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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

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Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

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Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

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No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

jueves, 2 de abril de 2020

Presentada la Exhortación Apostólica «Cristo Vive» del Papa Francisco, dedicada a los jóvenes. Jueves, 2 - Abril - 2019. Octubre - 2018

 "Ventana abierta"

P. José Luis Miguel González 

Sacerdote católico y agustino (OSA)

Presentada la Exhortación Apostólica «Cristo Vive» dedicada a los jóvenes


Publicamos un extenso resumen de la Exhortación Apostólica de Papa Francisco, fruto del Sínodo de los Jóvenes celebrado en Roma, en octubre de 2018.

Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo!

Así comienza la Exhortación Apostólica Postsinodal «Christus vuvit» del Papa Francisco, firmada el lunes 25 de marzo en la Santa Casa de Loreto y dirigida «a los jóvenes y a todo el puebo de Dios», En el documento, compuesto por nueve capítulos divididosen 299 párrafos, el Santo Padre explica que se dejó «inspirar por la riqueza de las reflexiones y diálogos del Sínodo» de los jóvenes, celebrado en el Vaticano en octubre de 2018.

Capítulo I: “¿Qué dice la Palabra de Dios sobre los jóvenes?”

Francisco recuerda que “en una época en que los jóvenes contaban poco, algunos textos muestran que Dios mira con otros ojos” y presenta brevemente figuras de jóvenes del Antiguo Testamento: José, Gedeón, Samuel, el rey David, Salomón y Jeremías, la joven sierva hebrea de Naamán y la joven Rut. Luego pasamos al Nuevo Testamento.

El Papa explica además que “Jesús, el eternamente joven, quiere darnos un corazón siempre joven” y añade: “Notamos que a Jesús no le gustaba que los adultos miraran con desprecio a los más jóvenes o los mantuvieran a su servicio de manera despótica. Al contrario, preguntaba: “El que es mayor entre vosotros, se hace como el más joven” (Lc 22,26). Para él, la edad no establecía privilegios, y que alguien fuera más joven no significaba que valiera menos. En este contexto, Francisco afirma: “No hay que arrepentirse de gastar la propia juventud en ser buenos, en abrir el corazón al Señor, en vivir de otra manera”.

Capítulo II: “Jesucristo siempre joven”

Asimismo, el Sucesor de Pedro aborda el tema de los años de juventud de Jesús y recuerda la historia evangélica que describe al Nazareno “en su adolescencia, cuando regresó con sus padres a Nazaret, después de que lo perdieron y lo encontraron en el Templo”. No debemos pensar, escribe Francisco, que “Jesús era un adolescente solitario o un joven que pensaba en sí mismo. Su relación con la gente era la de un joven que compartía la vida de una familia bien integrada en el pueblo”, “nadie lo consideraba extraño o separado de los demás”.

El Papa señala que el adolescente Jesús, “gracias a la confianza de sus padres… se mueve libremente y aprende a caminar con todos los demás”. Estos aspectos de la vida de Jesús, no deben ser ignorados en la pastoral juvenil, “para no crear proyectos que aíslen a los jóvenes de la familia y del mundo, o que los conviertan en una minoría seleccionada y preservada de todo contagio”. En cambio, se necesitan “proyectos que los fortalezcan, los acompañen y los proyecten hacia el encuentro con los demás, el servicio generoso y la misión”.

«Jesús no les ilumina a ustedes jóvenes, desde lejos o desde fuera, sino desde su propia juventud, que comparte con ustedes y en él se reconocen muchos aspectos típicos de los corazones jóvenes», argumenta el Pontífice: «Cerca de Él podemos beber de la verdadera fuente, que mantiene vivos nuestros sueños, nuestros planes, nuestros grandes ideales, y que nos lanza al anuncio de una vida digna de ser vivida”.

El Santo Padre vuelve entonces a una de sus enseñanzas más queridas y explica que la figura de Jesús debe ser presentada “de una manera atractiva y eficaz”, dijo: “Por eso, la Iglesia no debe estar demasiado concentrada en sí misma, sino que debe reflejar sobre todo a Jesucristo. Esto significa que debe reconocer humildemente que algunas cosas concretas deben cambiar”.

Capítulo III: “Tú eres el  ahora de Dios”

No podemos limitarnos a decir, -continúa explicando Francisco-, que “los jóvenes son el futuro del mundo: son el presente, lo enriquecen con su aportación”. Por eso es necesario escucharlos, aunque “a veces prevalece la tendencia a dar respuestas preenvasadas y recetas preparadas, sin dejar que las preguntas de los jóvenes surjan en su novedad y capten su provocación”.

“Hoy los adultos corremos el riesgo de hacer una lista de desastres, de defectos en la juventud de nuestro tiempo… ¿Cuál sería el resultado de esta actitud? Una distancia cada vez mayor. Quien está llamado a ser padre, pastor y guía juvenil debe tener la capacidad de identificar caminos donde otros sólo ven muros, es saber reconocer posibilidades donde otros sólo ven peligros. Esta es la mirada de Dios Padre, capaz de valorar y alimentar las semillas del bien sembradas en los corazones de los jóvenes. Por lo tanto, el corazón de cada joven debe ser considerado tierra sagrada”, asevera el Papa invitando también a no generalizar, porque “hay una pluralidad de mundos juveniles”.

Refiriéndose a “los deseos, las heridas y los descubrimientos”, Francisco habla de la sexualidad: “En un mundo que sólo hace hincapié en la sexualidad, es difícil mantener una buena relación con el propio cuerpo y vivir en paz las relaciones afectivas. También por esta razón la moralidad sexual es a menudo la causa de incomprensión y alejamiento de la Iglesia percibida como un espacio para el juicio y la condena, a pesar de que hay jóvenes que quieren discutir estos temas. Ante el desarrollo de la ciencia, de las tecnologías biomédicas y de las neurociencias, el Papa recuerda que pueden hacernos olvidar que la vida es un don, que somos seres creados y limitados, que podemos ser fácilmente explotados por los que tienen el poder tecnológico”.

