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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

miércoles, 1 de abril de 2020

Las mil y una noches Sherezade. Miércoles, 1 - Abril - 2020

 "Ventana abierta"

Las mil y una noches

Contadas por la joven Sherezade a un rey que maltrataba a sus doncellas.

Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

Sherezade, hija del visir y encargada de suavizar la ira del rey, a base de cuentos.

Para este tiempo de Cuarentena 2020 obligatoria por el virus Coronavirus, y para que se hagan más llevaderas las noches que nos esperan en adelante, que esperemos no sean 1001, os dejamos unos cuentos árabes muy entretenidos y simpáticos. Os dejamos de la noche 1 a la 25, de la 290 a la 315 y de la 978 a la 1001, sobre los viajes de Sindbad el Marino, Aladino y su lámpara misteriosa, Alí Babá y los 40 ladrones... así como cuentos sentimentales y de enseñanzas, leyendas de los califas más renombrados, saber hacer ante los personajes más perniciosos... y todo ello con moraleja y buen humor.

Cuéntase que en lo que transcurrió en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo un rey entre los reyes de Sassan, en las islas de la India y de la China[1]. Era dueño de ejércitos y señor de auxiliares, de servidores y de un séquito numeroso. Tenía dos hijos, y ambos eran heroicos jinetes, pero el mayor valía más aún que el menor. El mayor reinó en los países, gobernó con justicia entre los hombres y por eso le querían los habitantes del país y del reino. Llamábase el rey Schahriar[2]. Su hermano, llamado Schahzaman[3], era el rey de Salamarcanda.

[1] La geografía es absolutamente vaga y admirable. Sería pues, inútil profundizar.
[2] Schahriar: "dueño de la ciudad". [3Schahzaman: "dueño del tiempo".

Siguiendo las cosas el mismo curso, residieron cada uno en su país, y gobernaron con justicia a sus ovejas durante veinte años. Y llegaron ambos hasta el límite del desarrollo y el florecimiento. No dejaron de ser así, hasta que el mayor sintió vehementes deseos de ver a su hermano. Entonces ordenó a su visir que partiese y volviese con él. El visir contestó: "Escucho y obedezco".

Partió, pues, y llegó felizmente por la gracia de Alah; entró en casa de Schahzaman, le transmitió la paz[4], le dijo que el rey Schahriar deseaba ardientemente verle, y que el objeto de su viaje era invitar a su hermano. El rey Schahzaman contestó: "Escucho y obedezco". Dispuso los preparativos de la partida, mandando sacar sus tiendas, sus camellos y sus mulos, y que saliesen sus servidores y auxiliares. Nombró a su visir gobernador del reino y salió en demanda de las comarcas de su hermano. Pero a medianoche recordó una cosa que había olvidado; volvió a su palacio apresuradamente, y encontró a su esposa tendida en el lecho abrazada con un negro, esclavo entre los esclavos. Al ver tal cosa, el mundo se oscureció ante sus ojos. Y se dijo: "Si ha sobrevenido tal aventura cuando apenas acabo de dejar la ciudad, ¿cuál sería la conducta de esta libertina si me ausentase algún tiempo para estar con mi hermano?". Desenvainó inmediatamente su alfanje, y acometiendo a ambos, los dejó muertos sobre los tapices del lecho. Volvió a salir sin perder una hora ni un instante, y ordenó la marcha de la comitiva. Y viajó de noche hasta avistar la ciudad de su hermano.

[4] "Que la paz (o la salvación) sea contigo". Saludo usado entre los musulmanes.

Entonces éste se alegró de su proximidad, salió a su encuentro, y al recibirlo, le deseó la paz. Se regocijó hasta los mayores límites del contento, mandó adornar en honor suyo la ciudad y se puso a hablarle lleno de efusión. Pero el rey Schahzaman recordaba la aventura de su esposa, y una nube de tristeza le velaba la faz. Su tez se había puesto pálida y su cuerpo se había debilitado. Al verle de tal modo, el rey Schahriar creyó en su alma que aquello se debía a haberse alejado de su reino y de su país, y lo dejaba estar, sin preguntarle nada. Al fin, un día, le dijo: "Hermano, tu cuerpo enflaquece y tu cara amarillea". Y el otro respondió: "¡Ay, hermano, tengo en mi interior como una llaga en carne viva!". Pero no le reveló lo que le había ocurrido con su esposa. El rey Schahriar le dijo: "Quisiera que me acompañes a cazar a pie y a caballo, pues así tal vez se esparciera tu espíritu". El rey Schahzaman no quiso aceptar, y su hermano se fue solo a la cacería.

Había en el palacio unas ventanas que daban al jardín, y habiéndose asomado a una de ellas, el rey Schahzaman vio cómo se abría una puerta para dar salida a veinte esclavas y veinte esclavos, entre los cuales avanzaba la mujer del rey Schahriar en todo el esplendor de su belleza. Llegados a un estanque, se desnudaron, y se mezclaron todos. Y súbitamente la mujer del rey gritó: "oh, Massaud". Y en seguida acudió hacia ella un robusto esclavo negro, que la abrazó. Ella se abrazó también a él, y entonces el negro la echó al suelo, boca arriba, y la gozó.

