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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

martes, 29 de marzo de 2011

Tema I:
“LOS PADRES DE FAMILIA, PRIMEROS EDUCADORES DE LA FE DE SUS HIJOS”
(Del Directorio General para la Catequesis # 226)

“La solicitud por la catequesis, bajo la dirección de la legítima autoridad eclesiástica, corresponde a todos los miembros de la Iglesia en la medida de cada uno. Antes que nadie, los padres están obligados a formar a sus hijos en la fe y en la práctica de la vida cristiana, mediante la palabra y el ejemplo; y tienen una obligación semejante quienes hacen las veces de padres, y los padrinos” (Cn. 774)


El testimonio de vida cristiana, ofrecido  por los padres en el seno de la familia, llega a los niños envuelto en el cariño y el respeto materno y paterno. Los hijos perciben y viven gozosamente la cercanía de Dios y de Jesús que los padres manifiestan, hasta tal punto, que esta primera experiencia cristiana deja frecuentemente en ellos una huella decisiva que dura toda la vida. Este despertar religioso infantil en el ambiente familiar tiene, por ello, un carácter “insustituible”.

Esta primera iniciación se consolida cuando, con ocasión de ciertos acontecimientos familiares o en fiestas señaladas, “se procura explicitar en familia el contenido cristiano o religioso de esos acontecimientos”. Esta iniciación se ahonda aún más si los padres comentan y ayudan a interiorizar la catequesis más sistemática que sus hijos, ya más crecidos, reciben en la comunidad cristiana. En efecto, “la catequesis familiar precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis”.

Los padres reciben en el sacramento del matrimonio la gracia y la responsabilidad de la educación cristiana de sus hijos, a los que testifican y transmiten a la vez los valores humanos y religiosos. Esta acción educativa, a un tiempo humana y religiosa, es un “verdadero ministerio” por medio del cual se transmite e irradia el Evangelio hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y escuela de vida cristiana. Incluso a medida que los hijos van creciendo, el intercambio es mutuo y, “en un diálogo catequético de este tipo, cada uno recibe y da”.

Por ello es preciso que la comunidad cristiana preste una atención espacialísima a los padres. Mediante contactos personales, encuentros, cursos e, incluso, mediante una catequesis de adultos dirigida a los padres, ha de ayudarles a asumir la tarea, hoy especialmente delicada, de educar en la fe a sus hijos. Esto es aún más urgente en los lugares en los que la legislación civil no permite o hace difícil una libre educación en la fe. En estos casos, “la Iglesia domestica”, es decir, la familia, es, prácticamente, el único ámbito donde los niños y los jóvenes pueden recibir una auténtica catequesis.

Tema II: 
PREEMINENCIA DE LA SANTISIMA EUCARISTIA

I.- “Tiene cierto la Santísima Eucaristía de común con los demás sacramentos ser símbolo de una cosa sagrada y forma visible de la gracia invisible; más se halla en ella algo de excelente y singular, a saber: que los demás sacramentos entonces tienen por vez primera virtud de santificar, cuando se hace uso de ellos; pero en la Eucaristía, antes de su uso, está el autor mismo de la santidad”. (Dz. 876 y 886)

II.- “La Iglesia pregona: la Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida cristiana”. (L.G.11) También ha conservado y enseñado la Iglesia en el depósito de la fe que la Santísima Eucaristía es el mayor y el más digno de los sacramentos:
-          Porque contiene sustancialmente al mismo Cristo en persona.
-          Porque los demás sacramentos se orientan a la Eucaristía como a su fin; y efectivamente el Sacramento del Orden se orienta a la consagración de la Eucaristía; el Bautismo a la recepción de la Eucaristía; el fiel que perfecciona por el sacramento de la Confirmación para recibirla con mayor diligencia; por el sacramento de la Reconciliación y de la Unción de los Enfermos el fiel se prepara para comer dignamente el Cuerpo de Cristo. El Matrimonio se relaciona con la Eucaristía en cuanto significa la unión de Cristo con la Iglesia, cuya unidad es figurada por el sacramento de la Eucaristía.
-          Porque, como aparece en el ritual de los Sacramentos, casi todos los Sacramentos terminan en la Eucaristía. (Santo Tomás de Aquino, Summa  Theologica III, aq. LXV, a.3)

SACRIFICIO Y SACRAMENTO

III.- “La Sagrada Eucaristía es Sacrificio y Sacramento a la vez. Estos dos elementos pertenecen a este mismo misterio y no se pueden separar el uno del otro”. (Pablo VI, Mysterium Fidei).

“El sacrificio en cuanto que Cristo se ofrece al Padre; y Sacramento en cuanto Cristo se da a nosotros en comida y bebida en nuestra alma; sacrificio en cuanto es ofrecido  y sacramento en cuanto es recibido; y por lo tanto tenemos el efecto del sacrifico en aquel que lo ofrece o en aquellos a favor de los cuales es ofrecido; mientras el efecto del sacramento en aquel que lo recibe”. (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica  III,q. LXXIX, a.5; a.7 y ad 3; cfr. Q. LXXII, a.4)

Es sacrificio en cuanto se representa la Pasión de Cristo que se ofreció a sí mismo como víctima al Padre; y es  sacramento porque se da la gracia invisible bajo la especie visible; y así la Eucaristía es provechosa para los que la reciben bajo este doble aspecto: como sacrificio y como sacramento porque es ofrecida a favor de todos los que la reciben. (Ibidem , q. LXXIX, a.7)

Tema III:  LA TRANSUSTANCIACIÓN

En este apartado es conveniente dirigir nuestra mirada a los testimonios del Magisterio de la Iglesia. El concepto Transustanciación adquiere aquí una importancia de primer orden. Se trata del término de origen filosófico empleado por la teología para expresar el cambio que se produce cuando, por la consagración eucaristica , las especies de pan y vino pasan a ser el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El primer testimonio histórico del Magisterio acerca de esta verdad de fe aparece en el juramento prestado por Berengario en el Concilio Romano de 1079 (Dz. 355). En la Tradición de la Iglesia ya se exponía esta doctrina desde épocas tempranas. Sería bueno recordar las palabras de San Juan Crisóstomo:
            “No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de Dios. Esto es mi Cuerpo, dice. Esta palabra transforma las cosas ofrecidas”. (Prod. Jud. 1,6; Cfr. San Ambrosio de Milán, Myst., 9,50.52)

El Concilio de Trento se considera como el momento en que la Iglesia desarrolla en la abundancia doctrinal el tema Eucarístico (Dz. 873ª - 893, 929ª - 956). Es muy interesante la exposición y definición dogmática que realiza este Concilio, y para muestra bastaría recordar parte de la Profesión de fe en la que se consagra el término TRANSUSTANCIACIÓN:

            “Profeso igualmente que en la Misa se ofrece a Dios un sacrificio verdadero, propio y propiciatorio por los vivos y por los difuntos, y que en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía está verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el alma y la divinidad , de nuestro Señor Jesucristo, y que se realiza la conversión de toda la sustancia del Pan en su Cuerpo, y de toda la sustancia del Vino en su Sangre; conversión que la Iglesia Católica llama “Transustanciación”. Confieso También que bajo una sola de las especies se recibe a Cristo, todo e íntegro, y un verdadero sacramento”. (Dz. 997).