La exhortación se centra entonces en el tema del “entorno digital”, que ha creado “una nueva forma de comunicación” y que “puede facilitar la circulación de información independiente”. En muchos países, la web y las redes sociales son “ya un lugar indispensable para llegar e implicar a los jóvenes”. Pero “es también un territorio de soledad, manipulación, explotación y violencia, hasta el caso extremo de la red oscura. Los medios digitales pueden exponerlos al riesgo de adicción, aislamiento y pérdida progresiva de contacto con la realidad concreta.

El Obispo de Roma presenta a continuación “los migrantes como paradigma de nuestro tiempo”, y recuerda a los muchos jóvenes que participan en la migración. “La preocupación de la Iglesia concierne en particular a quienes huyen de la guerra, de la violencia, de la persecución política o religiosa, de las catástrofes naturales debidas también al cambio climático y a la extrema pobreza: los jóvenes están en busca de una oportunidad, sueño de un futuro mejor».

Por otra parte, el Papa habló de los abusos contra los niños e hizo suyo el compromiso del Sínodo de adoptar medidas rigurosas de prevención y expresó su gratitud “a quienes tienen el valor de denunciar el mal que han sufrido”. El Pontífice recuerda que, “gracias a Dios,” los sacerdotes que han sido culpables de estos horribles crímenes no son la mayoría, sino que ésta, está formada por aquellos que ejercen un ministerio fiel y generoso”.

Sin embargo, el abuso no es el único pecado en la Iglesia. “Nuestros pecados están ante los ojos de todos, se reflejan sin piedad en las arrugas del rostro milenario de nuestra Madre”, pero la Iglesia no recurre a ninguna cirugía estética, “no tiene miedo de mostrar los pecados de sus miembros”. “Recordemos, sin embargo, que no abandonamos a la Madre cuando está herida”. Este momento oscuro, con la ayuda de los jóvenes, “puede ser realmente una oportunidad para una reforma de importancia de época, para abrirse a un nuevo Pentecostés”.

Capítulo IV: “El gran anuncio para todos los jóvenes”

El Papa anuncia a todos los jóvenes tres grandes verdades. La primera: “Dios que es amor” y por tanto “Dios te ama, no lo dudes nunca”.

La segunda verdad es que “Cristo te salva”. “Nunca olvides que Él perdona setenta veces siete. Vuelve a llevarnos sobre sus hombros una y otra vez”. Jesús nos ama y nos salva porque “sólo lo que amamos puede salvarse; sólo lo que abrazamos puede ser transformado».

La tercera verdad es que “¡Él vive! “Debemos recordar esto porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Esto no nos haría ningún bien, nos dejaría como antes, no nos liberaría”. «Si Él vive, esto es una garantía de que el bien puede entrar en nuestras vidas. Entonces podemos dejar de quejarnos y mirar hacia adelante, porque con Él siempre podemos mirar hacia adelante”.

Capítulo V: “Los caminos de la juventud”

“El amor de Dios y nuestra relación con el Cristo vivo no nos impiden soñar, no nos piden que estrechemos nuestros horizontes. Al contrario, este amor nos estimula, nos estimula, nos proyecta hacia una vida mejor y más bella”, subraya el Papa en este capítulo.

Francisco invita a los jóvenes a no observar la vida desde el balcón, a no pasar la vida frente a una pantalla, a no ser reducidos a vehículos abandonados y a no mirar al mundo como turistas: “¡Deja que te escuchen! ¡Aleja los miedos que te paralizan! ¡vive!; escribe alentándolos a “vivir el presente” disfrutando con gratitud de cada pequeño don de la vida sin “ser insaciables” y “obsesionados con los placeres sin límite”.

Y por ello, el Santo Padre propone a los jóvenes que vayan más allá de los grupos de amigos y construyan la amistad social, buscando el bien común.

«La enemistad social destruye. Y una familia es destruida por la enemistad. Una aldea es destruida por la enemistad. El mundo es destruido por la enemistad. Y la mayor enemistad es la guerra. Hoy vemos que el mundo está siendo destruido por la guerra. Porque somos incapaces de sentarnos y hablar. Los jóvenes están llamados a ser misioneros valientes, testimoniando en todas partes el Evangelio con su propia vida, lo que no significa hablar de la verdad, sino vivirla”.

Capítulo VI: “Jóvenes con raíces”

Igualmente, Francisco reconoce que le duele “ver que algunos proponen a los jóvenes construir un futuro sin raíces, como si el mundo empezara ahora”. Si alguien “te hace una propuesta y te dice que ignores la historia, que no atesores la experiencia de los ancianos, que desprecies todo lo que ha pasado y que mires sólo hacia el futuro que te ofrece, ¿no es ésta una forma fácil de atraerte con su propuesta de hacerte hacer solo lo que él te dice? Esa persona necesita que estés vacío, desarraigado, desconfiado de todo, para que puedas confiar sólo en sus promesas y someterte a sus planes. Así funcionan las ideologías de colores diferentes, que destruyen (o de-construyen) todo lo que es diferente y de esta manera pueden dominar sin oposición”.

Los manipuladores utilizan también la adoración de la juventud: “El cuerpo joven se convierte en el símbolo de este nuevo culto, por lo que todo lo que tiene que ver con ese cuerpo es idolatrado y deseado sin límites, y lo que no es joven se mira con desprecio. Pero esta es un arma que acaba degradando en primer lugar a los jóvenes”.

“Hoy se promueve una espiritualidad sin Dios, una afectividad sin comunidad y sin compromiso con los que sufren, un miedo a los pobres vistos como seres peligrosos, y una serie de ofertas que pretenden hacerles creer en un futuro paradisíaco que siempre se postergará para más adelante”, escribe Francisco exhortando a los jóvenes a no dejarse dominar por esta ideología que conduce a “auténticas formas de colonización cultural” que erradica a los jóvenes de las afiliaciones culturales y religiosas de las que proceden y tiende a homogeneizarlos transformándolos en “sujetos manipulables en serie”.

