
En la lectura evangélica de hoy (Mt 5,27-32),
continuación de la de ayer, Jesús continúa su catequesis sobre la nueva Alianza
fundamentada en la Ley del amor que nos lleva a adorar en espíritu y verdad, a
diferencia del ritualismo exterior del culto judío. Se trata de cumplir con los
preceptos de la Ley, no por temor al castigo, sino mediante el ejercicio de la
libertad que nos proporciona el Amor de Dios que se derrama sobre nosotros en
la forma del Espíritu Santo. Es la Ley escrita, no en tablas de piedra ni en
pergaminos, sino en nuestros corazones (Cfr. Jr 31,33; Hb 8,10).
Jesús nos propone una “relectura” del decálogo
a partir de la intención que Dios tenía al proclamarlo. Se trata de interpretar
los mandamientos según el espíritu de la Ley, no a base de una lectura literal.
La “plenitud” que Jesús vino a dar a la Ley no es otra cosa que su
interpretación a la luz de las virtudes expresadas en las Bienaventuranzas,
como la misericordia, la justicia, la verdad, etc. Es la “humanización” de la
Ley.
En el pasaje de hoy Jesús nos instruye: “Habéis
oído el mandamiento ‘no cometerás adulterio’. Pues yo os digo: El que mira a
una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu
ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que
ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y
tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al
infierno”.
Está claro, no se trata del cumplimiento
(palabra que hemos dicho se compone de otras dos: “cumplo y miento”) exterior
de los fariseos que ocultaba su podredumbre interior, lo que llevaría a Jesús a
llamarles sepulcros blanqueados: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos
hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen
bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda
inmundicia!” (Mt 23,27-28); se trata del cumplimiento “de corazón”.
Se peca lo mismo con el pensamiento como con
los actos, ya que en el pensamiento es que se fragua el pecado antes de llevar
a cabo la acción: “Del corazón proceden las malas intenciones, los homicidios,
los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las
difamaciones. Estas son las cosas que hacen impuro al hombre” (Mt 15,19-20).
Jesús nos propone que antes que pecar nos
arranquemos o cortemos aquellas partes de nuestro cuerpo que puedan hacernos
pecar. Aunque algunos sostienen que Jesús quería que esta aseveración se tomase
al pie de la letra para indicar la radicalidad y la seriedad con las que Él
insiste en la observancia de este mandamiento, podría también decirse que hace
uso de la hipérbole con un fin pedagógico: enfatizar que la pureza de corazón
va por encima de la propia integridad corporal (por la concepción judía de la
resurrección física era importante ser enterrado con el cuerpo íntegro). Si
fuéramos a hacer una lectura literal de este pasaje, ¡cuántos tuertos, mancos,
y castrados habría!
Que pasen un hermoso fin de semana.



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