Tema IV: LA SANTISIMA EUCARISTIA

“El Sacramento más augusto, en el que se contiene, se ofrece y se recibe al mismo Cristo nuestro Señor, es la Santísima Eucaristía. Por la que la Iglesia vive y crece continuamente. El Sacrificio Eucarístico, memorial de la muerte y resurrección del Señor, en el cual se perpetúa a lo largo de los siglos el sacrificio de la cruz, es el culmen y la fuente de todo el culto y de toda la vida cristiana, por el que se significa y realiza la unidad del pueblo de Dios y se leva a término la edificación del cuerpo de Cristo. Así, pues, los demás sacramentos y todas las obras eclesiásticas de apostolado se unen estrechamente a la Santísima Eucaristía y a ella se ordenan”. (Cn. 897)

La grandeza de este Sacramentote lleva al fiel cristiano a manifestar su piedad por la Santa Eucaristía a través de una celebración participada, en especial con referencia a la comunión y con el culto de la Eucaristía como Sacramento permanente:
           
“Tributen los fieles la máxima veneración a la Santísima Eucaristía, tomando parte activa en la celebración del sacrificio augustísimo, recibiendo este sacramento frecuentemente y con mucha devoción, y dándole culto con suma adoración; los pastores de almas, al exponer la doctrina sobre este sacramento, inculquen diligentemente a los fieles esta obligación” (Cn. 898)


¿Quiénes pueden participar de la Eucaristía?

En casos ordinarios…

A)    Los Infantes: “Para que pueda administrarse la Santísima Eucaristía a los niños, se requiere que tengan suficiente conocimiento y hayan recibido una preparación cuidadosa, de manera que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad, y puedan recibir el Cuerpo del Señor con fe y devoción”. (Cn. 913)

Los párrocos son responsables de vigilar para que no se reciba la Santísima Eucaristía de parte de los niños que no han llegado al uso de la razón (7 u 8 años) o que no estén suficientemente preparados. (Cn. 914)

Les corresponde a los padres, o a quienes hacen las veces de padres, así como al Párroco, el procurar que haya una preparación conveniente. Así, también, el que se procure la confesión sacramental previa para recibir el alimento divino. (Cn. 914)

B)    Los Adultos: Todo fiel cristiano tiene derecho a los sacramentos (Cn. 213) cuando se solicitan oportunamente, haya disposición y no se los prohíba el Código de Derecho Canónico (Cn. 843). No se le puede negar a alguien la Santísima Eucaristía a menos de que conste en la vida pública la existencia de un impedimento. (Cn. 843)

Les corresponde a los párrocos procurar que quienes piden los sacramentos se preparen para recibirlos.
¿A quienes se les puede negar la Eucaristía?

“No deben ser admitidos a la Sagrada Comunión los excomulgados y los que están en “entredicho” una vez que la pena ha sido declarada. Ni tampoco los que persisten en permanecer  obstinadamente en un pecado grave”  (Cn. 915).

Esto es una clara alusión dirigida a los divorciados vueltos a casarse civilmente.

Tema V:   EL RITO.

1.- Hay obligación de usar el rito apropiado para la celebración Eucarística, que es en lengua latina. Se puede decir en otra lengua con tal de que los textos litúrgicos hayan sido legítimamente aprobados. (Cn. 928)

2.- Las especies eucarísticas que deben usarse son el pan y el vino, a este último se le mezcla un poco de agua. (Cn. 924). El pan debe ser exclusivamente de trigo y hecho recientemente para evitar la corrupción (cn. 924) Nosotros, la Iglesia latina, conservamos, según nuestra tradición, el pan ázimo. (Cn. 926). El vino debe ser natural, del fruto de la vid y no corrompido (cn. 924)

3.- Se prohíbe teminantemente, aún en caso de necesidad, consagrar una materia sin la otra, o ambas fuera de la Celebración Eucarística (Cn. 927)

4.- De ordinario, la Administración de la Eucaristía debe ser bajo la sola especie de pan o, si lo permiten las leyes litúrgicas (cfr. IGMR 240-242), bajo las dos especies. En caso de necesidad se pede dar bajo la sola especie de vino. (Cn. 925)

5.- Durante la celebración y administración de la Eucaristía, los sacerdotes y los diáconos deben vestir los ornamentos sagrados prescritos por las rúbricas (Cn. 929)

6.- En cuanto al local debe hacerse en lugar sagrado tanto ordinariamente como extraordinariamente. La necesidad pastoral podrá permitir que en casos particulares se celebre en un determinado lograr, pero siempre y cuando sea digno. (Cn. 932). Estos casos particulares a que se refiere el Derecho Canónico deben tomar en cuenta las prescripciones estipuladas en la legislación particular de la Iglesia Diocesana. El Obispo u Ordinario del lugar, puede legislar sobre otras prohibiciones y estas deben ser observadas por los sacerdotes.

7.- En lo referente al altar, dentro del lugar sagrado, este debe ser dedicado o bendecido. Fuera del lugar sagrado se puede usar una mesa apropiada, utilizando el mantel y el corporal. (Cn. 932).

Tema V:
“LOS PADRES DE FAMILIA, PRIMEROS EDUCADORES DE LA FE DE SUS HIJOS”
(Del Directorio General para la Catequesis # 226)

“La solicitud por la catequesis, bajo la dirección de la legítima autoridad eclesiástica, corresponde a todos los miembros de la Iglesia en la medida de cada uno. Antes que nadie, los padres están obligados a formar a sus hijos en la fe y en la práctica de la vida cristiana, mediante la palabra y el ejemplo; y tienen una obligación semejante quienes hacen las veces de padres, y los padrinos” (Cn. 774)


El testimonio de vida cristiana, ofrecido  por los padres en el seno de la familia, llega a los niños envuelto en el cariño y el respeto materno y paterno. Los hijos perciben y viven gozosamente la cercanía de Dios y de Jesús que los padres manifiestan, hasta tal punto, que esta primera experiencia cristiana deja frecuentemente en ellos una huella decisiva que dura toda la vida. Este despertar religioso infantil en el ambiente familiar tiene, por ello, un carácter “insustituible”.

Esta primera iniciación se consolida cuando, con ocasión de ciertos acontecimientos familiares o en fiestas señaladas, “se procura explicitar en familia el contenido cristiano o religioso de esos acontecimientos”. Esta iniciación se ahonda aún más si los padres comentan y ayudan a interiorizar la catequesis más sistemática que sus hijos, ya más crecidos, reciben en la comunidad cristiana. En efecto, “la catequesis familiar precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis”.

Los padres reciben en el sacramento del matrimonio la gracia y la responsabilidad de la educación cristiana de sus hijos, a los que testifican y transmiten a la vez los valores humanos y religiosos. Esta acción educativa, a un tiempo humana y religiosa, es un “verdadero ministerio” por medio del cual se transmite e irradia el Evangelio hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y escuela de vida cristiana. Incluso a medida que los hijos van creciendo, el intercambio es mutuo y, “en un diálogo catequético de este tipo, cada uno recibe y da”.

Por ello es preciso que la comunidad cristiana preste una atención espacialísima a los padres. Mediante contactos personales, encuentros, cursos e, incluso, mediante una catequesis de adultos dirigida a los padres, ha de ayudarles a asumir la tarea, hoy especialmente delicada, de educar en la fe a sus hijos. Esto es aún más urgente en los lugares en los que la legislación civil no permite o hace difícil una libre educación en la fe. En estos casos, “la Iglesia domestica”, es decir, la familia, es, prácticamente, el único ámbito donde los niños y los jóvenes pueden recibir una auténtica catequesis.




Los mejores métodos de catequesis los puede echar a perder el catequista.


Los mejores métodos de catequesis los puede echar a perder el catequista.