Lo fundamental es “tu relación con los ancianos”, que ayuda a los jóvenes a descubrir la riqueza viva del pasado, en su memoria.

Hablando de sueños y visiones, Francisco observa: “Si jóvenes y viejos se abren al Espíritu Santo, juntos producen una maravillosa combinación. Los ancianos sueñan y los jóvenes tienen visiones”. Por lo tanto, es necesario “arriesgar juntos, caminar juntos jóvenes y viejos».

Capítulo VII: “La pastoral juvenil”

El Papa explica que la pastoral juvenil ha sido asaltada por los cambios sociales y culturales y que “los jóvenes, en sus estructuras habituales, a menudo no encuentran respuestas a sus preocupaciones, a sus necesidades, a sus problemas y a sus heridas”. Los mismos jóvenes “son actores de la pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres para encontrar nuevos caminos con creatividad y audacia”. Necesitamos “hacer uso de la astucia, el ingenio y el conocimiento que los propios jóvenes tienen de la sensibilidad, el lenguaje y los problemas de otros jóvenes”.

La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, capaz de configurar un “camino común”, e implica dos grandes líneas de acción: la primera es la investigación y la segunda el crecimiento.

Para la primera, Francisco confía en la capacidad de los propios jóvenes para encontrar formas atractivas de invitar: “Sólo tenemos que estimular a los jóvenes y darles libertad de acción”. Más importante aún es que “cada joven encuentre el valor de sembrar el primer anuncio en esa tierra fértil que es el corazón de otro joven”.

En cuanto al crecimiento, advierte contra proponer a los jóvenes afectados por una intensa experiencia de Dios “encuentros de “formación” en los que sólo se abordan cuestiones doctrinales y morales ”. El resultado es que muchos jóvenes se aburren, pierden el fuego del encuentro con Cristo y la alegría de seguirlo”. Si todo proyecto de formación “debe incluir ciertamente una formación doctrinal y moral”, es igualmente importante “que se centre” en el kerigma, es decir, “la experiencia fundadora del encuentro con Dios a través de Cristo muerto y resucitado” y en el crecimiento “en el amor fraterno, en la vida comunitaria, en el servicio”.

La pastoral juvenil “debe ser siempre una pastoral misionera”. Y los jóvenes necesitan ser respetados en su libertad, “pero también necesitan ser acompañados” por adultos, empezando por la familia y luego por la comunidad.

Capítulo VIII: “Vocación”

“Lo fundamental es discernir y descubrir que lo que Jesús quiere de cada joven es sobre todo su amistad”. La vocación es una llamada al servicio misionero de los demás, “porque nuestra vida en la tierra alcanza su plenitud cuando se convierte en ofrenda”, resalta la exhortación.

“Para realizar nuestra vocación es necesario desarrollarnos, hacer crecer y cultivar todo lo que somos. No se trata de inventarse, de crearse de la nada, sino de descubrirse a la luz de Dios y de hacer florecer el propio ser”.

Y “este ser para los demás en la vida» de cada joven está normalmente ligado a dos cuestiones fundamentales: la formación de una nueva familia y el trabajo.

En cuanto al amor y la familia, el Papa escribe que los jóvenes sienten fuertemente la llamada al amor y sueñan con encontrar a la persona adecuada con la que formar una familia, y el sacramento del matrimonio envuelve este amor con la gracia de Dios, enraizándolo en Dios mismo. «Dios nos creó sexualmente, él mismo creó la sexualidad, que es su don, y por lo tanto no hay tabúes. Es un don que el Señor da y tiene dos objetivos: amarse unos a otros y generar vida. Es una pasión. El verdadero amor es apasionado”.

En cuanto al trabajo, el Papa escribe: “Invito a los jóvenes a no esperar vivir sin trabajo, dependiendo de la ayuda de los demás. Esto no es bueno, porque el trabajo es una necesidad, es parte del sentido de la vida en esta tierra, del camino hacia la madurez, el desarrollo humano y la realización personal. En este sentido, ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre un remedio temporal para las emergencias”.

Capítulo IX: “El discernimiento”

En este aspecto, el Sucesor de Pedro recuerda que “sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en títeres a merced de las tendencias del momento”.

Se requieren tres sensibilidades de quienes ayudan a los jóvenes en su discernimiento. La primera es la atención a la persona: “se trata de escuchar al otro que se nos da a sí mismo con sus propias palabras”.

La segunda consiste en discernir, es decir, “se trata de captar el punto correcto en el que se discierne la gracia de la tentación”. La tercera consiste “en escuchar los impulsos que el otro experimenta “adelante”.

Es la escucha profunda de “donde el otro realmente quiere ir”. Cuando uno escucha al otro de esta manera, “en algún momento debe desaparecer para dejar que siga el camino que ha descubierto. Desaparecer como el Señor desaparece de la vista de sus discípulos”. Debemos “despertar y acompañar los procesos, no imponer caminos”. Y estos son procesos de personas que siempre son únicas y libres.

La exhortación concluye con un profundo deseo del Papa Francisco: “Queridos jóvenes, me alegrará verles correr más rápido que los que son lentos y temerosos. Corran y sean atraídos por ese rostro tan amado, que adoramos en la Sagrada Eucaristía y reconocemos en la carne de nuestro hermano que sufre…. La Iglesia necesita de su impulso, de sus intuiciones, de su fe… Y cuando lleguen a donde todavía no hemos llegado, tengan la paciencia de esperarnos”.

Fuente: Vatican news. Ciudad del Vaticano.

Las mil y una noches Sherezade. CUENTO DEL SEGUNDO Y TERCER JEIQUE. Jueves, 2 - Abril - 2020

 "Ventana abierta"


Noche 2

Doniazada dijo a su hermana Schehrazada: "oh hermana mía, te ruego que acabes la historia del mercader y el efrit". Y Schehrazada respondió: "De todo corazón, y como debido homenaje, siempre que el rey me lo permita". Y el rey ordenó: "Puedes hablar". Ella dijo: He llegado a saber, oh rey afortunado, dotado de ideas justas y rectas, que cuando el mercader vio llorar al ternero, se enterneció su corazón, y dijo al mayoral: "Deja ese ternero con el ganado".