La Iglesia al estar viviendo momentos de una renovación total en sus estructuras ha generado también una exigencia para quién apoya a la Iglesia con sus carisma de enseñar, de trasmitir fe, me refiero al catequista, el catequista como ya es sabido hoy desempeña un papel fundamental en la estructura formativa del pueblo, por lo tanto es obvio que la exigencia a su persona es fundamental, no sólo en el ámbito de conocimientos, sino de espiritualidad que debe de vivir y comunión con la misma Iglesia. También se está consciente que son hombres y mujeres muy trabajadores pues ofrecen gran parte de su tiempo de forma gratuita a no ser un curso donde tenga un costo, allí muy probablemente sea apoyado con una pequeña cantidad para gastos de traslado y material.
Uno de los problemas que enfrenta ya al frente de grupo, es la deficiente visión parroquial y catequética que tenga sobre la aplicación de los métodos que ha asimilado, estos métodos pueden ser los mejores, los mejor plateados y programados por los encargados de la catequesis, así como el material de apoyo con el que cuenta y los objetivos que se han establecidos con la enseñanza que se va a ofrecer. Algunas ocasiones cuando se hace acto de presencia por x motivo en la sesión de un catequista se puede vislumbrar como es su enseñanza, que rasgos tiene, como motiva está y hasta si es confiable lo que tramite; uno de los enemigos de un catequista es la aplicación de los métodos de catequesis de manera deficiente e insuficientemente, veamos algunos aspectos que pueden desmeritar ese método cuando es aplicado erróneamente:

METODOS DEFICIENTES E INSUFICIENTES EN LA CATEOUESIS

1. Emplear la Biblia como “fuente de historietas”.

El catequista muchas veces cuenta el relato como se contaría algo de la Revolución Mexicana, algo de la historia de México, algún tema de acontecimiento universal, luego se sacan aplicaciones moralizantes desde un punto que confunden y hacen ver a la Biblia como un libro moralizante. La Biblia se reduce a una pequeña enciclopedia de anécdotas de un lejano pasado, que aconteció pero que no aplica en nuestro tiempo, se interpreta literalmente, perdiendo esa sabiduría el libro sagrado, siendo fuente de enseñanza vital donde Dios tiene la enseñanza para la vida.

2. Limitarse a formulaciones que se obligan a memorizar, formulaciones que pueden ser en sí mismas buenas: oraciones, mandamientos, sacramentos…

sin embargo como ya es sabido es necesario que los que se están formando entiendan, comprendan y vivan intensamente la fe, vivan plenamente en conocimiento, porque se debe de aprender esas formulaciones, no como los pericos, sino con afán de que se deleite en hacerlo, meditándolo de noche y de día, guardándolo en su corazón y mente.

3. Acaparar la palabra como si el Espíritu Santo hablara única y exclusivamente por el Catequista.

Es uno de los prejuicios más fuertes que hacen que el ministerio de un catequista se pierda, la exclusividad de la santidad para él, que bueno buscar la santidad y que la tenga, la mejor manera de hacerlo sin duda es siendo humilde y poniendo los carismas al servicio de la comunidad, al que se está formando, irradiando de forma natural esa presencia de Dios en la vida del catequista , sin que pida pompas y tambores para decir que él es el elegido del Espíritu santo, esto desvirtúa mucho la enseñanza pues llega un momento en que se hace cada cosa fuera de lugar, que puede dañar la manera de concebir la fe del que se está formando, claro que no dudamos de las manifestaciones de Dios, la sencillez para un catequista dará mejor testimonio de ese poder de Dios.

4. Suprimir la Palabra de Dios, la oración, el compromiso y limitarse a mucho y buen material. Método activista sin espiritualidad.

Es tan delicado este punto que nos puede perder en la enseñanza integra que debe de recibir el que se está formando, hacer a un lado la palabra de Dios suele hacerse muy continuamente, algunos llevan libros de autores que escriben bien algún tema que quieren tocar cuando el libro número uno en enseñanza es la sagrada palabra de Dios, olvidan con frecuencia hacer sus oraciones de inicio y al finalizar la enseñanza, no incluyen a los participantes en la oración, sólo ellos oran a la carrera; por otro lado el no ir comentando que vivir la fe representa un compromiso con los demás, se tiene que hablar de nuestra fe, de nuestro sentir cristiano y sólo con un compromiso se puede hacer.

5. Limitar la catequesis a consejos “para ser bueno”. Ejemplos, sonoramas parece que tienen que concluir con ‘ya ven, ustedes también deben portarse bien”. Simple moralización.
No se duda que debemos de buscar la conversión de los hermanos, es base de un catequista, pero la catequesis no se desarrolla para “dar consejos de ser buenos”, son métodos perfectamente delineados para dar al que está en formación los cimiento de la fe, darle la buena nueva, conduciéndolo a que tome la salvación ya dada por Cristo Jesús, la debe de tomar él por criterio propio viendo que lo que se le está enseñando lo va a ser mejor en todo, conduciéndolo a ser un buen hombre o una buena mujer para su familia, amigos, escuela, dando testimonio de ser un buen cristiano, la catequesis tiene métodos bien definidos y busca que el que se forma crezca íntegramente, mental, espiritual y en conocimiento de dios, enraizando su corazón al de Jesús.

6. Método de improvisación: “Ya veremos”, “Todo saldrá bien”… o peor aún: “Luego nos dirán lo que hay que hacer”.

Estamos conscientes que enseñar es una tarea difícil sobre todo cuando exige tiempo para preparar temas, exposiciones con frecuencia de tiempo, sabemos que se va a enseñar una hora o dos horas y que va a requerir quizá hasta 6 o 7 horas de preparación, por lo tanto es necesario que se busque el mejor método para preparar sus temas, el lugar y espacio, tener la fuente de consulta cercas y lo más importante auxiliarse alguien que pueda con sus consejos encontrar el método eficiente para preparar los temas, generándose en el un catequista responsable, prudente y calculador en las actividades de Dios, improvisar puede que te salga bien una dos o quizá 3 veces, pero después te cobrará la factura, vas a caer en errores bastantes fuertes, en contradicciones y tal vez en ridículo con los demás, improvisar corre el riesgo de hacer de ti un mal catequista quién a base de habito se olvido de preparar sus temas como debe de ser.
Es bueno saber que la Iglesia cuenta contigo para enseñar al pueblo, orar mucho a Dios para que el don se perfeccione para su gloria y el que da todo sin echar en cara nada puede conceder lo que le pida en nombre de nuestro Señor Cristo Jesús catequista del pueblo por excelencia.





Su vida espiritual reflejada a los demás.



El catequista, persona de Espíritu. Su vida espiritual reflejada a los demás.

Cierto Maestro de catequesis bíblica dijo tras vivir una experiencia difícil en su vida después de perder a su esposa:
 “Ustedes van a ganar más muchachos pues me dedicare a estar más tiempo ante el sagrario”; es una realidad que muchas veces el catequista no ha concientizado, no ha tomado conciencia de su estado de vida que debe guardar ante el fundamental papel que juega al ser trasmisor de fe.
Una gran cantidad de errores de formación tienen los catequistas, pero el que más afecta es su vida espiritual, el estar alejados del camino del Espíritu y de la oración aun sabiéndolo pues no es falta de conocimiento el que todo maestro debe de tener un contacto más intimo con el Espíritu sino más bien, no es consciente de la gran responsabilidad de la que se ha comprometido.
Si de por sí, el catequista laico es cuestionado por su formación y todavía con estos problemas de identidad de forma o estilo que debe de llevar quién es elegido para trasmitir el conocimiento de Dios, agrégale la falta de sacramentos, la verdad es una enseñanza hueca que sólo se ha concentrado en el conocimiento soso, pero sin Espíritu, la fe es mayor cuando es asistido por el paráclito, la fuerza y fe brotan y su enseñanza es diferente a otros que no han llegado a esa experiencia espiritual, aunque la enseñen en los sacramentos de la iniciación cristiana.

El catequista, persona de Espíritu.

Una mirada de fe sobre la situación actual
Lo primero que salta a la vista, observando al mundo de hoy, es la contradicción existente entre los que tratan de adueñarse del mundo mediante artilugios de poder, de violencia y del uso de los bienes en beneficio propio frente al creciente deseo de participación en todos los campos: un progresivo dominio del hombre sobre la naturaleza; una participación cada vez más activa en la historia; un notable incremento participativo en la vida política y una búsqueda solidaria para encarar la preocupación social con verdadero respeto por la dignidad de la persona.
A pesar de los progresos, existen aún factores que dificultan la participación, impidiendo llegar a un pleno crecimiento humano. La mentalidad secularista, los “nuevos modelos” y el excesivo consumismo, llevan a muchos hombres y mujeres a un sometimiento cruel que los aleja del ideal de la vida que se podría alcanzar.
Se necesita mirar la situación social desde la óptica de la fe. Y, todos jugamos un papel relevante, tanto en lo personal como en lo comunitario.
Tenemos una misión que consiste “en transformar progresivamente al mundo mediante el amor que viene de Dios a través de la fe en Cristo” y el deber de testimoniar delante de toda la comunidad que existe un camino posible de fraternidad inspirada en el Evangelio.
Los creyentes realizaremos esa misión según las propias dotes, los carismas, los ministerios y las situaciones que nos ponen en contacto directo con las realidades temporales.
Esta es la “especificidad” de nuestra misión en relación directa con el mundo. En esta sociedad secularizada, tecnificada y cada vez más compleja, debemos dar testimonio de Cristo en una acción cotidiana impregnada de fe, de esperanza y de verdadero amor por los demás.
Sentirnos responsables del mundo y ser misericordiosos como el Padre; luchar por una sociedad mejor y vivir la vida con coherencia como la vivió Jesús; salir de nosotros para anunciar el Reino y vivir los dones del espíritu con intensidad.

Animados por el Espíritu

A pesar de la constante reflexión de la Iglesia, comunidad de creyentes y de la madurez que hemos adquirido como Pueblo de Dios peregrino a lo largo de la historia, el Espíritu Santo sigue siendo , para muchos, ese gran desconocido que sólo se recuerda muy de vez en cuando.
Sin embargo, no sólo tenemos que reconocer que su presencia es muy fuerte, sino que nos corresponde darnos cuenta que, justamente el Espíritu Santo es la manera tangible y vivencial. Deberíamos descubrir que, más allá de los símbolos con que lo reconocemos (la imagen de la paloma, el fuego, el viento fuerte) y de sus nombres (el Consolador, el Paráclito, el Abogado…) hay una persona tan real como el Padre y el Hijo, que nos espera para establecer un vínculo de amor íntimo y especial que se hace pleno en la vida de la gracia y de la armonía con Dios.
Revivificar la acción de sus dones es un hermoso camino hacia un compromiso cristiano cada vez mayor y es la forma que tenemos para reconocer y sentir su presencia entre nosotros. Sabiduría, entendimiento, fortaleza, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios son un tesoro interior que debemos buscar en nuestra vida porque es como una antorcha que arde sin descanso aunque pocas veces seamos plenamente conscientes de ello.
La acción del Espíritu está presente en los grandes momentos que marcaron nuestro proceso de crecimiento en la fe. Lo recibimos por primera vez en el Bautismo y por Él nos integramos a la familia de la Iglesia, con la plenitud de los hijos de Dios y recibiendo el perdón de nuestro pecado original, esa tendencia humana a la comodidad, a la soberbia y al egoísmo.
También lo recibimos en el sacramento de la Confirmación, cuando decidimos por nosotros mismos asumir el compromiso de “ser de Cristo”.
Se hace presente en forma especial en cada Reconciliación, cuando el sacerdote, ministro de Jesús que perdona nuestros pecados en Su nombre, nos absuelve.
Y, fundamentalmente, nuestro buen Dios se hace Espíritu de Amor para acompañarnos de cerca cada vez que lo invocamos en cada gesto de solidaridad, en cada palabra dicha a tiempo, en cada silencio paciente y en la oración, momento privilegiado de comunicación y puente entre el hombre y lo trascendente.
El Espíritu Santo está. Es una presencia cercana de Dios para animarnos “desde adentro” y no podemos cerrar los ojos a tan maravillosa realidad.

Abiertos al Espíritu

Plantearse un acercamiento a la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, es de vital importancia para el catequista de hoy.
No es una reglamentación para cumplir. No es una práctica de piedad que se debe hacer por obligación. No es un precepto encomendado por la Iglesia. Es una actitud vital de encuentro.
El catequista no puede vivir sin este contacto y esa comunicación con Dios. Y el Espíritu Santo es la presencia actual de Dios entre nosotros. Nuestra fe tiene su centro en Jesucristo, Dios que se hizo hombre para salvarnos y devolver a la humanidad la relación quebrada por el pecado; es el mismo Cristo quien nos prometió el Espíritu Santo y nos regaló su presencia.

Es el Espíritu Santo quien nos lleva a Jesús y Jesús quien nos lleva al Padre.

Dios Padre, en su querer acercarse al hombre envía a su Hijo. Jesús es Dios compartiendo codo a codo con la humanidad. Es la voz, la palabra y el rostro visible del Padre. Él mismo lo dice: “Quien me ve a mí, ve al Padre”.
Cuando Jesús cumple su etapa en el mundo, envía al Espíritu Santo. Quien percibe, ve, oye y siente al Espíritu, percibe, ve, oye y siente a Jesús. El Espíritu Santo es para el hombre de hoy una presencia tan concreta como lo era Jesús para los apóstoles y discípulos que compartieron su vida.
Nuestro camino para llegar a Jesús es el Espíritu Santo tal como Jesús es camino, verdad y vida para llegar al Padre. Por el Espíritu vamos a Jesús y por Jesús al Padre. El Espíritu Santo es quien nos permite comprender el mensaje del Evangelio. “Él les explicará todo lo que yo les he dicho”.
La esencia del Espíritu Santo es ser don, regalo, gracia que Dios da al hombre. Es el mismo Dios que se da al hombre en la plenitud de su esencia divina.
Por todo esto, podemos decir que la necesidad de estar abiertos a la acción del Espíritu Santo es algo común a todos los creyentes. No es un estilo o una modalidad de vivir la fe.
No es una inclinación propia de algunos grupos de Iglesia. Es un rasgo común a todos.
Debemos reconocer que en los dos milenios de cristianismo se ha predicado poco acerca de esto, pero es hora de que tomemos conciencia de ese aspecto del mensaje de Jesús.
No es una mirada nueva a la vida de fe sino un reconocer aspectos concretos del mensaje de Cristo que han quedado un poco olvidados o postergados. Es tomar conciencia plena de las palabras que se expresan a lo largo de toda la Biblia que nos muestran la acción del Espíritu de manera cercana y en permanente comunicación con la humanidad.





¿Que dice la Biblia sobre la muerte?


Hola amigos, hoy hablaremos de la muerte,una instancia que muchos de nosotros teme...esto es normal ,hasta jesus sintió miedo cuando se aproximaba su muerte ...en estos momentos es cuando debemos permanecer fortalecidos para enfrentar la muerte de un familiar...tener la conviccion que nos encontraremos en Dios todos para vivir eternamente..
Al vivir esta experiencia, perder a un ser querido es algo muy doloroso, a pesar de saber y creer en la vida eterna de Dios ....pues el hecho de no verlos más nos atormenta durante un largo periodo .., pero hay que tener fuerza y fé ...
A todos aquellos que han perdido algun ser querido les deseo que se abandonen en Dios para soportar esta perdida, sé muy bien el dolor que provoca todo este proceso, el cerrar los ojos y recordar cada detalle hermoso vivido con ese ser que partió ....es bastante especial tener todo esos recuerdos que llegan a tu mente sin siquiera quererlo muchas veces ....todo esto es parte del proceso.
Por eso amigos debemos confiar en el Dios de la vida, a ellos hoy encomendamos, a todos aquellos que partieron.
Ayuda Dios mío a todos sus familiares.
Dales paz y resignación AMEN.
La Biblia habla de la muerte como un sueño, se refiere a resurrecciones, el alma y el espíritu en la muerte, y la inmortalidad.