A todo esto, el efrit se asombraba prodigiosamente de esta historia asombrosa. Y el jeique dueño de la gacela prosiguió de este modo: oh señor de los reyes de los efrits, todo esto aconteció. La hija de mi tío, esta gacela, hallábase allí mirando, y decía: "Debemos sacrificar ese ternero tan gordo". Pero yo, por lástima, no podía decidirme, y mandé al mayoral que de nuevo se lo llevara, obedeciéndome él.

El segundo día, estaba yo sentado, cuando se me acercó el pastor y me dijo: "oh amo mío, voy a enterarte de algo que te alegrará. Esta buena nueva bien merece una gratificación". Y yo le contesté: "Cuenta con ella". Y me dijo: "oh mercader ilustre, mi hija es bruja, pues aprendió la brujería de una vieja que vivía con nosotros. Ayer, cuando me diste el ternero, entré con él en la habitación de mi hija, y ella, apenas lo vio, cubrióse con el velo la cara, echándose a llorar, y después a reír. Luego me dijo: "Padre, ¿tan poco valgo para ti que dejas entrar hombres en mi aposento?". Yo repuse: "Pero ¿dónde están esos hombres? ¿Y por qué lloras y ríes así?". Y ella me dijo: "El ternero que traes contigo es hijo de nuestro amo el mercader, pero está encantado. Y es su madrastra la que lo ha encantado, y a su madre con él. Me he reído al verle bajo esa forma de becerro. Y si he llorado es a causa de la madre del becerro, que fue sacrificada por el padre". Estas palabras de mi hija me sorprendieron mucho, y aguardé con impaciencia que volviese la mañana para venir a enterarte de todo".

Cuando oí, oh poderoso efrit (prosiguió el jeique), lo que me decía el mayoral, salí con él a toda prisa, y sin haber bebido vino creíame embriagado por el inmenso júbilo y por la gran felicidad que sentía al recobrar a mi hijo. Cuando llegué a casa del mayoral, la joven me deseó la paz y me besó la mano, y luego se me acercó el ternero, revolcándose a mis pies. Pregunté entonces a la hija del mayoral: "¿Es cierto lo que afirmas de este ternero?". Y ella dijo: "Cierto, sin duda alguna. Es tu hijo, la llama de tu corazón". Y le supliqué: "oh gentil y caritativa joven, si desencantas a mi hijo, te daré cuantos ganados y fincas tengo al cuidado de tu padre". Sonrió al oír estas palabras, y me dijo: "Sólo aceptaré la riqueza con dos condiciones: la primera, que me casaré con tu hijo, y la segunda, que me dejarás encantar y aprisionar a quien yo desee. De lo contrario, no respondo de mi eficacia contra las perfidias de tu mujer".

Cuando yo oí, oh poderoso efrit, las palabras de la hija del mayoral, le dije: "Sea, y por añadidura tendrás las riquezas que tu padre me administra. En cuanto a la hija de mi tío, te permito que dispongas de su sangre".

Apenas escuchó ella mis palabras, cogió una cacerola de cobre, llenándola de agua y pronunciando sus conjuros mágicos. Después roció con el líquido al ternero, y le dijo: "Si Alah te creó ternero, sigue ternero, sin cambiar de forma; pero si estás encantado, recobra tu figura primera con el permiso de Alah el Altísimo". Ella dijo, e inmediatamente el ternero empezó a agitarse, y volvió a adquirir la forma humana. Entonces, arrojándose en sus brazos, le besó. Y luego le dije: "Por Alah sobre ti, cuéntame lo que la hija de mi tío hizo contigo y con tu madre". Y me contó cuanto les había ocurrido. Yo dije entonces: "ah hijo mío, Alah, dueño de los destinos, reservaba a alguien para salvarte y salvar tus derechos".

Después de esto, oh buen efrit, case a mi hijo con la hija del mayoral. Y ella, merced a su ciencia de brujería, encantó a la hija de mi tío, transformándola en esta gacela que tú ves. Al pasar por aquí encontréme con estas buenas gentes, les pregunté qué hacían, y por ellos supe lo ocurrido a este mercader, y hube de sentarme para ver lo que pudiese sobrevenir. Y esta es mi historia". Entonces exclamó el efrit: "Historia realmente muy asombrosa. Por eso te concedo como gracia el tercio de la sangre que pides". En este momento se acercó el segundo jeique, el de los lebreles negros, y dijo:

CUENTO DEL SEGUNDO JEIQUE

Sabe, oh señor de los reyes de los efrits, que estos dos perros son mis hermanos mayores y yo soy el tercero. Al morir nuestro padre nos dejó en herencia tres mil dinares. Yo, con mi parte, abrí una tienda y me puse a vender y comprar. Uno de mis hermanos, comerciante también, se dedicó a viajar con las caravanas, y estuvo ausente un año. Cuando regresó no le quedaba nada de su herencia. Entonces le dije: "oh hermano mío, ¿no te había aconsejado que no viajaras?". Y echándose a llorar, me contestó: "Hermano, Alah, que es grande y poderoso, lo dispuso así. No pueden serme de provecho ya tus palabras, puesto que nada tengo ahora".

Le llevé conmigo a la tienda, lo acompañé luego al hammam (baño publico) y le regalé un magnífico traje de la mejor clase. Después nos sentamos a comer, y le dije: "Hermano, voy a hacer la cuenta de lo que produce mi tienda en un año, sin tocar al capital, y nos partiremos las ganancias". Y, efectivamente, hice la cuenta, y hallé un beneficio anual de mil dinares. Entonces di gracias a Alah, que es poderoso y grande, y dividí la ganancia luego entre mi hermano y yo. Y así vivimos juntos días y días.