UN SUEÑO: En Juan 11:11-14 Jesús compara la muerte con un sueño.

“Dicho esto, les dijo después:
 Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.

 Dijeron entonces sus discípulos:
Señor, si duerme, sanará.

Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.

Entonces Jesús les dijo claramente:
Lázaro ha muerto”.

La Biblia compara la muerte con un sueño más de 50 veces.

Se nos dice en 1º Tesalonicenses 4:15-16 que aquellos que duermen en Jesús resucitarán en su Segunda Venida.
“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.
Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.”

RESURRECCIONES:
Hay dos resurrecciones, una para vida y otra para condenación (muerte) eterna.
Juan 5:28-29 dice, “No os maravilléis de esto; porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.”

Génesis 2:7 registra la creación del hombre en el principio.
“Entonces Yavé Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”.
Dios no puso un alma dentro de un hombre.
Es como una ecuación:
Polvo + Aliento de vida = Ser Viviente.
Si tú estuvieras por hacer una caja de madera podrías decir:
tablas + clavos = caja de madera.
Tomas un par de tablas de madera y clavos, los ensamblas y obtienes la caja.
Si tomas los elementos por separado, quitando los clavos de las tablas, y colocas los clavos en un montón y las tablas en una pila, ¿qué sucede con la caja?
Simplemente deja de ser una caja hasta que la vuelvas a armar y clavar.
Así es como funciona la muerte.
Quitas el aliento, esa chispa de vida que proviene de Dios y el cuerpo vuelve al polvo (o a veces a las cenizas, en caso de cremación). ¿Qué sucede con el alma?
Simplemente deja de ser hasta que Dios venga en la resurrección y coloque los elementos todos juntos nuevamente.
En ese momento el polvo y el aliento de vida son reunidos y entonces tienes una vida, una persona viviente o un alma viviente nuevamente.

El intervalo entre la muerte y la resurrección está descrito en la Biblia como un “sueño.” No hay conciencia de lo que está pasando, o del tiempo que pasa, etc. Morir es como ir a dormir y tu próximo pensamiento consciente – que parecerá como el próximo momento – es cuando Dios te resucita y te da tu vida de vuelta.

ALMA Y ESPÍRITU EN LA MUERTE:
Eclesiastés 12:7 dice que el cuerpo vuelve al polvo y el espíritu (o aliento de vida) vuelve a Dios. Job 27:3 nos dice que el espíritu es lo mismo que el hálito de vida de Dios o su poder.

Salmos 146:4 dice, “Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos”.
 Los muertos no alaban a Dios, Salmos 115:17. Los muertos nada saben, Eclesiastés 9:5, “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tiene más paga; porque su memoria es puesta en olvido.”

INMORTALIDAD:
Los seres humanos no tienen inmortalidad, sólo Dios (ver 1º Timoteo 6:16).
Recibiremos inmortalidad cuando Jesús vuelva (ver 1º Corintios 15:51-54).
Cuando Jesús vuelva su recompensa de vida eterna vendrá con él (ver Apocalipsis 22:12).

La Biblia dice que el cielo es un lugar real en Juan 14:1-3, “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

Dios nos dará gloriosos cuerpos inmortales. Lee Filipenses 3:21 y 1º Corintios 15:51-54.
Todas las deformidades físicas serán curadas (los ojos de los ciegos serán abiertos, los oídos de los sordos serán abiertos y el lisiado, sanado). Lee también Isaías 35:3-6. Construirán casas y habitarán en ellas. Plantarán viñas y comerán de su fruto (Isaías 65:21-23). El lobo y el cordero morarán juntos. El Nuevo Reino de Dios será de tranquila paz (Isaías 65:25). Compartiremos con Abraham, Isaac, Jacob (Mateo 8:11).

Dios mismo estará con nosotros y será nuestro Dios (Apocalipsis 21:3). Nosotros serviremos con todo amor a nuestro Dios por siempre y gozaremos de la más estrecha relación con Él (Apocalipsis 22:3-4).


¿QUÉ ES LA CONFIRMACIÓN?

CURSO DE PREPARACIÓN PARA EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN: 8 y 9 tema  Sacramento del bautismo.

- Cuando naces recibes el BAUTISMO, pero eres tan pequeño que realmente no entiendes lo que está pasando.

Con el sacramento de la CONFIRMACIÓN, LA PERSONA ACEPTA VOLUNTARIAMENTE LA FE DE CRISTO.
Esto significa que, cuando eres mayor y recibes la Confirmación, aceptas ser católico.

CONFIRMACIÓN

- La CONFIRMACIÓN es el sacramento en el que DIOS TE DA SU ESPÍRITU SANTO.

¿ CUÁNDO EMPEZÓ LACONFIRMACIÓN?


- Te contaremos la historia:
Cincuenta días después de que Cristo murió y resucitó, estaban reunidos los 11 apóstoles. Todos tenían mucho miedo. Entonces bajó sobre ellos el ESPÍRITU SANTO de Dios en forma de lenguas de fuego. En ese momento su debilidad y miedo se convirtieron en fuerzas sobrehumanas para ir a enseñar y a defender delante de todos, lo que Cristo les había enseñado.
- Este día se llamó ¨PENTECOSTÉS¨.
- Después la Biblia, en una parte que se llama los Hechos de los Apóstoles, nos cuenta que ellos IMPONÍAN (les ponían en la cabeza) las manos a otros hombres para que recibieran el ESPÍRITU SANTO. Así fueron las primeras confirmaciones.

¿ QUÉ PASA CUANDO NOS CONFIRMAN ?


- Dijimos que en la CONFIRMACIÓN, DIOS NOS DA SU ESPÍRITU SANTO.
¿Y qué pasa cuando recibimos al Espíritu Santo?
1) CRECEN NUESTRAS FUERZAS ESPIRITUALES.
Igual que les pasó a los apóstoles, se hace más fuerte nuestra fe. El sacramento de la confirmación es como un PENTECOSTÉS para cada uno de los bautizados.
2) NOS HACEMOS SOLDADOS DE CRISTO
Esto no significa que luchemos o matemos por Cristo. Jesús no nos enseñó la violencia.
Ser soldado de Cristo significa que:
a) Somos leales a Cristo nuestro Rey, enseñamos sin miedo a todos, que somos católicos.
b) Le defendemos cuando alguien habla mal de Él o de su religión.
c) Le servimos, tratando de extender su reino de amor entre los hombres

3) NOS UNIMOS MÁS A CRISTO Y A LA IGLESIA:
Porque por nuestra propia voluntad decidimos formar parte de ella.

¿ CÓMO SE HACE LA CONFIRMACIÓN ?


- La CONFIRMACIÓN debe hacerla el SEÑOR OBISPO o un delegado suyo (alguien a quien él le da permiso especial para hacerlo).
Sólo en caso de que haya peligro de muerte puede confirmar cualquier sacerdote
- El Obispo unta el SANTO CRISMA en forma de cruz en la frente de la persona. El santo crisma es un aceite especial que el Obispo bendice cada año en la misa del Jueves Santo.
- Después el Obispo le IMPONE LAS MANOS, y le dice:
¨RECIBE POR ESTA SEÑAL
EL DON DEL ESPÍRITU SANTO ¨
- La CONFIRMACIÓN termina con un pequeño golpe en la mejilla. Esto posiblemente se debe a que antiguamente, cuando a un hombre lo hacían caballero o soldado, le hacían esto en la ceremonia.
- La CRUZ que se hace sobre la frente es un símbolo poderoso si se entiende de verdad.
¿Vivo todos los días como si llevara una cruz de mi Rey Cristo marcada en la frente ?
Entonces pensemos:

¿ QUÉ NOS EXIGE EL ESTAR CONFIRMADOS ?


- Al recibir la confirmación nos obligamos a:
1) Tratar de tener una BUENA CULTURA RELIGIOSA, para poder defender la fe contra sus enemigos. Uno de los fines de estos folletos que te enviamos cada mes es que conozcas y estudies sobre tu fe católica. No los leas sólo una vez, estúdialos y apréndete las cosas de tu religión, para que cuando alguien te pregunte sepas cómo contestar. Guárdalos y colecciónalos.
2) A que, cuando hables de tu religión católica, no te importe lo que opinan otros de ti.
Recuerda, somos soldados valientes de Cristo.
3) A hacer APOSTOLADO, esto es trabajar para ayudar a los otras personas en sus necesidades humanas y a que conozcan a Cristo y todas sus enseñanzas.
4) A tratar de VIVIR EN GRACIA, esto es, vivir sin pecado en nuestra alma.


1) ¿Qué se necesita para poder confirmarse?


Para confirmarse se necesita:
Tener uso de razón, esto es, tener edad suficiente para pensar y decidir.
Profesar la fe católica y estar bautizado.
Querer recibir el sacramento.
Estar en gracia, es decir, no tener pecado alguno.
Estar preparado para ser testigo de Cristo.


2) ¿Hay PADRINOS en la Confirmación ?


Sí, hay un padrino si el que se confirma es hombre o una madrina si la que se confirma es mujer. El padrino debe ser un católico que viva como tal y que ya esté confirmado. El padrino debe hacer cuanto pueda para que su ahijado lleve una vida católica plena.

El Espiritu Santo nos regala 7 dones,estos son:
Sabiduria , Entendimiento,Consejo ,Fortaleza,iencia ,Piedad y Temor de Dios.

Ven, Espiritu de Amor e Ilumina Nuestras Vidas!

 

***El Espíritu Santo y la vida cristiana***

A partir del Bautismo, el Espíritu divino habita en el cristiano como en su templo (Cf. Rom 8,9.11;
1Cor 3,16; Rom 8,9). Gracias a la fuerza del Espíritu que habita en nosotros, el Padre y el Hijo vienen también a habitar en cada uno de nosotros.

El don del Espíritu Santo es el que:

  • nos eleva y asimila a Dios en nuestro ser y en nuestro obrar;

  • nos permite conocerlo y amarlo;

  • hace que nos abramos a las divinas personas y que se queden en nosotros.

La vida del cristiano es una existencia espiritual, una vida animada y guiada por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la caridad. Gracias al Espíritu Santo y guiado por Él, el cristiano tiene la fuerza necesaria para luchar contra todo lo que se opone a la voluntad de Dios. (Cf. Gal 5,13-18; Rom 8,5-17).

Para que el cristiano pueda luchar, el Espíritu Santo le regala sus siete dones, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu, estos dones son:

  •   Sabiduría: nos comunica el gusto por las cosas de Dios. 
  • Ciencia: nos enseña a darle a las cosas terrenas su verdadero valor.
  •  Consejo: nos ayuda a resolver con criterios cristianos los conflictos de la vida.
  •  Piedad: nos enseña a relacionarnos con Dios como nuestro Padre y con nuestros hermanos. 
  • Temor de Dios: nos impulsa a apartarnos de cualquier cosa que pueda ofender a Dios.
  • Entendimiento: nos da un conocimiento más profundo de las verdades de la fe.
  • Fortaleza: despierta en nosotros la audacia que nos impulsa al apostolado y nos ayuda a superar el miedo de defender los derechos de Dios y de los demás.
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Los símbolos del Espíritu Santo

Al Espíritu Santo se le representa de diferentes formas:

  • El Agua: El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que el agua se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento.

  • La Unción: Simboliza la fuerza. La unción con el óleo es sinónima del Espíritu Santo. En el sacramento de la Confirmación se unge al confirmado para prepararlo a ser testigo de Cristo.

  • El Fuego: Simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu.

  • La Nube y la Luz: Símbolos inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Así desciende sobre la Virgen María para “cubrirla con su sombra”. En el Monte Tabor, en la Transfiguración, el día de la Ascensión; aparece una sombra y una nube.

  • El Sello: Es un símbolo cercano al de la unción. Indica el carácter indeleble de la unción del Espíritu en los sacramentos y hablan de la consagración del cristiano.

  • La Mano: Mediante la imposición de manos los Apóstoles y ahora los Obispos, trasmiten el “don del Espíritu”.

  • La Paloma: En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre Él.

  • h-spirit 

***ORACION PARA PEDIR LOS DONES

DEL ESPIRITU SANTO***

Envía Padre los dones del Espíritu Santo
Eterno Padre, en nombre de Jesucristo
y por la intercesión de la Siempre Virgen María,
envía a mi corazón al Espíritu Santo.

Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Sabiduría.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Entendimiento.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Consejo.
Ven, Espíritu Santo, y dame el don de fortaleza.
 Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Ciencia.
 Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Piedad.
    Ven, Espíritu Santo, y dame el don del Santo Temor de Dios.



esto

¿Quién es el Espíritu Santo?

“Nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor! sino por influjo del Espíritu Santo” (1Co 12,3) Muchas veces hemos escuchado hablar de Él; muchas veces quizá también lo hemos mencionado y lo hemos invocado. Piensa cuántas veces has sentido su acción sobre ti: cuando sin saber cómo, soportas y superas una situación, una relación personal difícil y sales adelante, te reconcilias, toleras, aceptas, perdonas, amas y hasta haces algo por el otro…. Esa fuerza interior que no sabes de dónde sale, es nada menos que la acción del Espíritu Santo que, desde tu bautismo, habita dentro de ti.
El Espíritu Santo ha actuado durante toda la historia del hombre. En la Biblia se menciona desde el principio, aunque de manera velada. Y es Jesús quien lo presenta oficialmente:
“SI ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Defensor que permanecerá siempre con ustedes. Este es el Espíritu de Verdad…. En adelante el Espíritu Santo Defensor, que el Padre les enviará en mi nombre, les va a enseñar todas las cosas y les va a recordar todas mis palabras. … En verdad, les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Defensor no vendrá a ustedes. Pero si me voy se lo mandaré. Cuando él venga, rebatirá las mentiras del mundo…. Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora. Pero cuando Él venga, el Espíritu de la Verdad, los introducirá en la verdad total”.
Estos son fragmentos del Evangelio de San Juan, capítulos 14, 15 y 16. Si quieres saber más sobre las últimas promesas y más profundas revelaciones de Jesús, lee con atención y mucha fe, esta parte del evangelio.
Desde que éramos niños, en el catecismo aprendimos que “el Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad”. Es esta la más profunda de las verdades de fe: habiendo un solo Dios, existen en Él tres personas distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Verdad que Jesús nos ha revelado en su Evangelio.
El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación, pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. Jesús nos lo presenta y se refiere a Él no como una potencia impersonal, sino como una Persona diferente, con un obrar propio y un carácter personal .


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ORACION PARA IMPLORAR EL ESPIRITU SANTO

Divino Padre Eterno, en nombre de Jesucristo,
y por la intercesión de la Santísima Siempre Virgen María,
envía a mi corazón El Espíritu Santo.