Pero de nuevo mis hermanos desearon marcharse y pretendían que yo les acompañase. No acepté, y les dije: "¿Qué habéis ganado con viajar, para que así pueda yo tentarme de imitaros?". Entonces empezaron a dirigirme reconvenciones, pero sin ningún fruto, pues no les hice caso, y seguimos comerciando en nuestras tiendas otro año. Otra vez volvieron a proponerme el viaje, oponiéndome yo también, y así pasaron seis años más. Al fin acabaron por convencerme, y les dije: "Hermanos, contemos el dinero que tenemos". Contamos, y dimos con un total de seis mil dinares. Entonces les dije: "Enterremos la mitad para poder utilizar si nos ocurriese una desgracia, y tomemos mil dinares cada uno para comerciar al por menor". Y contestaron: "¡Alah favorezca la idea!". Cogí el dinero y lo dividí en dos partes iguales; enterré tres mil dinares y los otros tres mil los repartí juiciosamente entre nosotros tres. Después compramos varias mercaderías, fletamos un barco, llevamos a él todos nuestros efectos, y partimos.

Duró un mes entero el viaje, y llegamos a una ciudad, donde vendimos las mercancías con una ganancia de diez dinares por dinar. Luego abandonamos la plaza. Al llegar a orillas del mar encontramos a una mujer pobremente vestida, con ropas viejas y raídas. Se me acercó, me besó la mano, y me dijo: "Señor, ¿me puedes socorrer? ¿Quieres favorecerme? Yo, en cambio, sabré agradecer tus bondades". Y le dije: "Te socorreré; mas no te creas obligada a la gratitud". Y ella me respondió: "Señor, entonces cásate conmigo, llévame a tu país y te consagraré mi alma. Favoréceme, que yo soy de las que saben el valor de un beneficio. No te avergüences de mi humilde condición". Al oír estas palabras, sentí piedad hacia ella, pues nada hay que no se haga mediante la voluntad de Alah, que es grande y poderoso. Me la llevé, la vestí con ricos trajes, hice tender magníficas alfombras en el barco para ella y le dispensé una hospitalaria acogida llena de cordialidad. Después zarpamos.

Mi corazón llegó a amarla con un gran amor, y no la abandoné de día ni de noche. Y como de los tres hermanos era yo el único que podía gozarla, estos hermanos míos sintieron celos, además de envidiarme por mis riquezas y por la calidad de mis mercaderías. Dirigían ávidas miradas sobre cuanto poseía yo, y se concertaron para matarme y repartirse mi dinero, porque el Cheitan (Satanás, el maligno) sin duda les hizo ver su mala acción con los más bellos colores.

Un día, cuando estaba yo durmiendo con mi esposa, llegaron hasta nosotros y nos cogieron, echándonos al mar. Mi esposa se despertó en el agua, y de súbito cambió de forma, convirtiéndose en efrita. Me tomó sobre sus hombros y me depositó sobre una isla. Después desapareció durante toda la noche, regresando al amanecer, y me dijo: "¿No reconoces a tu esposa? Te he salvado de la muerte con ayuda del Altísimo. Porque has de saber que soy una efrita (genio femenino). Y desde el instante en que te vi, te amó mi corazón, simplemente porque Alah lo ha querido, y yo soy una creyente en Alah y en su Profeta, al cual Alah bendiga y preserve. Cuando yo me he acercado a ti en la pobre condición en que me hallaba, tú te aviniste de todos modos a casarte conmigo. Y yo, en justa gratitud, he impedido que perezcas ahogado. En cuanto a tus hermanos, siento el mayor furor contra ellos y es preciso que los mate".

Asombrado de sus palabras, le di las gracias por su acción, y le dije: "No puedo consentir la pérdida de mis hermanos". Luego le conté todo lo ocurrido con ellos, desde el principio hasta el fin, y me dijo entonces: "Esta noche volaré hacia la nave que los conduce, y la haré zozobrar para que sucumban". Yo repliqué: "Por Alah sobre ti, que no hagas eso, y recuerdes que el Maestro de los Proverbios dice: oh tú, compasivo del delincuente, piensa que para el criminal es bastante castigo su mismo crimen; y además, considera que son mis hermanos". Pero ella insistió: "Tengo que matarlos sin remedio". Y en vano imploré su indulgencia. Después se echó a volar llevándome en sus hombros y me dejó en la azotea de mi casa.

Abrí entonces las puertas y saqué los tres mil dinares del escondrijo. Luego abrí mi tienda, y después de hacer las visitas necesarias y los saludos de costumbre, compré nuevos géneros.

Llegada la noche, cerré la tienda, y al entrar en mis habitaciones encontré estos dos lebreles que estaban atados en un rincón. Al verme se levantaron, rompieron a llorar y se agarraron a mis ropas. Entonces acudió mi mujer y me dijo: "Son tus hermanos". Y yo le dije: "¿Quién los ha puesto en esta forma?". Y ella contestó: "Yo misma. He rogado a mi hermana, más versada que yo en artes de encantamiento, que los pusiera en ese estado. Diez años permanecerán así". Por eso, oh efrit poderoso, me ves aquí, pues voy en busca de mi cuñada, a la que deseo suplicar los desencante, porque van ya transcurridos los diez años. Al llegar me encontré con este buen hombre, y cuando supe su aventura, no quise marcharme hasta averiguar lo que sobreviniese entre tú y él. Y este es mi cuento". El efrit dijo: "Es realmente un cuento asombroso, por lo que te concedo otro tercio de la sangre destinada a rescatar el crimen".

Entonces se adelantó el tercer jeique, dueño de la mula, y dijo al efrit: "Te contaré una historia más maravillosa que las de estos dos. Y tú me recompensarás con el resto de la sangre". El efrit contestó: "Que así sea". Y el tercer jeique dijo:

CUENTO DEL TERCER JEIQUE

¡Oh sultán, jefe de los efrits! Esta mula que ves aquí era mi esposa. Una vez salí de viaje y estuve ausente todo un año. Terminados mis negocios, volví de noche, y al entrar en el cuarto de mi mujer, la encontré acostada sobre los tapices de la cama con un esclavo negro. Estaban conversando y se besaban haciéndose zalamerías. Al verme, ella se levantó súbitamente y se abalanzó a mí con una vasija de agua en la mano; murmuró algunas palabras luego, y me dijo arrojándome el agua: "¡Sal de tu propia forma y reviste la de un perro!". Inmediatamente me convertí en perro, y mi esposa me echó de casa. Anduve vagando hasta llegar a una carnicería, donde me puse a roer huesos. Al verme el carnicero, me cogió y me llevó con él.

Apenas penetramos en el cuarto de su hija, ésta se cubrió con el velo y recriminó a su padre: "¿Te parece bien lo que has hecho? Traes a un hombre y lo entras en mi habitación". Y repuso el padre: "¿Pero dónde está ese hombre?". Ella contestó: "Ese perro es un hombre. Lo ha encantado una mujer; pero yo soy capaz de desencantarlo".

Su padre le dijo: "Por Alah sobre ti, devuélvele su forma, hija mía". Ella cogió una vasija con agua, y después de murmurar un conjuro, me echó unas gotas y dijo: "¡Sal de esa forma, y recobra la primitiva!". Entonces volví a mi forma humana, besé la mano de la joven, y le dije: "Quisiera que encantases a mi mujer como ella me encantó". Me dio entonces un frasco con agua, y me dijo: "Si encuentras dormida a tu mujer, rocíale con esta agua y se convertirá en lo que quieras". Efectivamente, la encontré dormida, le eché el agua, y dije: "¡Sal de esa forma y toma la de una mula!". Y al instante se transformó en una mula, y es la misma que aquí ves, sultán de reyes de los efrits".

El efrit se volvió entonces hacia la mula, y le dijo: "¿Es verdad todo eso?", y la mula movió la cabeza como afirmando: "Sí, sí; todo es verdad". Esta historia consiguió satisfacer al efrit, que, lleno de emoción y de placer, hizo gracia al anciano del último tercio de la sangre... En aquel momento Schehrazada vio aparecer la mañana, y discretamente dejó de hablar, sin aprovecharse más del permiso.

Entonces su hermana Doniazada dijo: "ah, hermana mía, ¡cuán dulces, cuán amables y cuán deliciosas son en su frescura tus palabras!". Schehrazada contestó: "Nada es eso comparado con lo que te contaré la noche próxima, si vivo aún y el rey quiere conservarme". Y el rey se dijo: "Por Alah, que no la mataré hasta que le haya oído la continuación de su relato, que es asombroso". Después el rey y Schehrazada pasaron enlazados la noche hasta por la mañana. Entonces el rey marchó a la sala de justicia. Entraron el visir y los oficiales y se llenó el diwán de gente. Y el rey juzgó, nombró, destituyó, despachó sus asuntos y dio órdenes hasta el fin del día. Luego se levantó el diwán y el rey volvió a palacio.

Frente al coronavirus

"Ventana abierta"

Evangelio: San Juan 8, 51-59. En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre"...5ª. Semana de Cuaresma. Jueves, 2 Abril - 2020.

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Arzobispo de Sevilla. JUEVES DE LA QUINTA SEMANA DE CUARESMA, 2 - Abril - 2020

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Archidiócesis de sevilla


JUEVES DE LA QUINTA SEMANA DE CUARESMA


La enfermedad espiritual más perniciosa en nuestro tiempo es la desesperación, el desaliento, la pérdida de confianza en uno mismo, en la vida y hasta en Dios y en la Iglesia. En estos días no faltan quienes creen que Dios nuestro Señor nos ha abandonado, que ha abandonado a la humanidad a su suerte. No es así. En estos días terribles no podemos perder la esperanza ni la confianza en Dios, que nos sigue queriendo, que vela por nosotros y que permite esta prueba para nuestro bien.

La vida es imposible sin esperanza. Se acaba la vida cuando se acaba la esperanza. La esperanza es milagrosa. Cuando renace en un corazón, todo es diferente, aunque nada haya cambiado. Cuando renace la esperanza renace la alegría. San Pablo escribe que los creyentes son «salvados en esperanza» (Rm 8, 24). Nuestra esperanza es el Señor.

En la encíclica Spe Salvi, el papa Benedicto nos brindaba el testimonio de la santa sudanesa Josefina Bakhita, canonizada por Juan Pablo II, vendida cinco veces como esclava, torturada y azotada múltiples veces, como atestiguan las 144 cicatrices que se descubrieron en su cuerpo tras su muerte. Después de conocer y sufrir a cinco terribles amos, llegó a conocer un Amo totalmente diferente: el Dios vivo, el Dios de Jesucristo, señor de los señores, la bondad en persona, alguien que le había llamado a la existencia, la conocía, la amaba, se había dejado crucificar por ella y ahora la esperaba a la derecha del Padre. “En este momento –nos dice el Papa- tuvo «esperanza»; no sólo la pequeña esperanza de encontrar amos menos crueles, sino la gran esperanza: yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa. A través del conocimiento de esta esperanza ella fue «redimida», ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios” (n. 3).

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

Pablo Martínez. Presbítero de La Obra de la Iglesia .Recuperado de coronavirus. Jueves, 2 - Abril - 2020

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Archidiócesis de Sevilla

Entrevista a Pablo Martínez, recuperado de coronavirus: “Lo más positivo es que he podido ofrecer al Señor esta enfermedad”


Pablo Martínez es presbítero de La Obra de la Iglesia y ha pasado los últimos seis años de su ministerio sacerdotal como vicario parroquial en San Bartolomé y San Esteban, en la Archidiócesis de Sevilla. Si bien, actualmente desempeña su servicio como párroco de La Presentación de Nuestra Señora, en Moratalaz (Madrid).