Ven, Espíritu Santo, a mi corazón y santifícalo.
Ven, Padre de los pobres, y alíviame.
Ven, autor de todo bien, y constélame.
Ven, luz de las mentes e ilumíname.
Ven, dulce huésped de los corazones, y no te apartes de mí.
Ven, verdadero Refrigerio de mi vida, y renuévame.

Tres veces……….Gloria al Padre…….

Espíritu Santo, eterno Amor,
Ven a nosotros con tus ardores,
Ven, inflama nuestros corazones.



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“RECIBIRÉIS LA FUERZA DEL ESPÍRITU SANTO, Y VENDRÁ SOBRE VOSOTROS
 Y SERÉIS MIS TESTIGOS” (Hech. 1:8)

Historia:
La palabra Pentecostés viene del griego y significa el día quincuagésimo. A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34,22), esta fiesta en un principio fue agrícola, pero se convirtió después en recuerdo de la Alianza del Sinaí.
Al principio los cristianos no celebraban esta fiesta. Las primeras alusiones a su celebración se encuentran en escritos de San Irineo, Tertuliano y Orígenes, a fin del siglo II y principio del III. Ya en el siglo IV hay testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la Península Ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual.
Con el tiempo se le fue dando mayor importancia a este día, teniendo presente el acontecimiento histórico de la venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles (Cf. Hch 2). Gradualmente, se fue formando una fiesta, para la que se preparaban con ayuno y una vigilia solemne, algo parecido a la Pascua. Se utiliza el color rojo para el altar y las vestiduras del sacerdote; simboliza el fuego del Espíritu Santo.

Significado:  

Los cincuenta días pascuales y las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, forman una unidad. No son fiestas aisladas de acontecimientos ocurridos en el tiempo, son parte de un solo y único misterio.
Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del Espíritu Santo. La Iglesia sabe que nace en la Resurrección de Cristo, pero se confirma con la venida del Espíritu Santo. Es hasta entonces, que los Apóstoles acaban de comprender para qué fueron convocados por Jesús; para qué fueron preparados durante esos tres años de convivencia íntima con Él.
La Fiesta de Pentecostés es como el “aniversario” de la Iglesia. El Espíritu Santo desciende sobre aquella comunidad naciente y temerosa, infundiendo sobre ella sus siete dones, dándoles el valor necesario para anunciar la Buena Nueva de Jesús; para preservarlos en la verdad, como Jesús lo había prometido (Jn 14.15); para disponerlos a ser sus testigos; para ir, bautizar y enseñar a todas las naciones.
Es el mismo Espíritu Santo que, desde hace dos mil años hasta ahora, sigue descendiendo sobre quienes creemos que Cristo vino, murió y resucitó por nosotros; sobre quienes sabemos que somos parte y continuación de aquella pequeña comunidad ahora extendida por tantos lugares; sobre quienes sabemos que somos responsables de seguir extendiendo su Reino de Amor, Justicia, Verdad y Paz entre los hombres.


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Ven Espiritu Santo, y envia desde el cielo un rayo de luz.
Ven Padre de los pobres, ven a darnos tus Dones
Tú eres descanso en el trabajo, Ven a darnos tu Luz.
Consolador, lleno de bondad, dulce huesped del alma,
suave alivio de los hombres.
Tu eres descanso en los trabajos
templanza en las pasiones,
alegria en nuestro llanto.
Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas
riega nuestra aridez,
sana nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza,
elimina con tu calor nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles, que confían en ti,
tus siete dones sagrados.
Penetra nuestra virtud, salva nuestras almas,
danos la eterna alegría…
 


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~JESUS REGRESA AL PADRE PARA PREPARNOS UN LUGAR ~

Pero además, con Jesús en nuestro corazón, podremos llevar adelante la misión que, como a los Apóstoles, también a nosotros Jesús nos ha encargado. Esa misión consiste en anunciar a todos lo que encontramos en nuestro camino la salvación, es decir, el Cielo, que Jesús nos ha ganado. Y con el corazón lleno de Jesús, nuestro anuncio será creíble, porque no consistirá sólo en palabras, sino que serán primero y fundamentalmente hechos. Con el corazón lleno de Jesús podremos vivir encendidos en un amor que nos ponga al servicio de todos nuestros hermanos. Ese servicio de amor que se convierte en pequeños y grandes gestos de solidaridad fraterna, con los que nos comprometemos en la construcción del bien de nuestros hermanos, llenos de gratitud porque Jesús, abriéndonos las puertas del Cielo, nos ha salvado.


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Querida Virgen María, querida Mamita linda, a tus pies, contemplando tus bonitos ojos que transparentan a Dios, acudimos a ti llenos de confianza.Tu eres madre de todos, justos y pecadores. Por eso, imploramos tu protección y te ofrecemos nuestras buenas obras, nuestro rechazo al libertinaje y a la corrupción de costumbres. Quédate con nosotros, quédate en nuestro corazón. ¡Bendícenos Madre del Amor Hermoso, como sólo una madre lo sabe hacer!

~Mamita Linda~

La Virgen María es Madre de todos los hombres. Al pie de la Cruz estaba la Virgen María traspasada de un inmenso dolor viendo a su divino Hijo pendiente de la Cruz. Y Jesús, desde la Cruz, nos la entregó como Madre nuestra y nos hizo a todos los hombres hijos de María. Por eso María es Madre nuestra, para que cuide nuestras almas y pida a Jesucristo, su Hijo, nos lleve a todos los hombres al Cielo. Ella vela para librarnos del pecado y del infierno. Cuando invocamos a la Virgen en nuestras tentaciones, en nuestros peligros del alma y del cuerpo, en nuestras tribulaciones, ella desde el Cielo nos consigue innumerables gracias.

Para salir del pecado que con sus cadenas nos ata fuertemente el demonio, lo magnífico es acudir a la Virgen nuestra Madre.

San Bernardo indicaba: “En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. ¡Quién no esperará en Ti, si ayudas aun a los desesperados!”

Los medios mejores para amar a la Virgen son cumplir los mandamientos, consagrarse a Ella todos los días, rezar el santo Rosario y al acostarnos rezar las tres Avemarías.

Practica:
En las tentaciones, en las necesidades y tribulaciones, invocaré a María, es nuestra Madre. Ella siempre nos socorrerá.


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Confiar en Dios es ponernos en sus manos

Confiar en Dios requiere, de cada uno de nosotros, que nos pongamos en sus manos. Esta confianza en Dios, base de la conversión del corazón, requiere que auténticamente estemos dispuestos a soltarnos en Él.

Cada uno de nosotros, cuando busca convertir su corazón a Dios nuestro Señor y busca acercarse a Él, tiene que pasar por una etapa de espera. Esto puede ser para nuestra alma particularmente difícil, porque aunque en teoría estamos de acuerdo en que la santidad es obra de la gracia, en que la santidad es obra del Espíritu Santo sobre nuestra alma, tendríamos que llegar a ver si efectivamente en la práctica, en lo más hondo de nuestro corazón lo tenemos arraigado, si estamos auténticamente listos interiormente para soltarnos en confianza plena para decir: “Yo estoy listo Señor, confío en Ti”
Mientras yo no sea capaz de soltarme a Dios nuestro Señor, mi alma va a crecer, se va a desarrollar, pero siempre hasta un límite, en el cual de nuevo Dios se cruce en mi camino y me diga: “¡Qué bueno que has llegado aquí!, ahora tienes que confiar plenamente en mí”. Entonces, mi alma puede sentir miedo y puede echarse para atrás; puede caminar por otra ruta y volver a llegar por otro camino, y de nuevo va a acabar encontrándose con Dios nuestro Señor que le dice: “Ahora suéltate a Mí”; una y otra vez, una y otra vez.


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ORACION DE ABANDONO

Padre, en tus manos me pongo,
haz de mi lo que quieras.
Por todo lo que hagas de mi, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal de que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi alma entre Tus manos, te la doy, Dios mío,
con todo el ardor de mi corazón porque te amo,
y es para mi necesidad de amor el darme,
el entregarme entre tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.


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Queridos hermanos,Estamos muy cerca de la Gran Celebracion de Pentecostes, es decir la venida del Espiritu Santo. Y en estos dias que anteceden a esta gran fiesta podemos reflexionar un poco en que tanto permitimos al Espiritu Santo reinar en nuestras vidas, en que tanto nos dejamos guiar por este Espiritu de Amor que sabe muy dirigirnos si nosotros nos dejamos dirigir, pero que no puede actuar si nosotros no le damos esa oportunidad de llenarnos de su presencia en todos los instantes de nuestras vidas.Asi pues, tenemos unos dias para hacer una buena reflexion y pedirle a Dios que podamos ser sensibles a ese Espiritu de Amor que desea llevarnos siempre hacia nuestro destino verdadero y final que es vivir en gracia de Dios en todo momento.Que Nuestro Dios nos conceda abrir nuestros corazones a esta venida del Espiritu Santo para que podamos ser mejores hijos de Dios y vivir siempre haciendo la voluntad del Padre.

~OH, ESPIRITU SANTO~  

Santo Espíritu que procedes del Padre y del Hijo
Envíanos Padre el Espíritu Santo.
Regala a tus hijos sus dones, refuérzanos con el Paráclito.
Danos sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Padre Misericordioso que no dudaste en enviarnos a tu Hijo, no nos niegues ahora Tu Espíritu.
Padre reconciliador, te lo pedimos por los méritos de Tu Hijo Jesucristo; Amadísimo por Ti, qué te fue Obediente hasta la muerte y una muerte de Cruz.

Llénanos tambien con sus doce frutos.
Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Mansedumbre, Bondad, Benignidad, Longanimidad, Fe, Modestia, Templanza, Castidad.
 Padre Omnipotente, Dios Eterno, te Alabamos y te Bendecimos
Te damos gracias; Creador del Universo, Amen.

Esperemos muy pronto la Venida del Espiritu de Amor!


pentecostes

Cuando el Espíritu Santo se hace Presente en Nuestra Oracion
La existencia del Espíritu de Dios obra en nosotros orando con gemidos:“Abba,” “Padre, Papá.” Él nos ayuda a soportar los sufrimientos para que podamos pacientemente esperar la redención final de nuestros cuerpos cuando miraremos a Jesús “con gloria que vierte sobre nosotros” en Su venida.
Pablo no dice que el Espíritu Santo quita nuestras “debilidades,” sino que Él “nos ayuda.” “Vivimos nuestra vida completa en condiciones de debilidad.”Lo maravilloso, dice Leon Morris: “Lo que el Espíritu hace es ayudar; Él nos da el auxilio que necesitamos para vernos completamente.”
“El Espíritu de Dios no solo mantiene esta esperanza dentro de nosotros, sino que nos ayuda en nuestras actuales limitaciones.” Lo maravilloso son sus intercesiones por los santos que están en armonía con la voluntad de Dios.” Él viene a socorrernos en nuestras debilidades.
¿Cuál es el problema? Nosotros no sabemos que debemos pedir a Dios. ¿Cuál es su voluntad soberana para nosotros, nuestra familia, nuestro ministerio, etc.? A menudo no sabemos lo que necesitamos, tampoco sabemos lo que es mejor para nosotros.Cada Cristiano experimenta estas debilidades y esto es lo que hace que la oración sea difícil. ¿Acaso no ha experimentado usted en varias ocasiones que tan difícil es parar y orar en su ocupado tiempo y entonces cuando usted está en Su presencia en oración es tan dulce y maravilloso que no queremos dejar de orar? Su espíritu se opone a dejar el lugar sagrado. El Espíritu Santo nos ayuda en las debilidades. “Él intercede por nosotros con gemidos que las palabras no pueden expresar” (v. 26) El Espíritu Santo todo poderoso es nuestro auxilio. Él viene en nuestra ayuda para darnos acceso al Padre (Efesios 2:18).
El Espíritu Santo viene de lejos para ayudarnos en nuestras debilidades. Como estamos desesperados, él alivia nuestras cargas. Pablo hace énfasis en esto como un divino trabajo, no medio-divino y medio-humano.
Nosotros no sabemos que orar en medio de nuestros sufrimientos, con toda esa pesada carga entonces El viene y nos ayuda a soportarlas. El se identifica con nosotros en nuestras debilidades.
Nosotros no sabemos como o que orar en esos difíciles momentos de sufrimiento, pero El si porque él nos conoce íntimamente y él sabe perfectamente la voluntad de Dios, y nuestras debilidades. La oración cubre cada aspecto de nuestras necesidades, y nuestras debilidades son aclaradas no por nuestro conocimiento por cual oramos. Nosotros a menudo no tenemos la idea completa. Nosotros solo vemos la herida, el dolor, el sufrimiento, etc. El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda y hace intercesión.

maria-con-apostoles

Dios dador de Vida!
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Señor y Dador de vida


El amor que el Espíritu Divino infunde en nuestros corazones sella su acción con un doble dinamismo de permanencia y despliegue.
El dinamismo de permanencia se manifiesta en un amor que tiende a unificar y reconciliar las rupturas interiores. Hablamos de un amor que, infundido en el corazón humano, guarda señorío y soberanía sobre toda la persona. Nadie da lo que no tiene, y nadie puede entregarse en el amor si no se autoposee. Así nos enseña el Señor: «Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo»  . La generosidad del amor del Señor es proporcional a la intensidad de su autoposesión y señorío sobre sí mismo.
Por otro lado, bajo el suave influjo del Espíritu, pareciera que se afirma la propia identidad de quien lo experimenta. Lo vemos —incidiendo progresivamente en aspectos esenciales de la propia identidad— en la Anunciación-Encarnación y en la visitación a Isabel. En ambos casos María, bajo la sombra del poder del Altísimo, se define como la «sierva del Señor»

  , y en el segundo, Isabel, llena del Espíritu Santo, de manera implícita, anuncia a Dios como su Señor. En el pasaje de la Presentación de Jesús en el Templo, el anciano Simeón también manifiesta su condición de “siervo” de Dios . En el Bautismo del mismo Señor Jesús  desciende el Espíritu Santo a la vez que una voz celestial revela y afirma su identidad como Hijo de Dios: «Tú eres mi Hijo; yo hoy te he engendrado» .

El dinamismo de despliegue se hace palpable en un Amor que se comunica y da la vida. Es el dinamismo presente en el Génesis —en el que se dice que el Espíritu de Dios «aleteaba por encima de las aguas»  — y que crea el universo entero. Es el mismo Espíritu de Amor que desciende sobre María y la cubre con el poder del Altísimo  para dar inicio a la nueva creación, a la nueva vida de gracia que nos trae el Reconciliador. Este dinamismo se evidencia en la experiencia vital. Quien ama se llena de vida y, si su amor es auténtico, se desborda en una fuerza incontenible que se manifiesta en un anhelo de amar cada vez más. De hecho el apostolado es expresión de ese amor de sobreabundancia que lleva a desplegar las propias capacidades.
Por ello el Espíritu, que es comunicación y encuentro, es fuerza fecunda que genera vida y lleva a la plena realización humana. El corazón que es dócil a las mociones del Espíritu encuentra un amor capaz de resonar y prolongarse por generaciones de generaciones a toda la humanidad, al igual que el de la Madre.

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