Tras haber superado la enfermedad del coronavirus ha contado su experiencia a la página web oficial de la Archidiócesis de Madrid.  A continuación, reproducimos esa entrevista:

Cree que todo comenzó dando la extremaunción a un enfermo. “Una noche empecé a sentirme muy mal. Tenía fiebre, aunque no mucha. Me dolía todo. Sentía malestar general, molestias en la garganta, una sensación muy rara, y mucha tos. Llamé al teléfono del coronavirus y me dieron unas pautas”. A raíz de eso comenzó un proceso que ha tenido la suerte de vivir en casa, con su comunidad, integrada por tres sacerdotes y seis seglares. Eso sí, en una zona aislada. “Es una bendición de Dios”, confiesa. “Me están cuidando genial. Están súper pendientes de mí. Y de otro hermano de la comunidad que ha estado ingresado en el hospital y ahora ya está en casa”. Pero aislados. Porque, aunque han superado la enfermedad, todavía tienen que permanecer 14 días en aislamiento. Un tiempo que el padre Martínez aprovecha para “rezar mucho y para mover la parroquia a través de las redes sociales, con la ayuda del equipo de voluntarios de Pastoral Digital”. Un equipo joven y muy activo que hace que sea posible llegar a los fieles en estos momentos tan excepcionales que estamos viviendo.

Ofrecer el sufrimiento al Señor

De la enfermedad, “lo que más te dura es el cansancio, que es muy pesado. No termina de irse del todo. Vas despacio. Cansado. Todo te cuesta”. Celebra Misa en su habitación. Pero “lo mejor de toda esta vivencia, ha sido la oportunidad de poder ofrecérselo al Señor. Te das cuenta de lo poca cosa que eres, del valor que tiene ofrecérselo todo a Él. Estás más unido al Señor en la cruz”.
Valora que “en estos días he sentido como nunca la cercanía de mis superiores de La Obra de la Iglesia y de mis pastores: el cardenal Carlos Osoro, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, monseñor Jesús Vidal, y sobre todo el vicario episcopal, Alfonso Lozano, que ha estado siguiendo personalmente y muy de cerca mi situación. A todos les doy las gracias de corazón”.

Una enfermedad que también le ha permitido acercarse más aún a sus feligreses: “Hice una carta dirigida a ellos, al comienzo de mi enfermedad, explicándoles lo que había pasado. Y me ha sorprendido gratamente la cercanía de la gente. La oración de todo el mundo, pidiendo por mí, tanto en Madrid como en Sevilla”.

En este proceso de recuperación, desde el confinamiento, “echo de menos poder estar con el Señor y con la gente. Estás aislado y es algo que al principio se agradece, porque todos en algún momento estamos saturados. Pero luego te das cuenta de lo bonito que es poder estar en presencia del Señor, en la capilla. Tengo la suerte de que lo tengo ahí, a un paso, pero no puedo ir. Sé que el Señor está en mi corazón, puedo orar, pero no puedo ir a la Iglesia. Y también me falta poder estar con la gente”. Por eso, desde su soledad, ha decidido aliviar y acompañar a los que se encuentran más solos: los ancianos y enfermos. “Les llamo por teléfono y la gente se emociona”.

Pedir por todas las intenciones de los feligreses

Algunos de sus feligreses se encuentran enfermos. Cada vez hay más. Por eso, la parroquia va a comenzar una iniciativa a través de la página web para que la gente pueda enviar sus intenciones, publicarlas, y que todos puedan pedir por ellas. “Todos conocemos casos de gente enferma o que se muere. Por eso, a la gente le va a gustar esta iniciativa. Les va a ayudar. Les va a venir bien”, asegura.

¿Y cuando todo esto termine? “Habrá que celebrar una Misa de acción de gracias y quizás una fiesta con toda la comunidad parroquial”. Pero lo que sí tiene claro es que “todos vamos a apreciar más cada cosa. Lo que teníamos por descontado (ir a Misa, estar con los que queremos, ir a donde queramos, poder salir a la calle) lo vamos a valorar. Y también espero que podamos ver los frutos de este sufrimiento”, concluye.

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA. Día 37º. JUEVES, 2 - Abril - 2020

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UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA
Día 37º. JUEVES 2 de abril de 2020

Texto del Padre José Pedro Manglano Castellary

Gracia. 
Hace unos años dos amigos que estaban haciendo vela cerca de Bakio fueron llevados por una corriente mar adentro. Tan solo uno de ellos llevaba chaleco salvavidas y éste preguntó a su amigo: "¿Estás en gracia?". El otro reconoció que no, y el primero le dio su salvavidas porque él tenía a Jesús en el alma: Si se ahogaba iría al Cielo.

¿Te das cuenta de lo importante que es estar en gracia, como este chico que se arriesgó a morir ahogado para que su amigo pudiese vivir con Jesús en el alma?

Jesús dijo que Dios vive en el alma que está en gracia: vive conmigo ayudándome, dándome luz para entender, fuerza para luchar y vencer, deseos buenos, amor y comprensión, etc. Viviendo Dios en mí, Dios me da una vida nueva y distinta. Por eso, vivir en gracia es lo más importante: porque es vivir con Dios.

Pide que tus amigos y familia vivan siempre en gracia de Dios.

Continúa hablándole a Dios con tus palabras.


Ahora es el momento importante, en el que tú hablas a Dios con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Cuando lo hayas hecho termina con la oración final.


ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


HOY EL RETO DEL AMOR ES TENER PACIENCIA. Jueves, 2 - Abril - 2020

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HOY EL RETO DEL AMOR ES TENER PACIENCIA

Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

¿CÓMO ANDAMOS DE PACIENCIA?

Estoy haciendo unas pruebas nuevas de grabación en la máquina láser. Cada vez que se trata de algo nuevo, es necesario comenzar probando los parámetros de menos a más: menos potencia, menos intensidad... e ir poco a poco subiendo hasta dar con el resultado deseado.
Normalmente, cuando ya se han hecho todas las pruebas, se guarda el diseño con los parámetros correctos, y está listo para grabar siempre así.
Pero esta vez me ha sucedido algo diferente. Pensaba que ya había acabado todo el proceso, y la siguiente medalla comencé a grabarla con los parámetros que habían resultado definitivos, pero, cuando miré lo que estaba haciendo el láser, me había quemado la medalla
¿Cómo podía a ser? Si había usado el mismo material, la misma imagen... Volví a repetir, pero esta vez comenzando flojito, la siguiente un poco más fuerte y la última un poco más... y... ¡perfecto! Ya no se quemaba.
Cómo me impresionó, porque este diseño, que necesita ser grabado poco a poco, me estaba hablando de cómo es el Amor del Señor con nosotros.
Él quiere grabar su imagen en nosotros, pero no suele hacerlo de una sola vez, porque nos quemaría, sino que va derrochando su Amor poco a poco; en lugar de una vez, su Amor es constante, muy fino y delicado, y va subiendo en intensidad, hablándonos en verdad de nosotros mismos cada vez con mayor precisión, para que podamos reaccionar acogiéndole siempre, para que podamos dejarnos invadir más y más por su Gracia.
Él quiere lograr su objetivo y se tomará el tiempo que le haga falta con cada uno. Por ello, todos somos dignos de que “nos tengan paciencia” porque el Señor está trabajando en nosotros. Porque todos tenemos en común la debilidad, que unas veces aflorará más y otras menos, pero siempre está ahí. Y es cierto que la impaciencia con el otro, o peor aún, con uno mismo, es humana, y más en las circunstancias que actualmente vivimos; sin embargo, cuando Él nos regala ser conscientes de nuestra debilidad, no es para dejarnos ahí, sino para salvarnos, y para experimentar qué paciencia tienen Él y los demás con nosotros. Desde esa vivencia brota la necesidad de ser paciente también con el otro, pues, como yo, también es necesitado de cariño en su pobreza.
Hoy el reto del amor es tener paciencia. Confía en que el Amor del Señor es real, siempre permanece a tu lado, déjate grabar a fuego algo diferente, deja que sea el Amor el que venza siempre, contigo mismo y con los demás.
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¡Feliz día!

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miércoles, 1 de abril de 2020

“ÁNGELES” FRENTE A LA MUERTE. INCALCULABLE VALOR DE UNA CARICIA. 1 - Abril - 2020

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Archidiócesis de Sevilla


“ÁNGELES” FRENTE A LA MUERTE. INCALCULABLE VALOR DE UNA CARICIA

Cuando el mundo se volvió del revés por efecto del COVID-19 y fue desterrado de la convivencia el tacto de una piel que expresa lo que nunca podrá decirse con palabras, especialmente en los instantes álgidos de la vida, de algún modo comenzó a percibirse la dimensión de un gesto insustituible que tal vez no siempre fue valorado en su justa medida.

Un abrazo, una palabra, una caricia consoladora cargada de emociones y esperanzas, colmada de gratitud y de ternura es lo que la mayoría hemos conocido desde nuestro nacimiento. No suele entrar las cábalas de nadie llegar al umbral de la existencia abruptamente sin tener a su lado el rostro de los seres queridos. Desconocemos la forma, el momento… Pero es un hecho que salvo las excepciones que impone lo inesperado o el devenir de la vida, no se produce la soledad aparte de la que íntimamente experimenta el que se encuentra en ese trance.

Hallándose en peligro un familiar, un amigo, incluso un vecino, enseguida se ponen en marcha los mecanismos oportunos de modo que no se afronta en soledad ese instante supremo porque en la cabecera se encuentran los seres más queridos dando un adiós, que a todos llega, haciéndose a la idea de que es la hora de esa separación terrena, y para quienes tenemos fe, el fin de una peregrinación que nos abre las puertas de la vida eterna donde todo sufrimiento no tiene cabida.

En estos momentos de aislamiento una de las situaciones dramáticas que impacta de forma singular es saber que el único consuelo que reciben los moribundos es el que les proporcionan los sanitarios y los capellanes. Dice Fernando Rielo, fundador de los misioneros identes que “la muerte es la frontera entre dos mundos que se abrazan”. Los sacerdotes que los asisten jugándose la vida hacen de “enlace” entre ellos. Son transmisores de esperanza, dadores de paz, los que serenan el espíritu, ayudan a disolver el miedo… Son también aprendices de una fortaleza que emana de tantas personas abocadas a la muerte por este coronavirus que no respeta edad ni condición.

Los capellanes de algún modo asumen esa presencia añorada de los seres queridos y sin poder reemplazarlos porque es imposible, sanan y alivian las heridas de un corazón que parte dejando en esta orilla de la vida el mensaje de un bálsamo que esperan se traslade a los suyos. Son receptores y transmisores de esos ramilletes de emociones que casi congelan la respiración. Testigos de heroicidades, y a veces protagonistas de ellas porque jugándose la vida han elegido estar al lado del que sufre, son “ángeles” que custodian su último aliento. Es uno de los privilegios de su vocación.

Imaginémonos lo que ha de suponer el impacto que experimentará esa persona que vive porque otra se desprendió de su respirador, alguien que tal vez se halla en una cama o estancia contigua y a la que no podrá acercarse jamás… Hoy que no hay roce de la piel, con los ojos humedecidos por tantas situaciones que desbordan lo que hasta ahora conocimos, nos abrazamos todos más que nunca. Compartimos desde nuestros hogares las heridas de los demás.

Y ahora un apéndice. Hay quienes en estos días no comprenden que alguien que tiene fe haya tenido miedo a la muerte hallándose confinado en el hospital, que experimentase un estremecimiento ante ella. Aparte de que esta es una sociedad que no ha sido educada para afrontarla y que a los niños se les ha escondido o dulcificado la partida de seres cercanos narrándoles el hecho como si fuese un cuento, el resto de la vida quien más quien menos no ha dejado espacio para hablar de ello con naturalidad excepto cuando no hay más remedio. Y a lo mejor quien se sorprende de que en momentos tan graves como los que se viven afloren ciertas emociones de esta naturaleza ignora que Cristo mismo tembló en el Huerto de los Olivos. Reconocer la fragilidad nos hace más fuertes, más auténticos, más humanos. Y de eso justamente estamos necesitados. Piedad, misericordia que van unidas a la solidaridad orante y activa tendría que ser ahora nuestro alimento. Sigamos vinculados con fe y oración en esta cuaresma dolorosa, y dando gracias a Dios.