A tal señal todos los demás esclavos hicieron lo mismo con las mujeres. Y así siguieron largo tiempo, sin acabar con sus besos, abrazos, copulaciones y cosas semejantes hasta cerca del amanecer. Al ver aquello, pensó el hermano del rey: "Por Alah, que más ligera es mi calamidad que esta otra". Inmediatamente, dejando que se desvaneciese su aflicción, se dijo: "¡En verdad, esto es más enorme que cuanto me ocurrió a mí!". Y desde aquel momento volvió a comer y beber cuanto pudo.

A todo esto, el rey, su hermano, volvió de su excursión, y ambos se desearon la paz íntimamente. Luego el rey Schahriar observó que su hermano el rey Schahzaman acababa de recobrar el buen color, pues su semblante había adquirido nueva vida, y advirtió también que comía con toda su alma después de haberse alimentado parcamente en los primeros días.

Se asombró de ello, y dijo: "Hermano, poco ha te veía amarillo de tez y ahora has recuperado los colores. Cuéntame qué te pasa". El rey le dijo: "Te contaré la causa de mi anterior palidez, pero dispénsame de referirte el motivo de haber recobrado los colores". El rey replicó: "Para entendernos, relata primeramente la causa de tu pérdida de color y tu debilidad". Y se explicó de este modo: "Sabrás, hermano, que cuando enviaste tu visir para requerir mi presencia, hice mis preparativos de marcha, y salí de la ciudad. Pero después me acordé de la joya que te destinaba y que te di al llegar a tu palacio. Volví, pues, y encontré a mi mujer acostada con un esclavo negro, durmiendo en los tapices de mi cama. Los maté a los dos, y vine hacia ti, muy atormentado por el recuerdo de tal aventura. Este fue el motivo de mi primera palidez y de mi enflaquecimiento. En cuanto a la causa de haber recobrado mi buen color, dispénsame de mencionarla". Cuando su hermano oyó estas palabras, le dijo: "Por Alah, te conjuro a que me cuentes la causa de haber recobrado tus colores".

Entonces el rey Schahzaman le refirió cuanto había visto. El rey Schahriar dijo: "Ante todo, es necesario que mis ojos vean semejante cosa". Su hermano le respondió: "Finge que vas de caza, pero escóndete en mis aposentos y serás testigo del espectáculo; tus ojos lo contemplarán". Inmediatamente, el rey mandó que el pregonero divulgase la orden de marcha. Los soldados salieron con sus tiendas fuera de la ciudad. El rey marchó también, se ocultó en su tienda y dijo a sus jóvenes esclavos: "¡Que nadie entre!". Luego se disfrazó, salió a hurtadillas y se dirigió al palacio. Llegó a los aposentos de su hermano, y se asomó a la ventana que daba al jardín. Apenas había pasado una hora, cuando salieron las esclavas, rodeando a su señora, y tras ellas los esclavos. E hicieron cuanto había contado Schahzaman, pasando en tales juegos hasta el asr[5].

[5] Asr: parte del día en que empieza a declinar el sol.

Cuando vio estas cosas el rey Schahriar, la razón se ausentó de su cabeza, y dijo a su hermano: "Marchemos para saber cuál es nuestro destino en el camino de Alah, porque nada de común debemos tener con la realeza hasta encontrar a alguien que haya sufrido una aventura semejante a la nuestra. Si no, la muerte sería preferible a nuestra vida". Su hermano le contestó lo que era apropiado y ambos salieron por una puerta secreta del palacio. Y no cesaron de caminar día y noche, hasta que por fin llegaron a un árbol, en medio de una solitaria pradera, junto a la mar salada. En aquella pradera había un manantial de agua dulce. Bebieron de ella y se sentaron a descansar. Apenas había transcurrido una hora del día, cuando el mar empezó a agitarse. De pronto brotó de él una negra columna de humo, que llegó hasta el cielo y se dirigió después hacia la pradera. Los reyes, asustados, se subieron a la cima del árbol, que era muy alto, y se pusieron a mirar lo que tal cosa pudiera ser. Y he aquí que la columna de humo se convirtió en un efrit[6] de elevada estatura, poderoso de hombros y robusto de pecho. Llevaba un arca sobre la cabeza. Puso el pie en el suelo, y se dirigió hacia el árbol y se sentó debajo de él. Levantó entonces la tapa del arca, sacó de ella una caja, la abrió, y apareció en seguida una encantadora joven, de espléndida hermosura, luminosa lo mismo que el sol, como dijo el poeta: ¡Antorcha en las tinieblas, ella aparece y es el día! ¡Ella aparece y con su luz se iluminan las auroras! ¡Los soles irradian con su claridad y las lunas con las sonrisas de sus ojos! ¡Que los velos de su misterio se rasguen, e inmediatamente las criaturas se prosternan encantados a sus pies! ¡Y ante los dulces relámpagos de su mirada, el rocío de las lágrimas de pasión humedece todos los párpados!

[6] Efrit: astuto, sinónimo de genio.

Después que el efrit hubo contemplado a la hermosa joven, le dijo: "oh soberana de las sederías, oh tú, a quien rapté el mismo día de tu boda. Quisiera dormir un poco". Y el efrit colocó la cabeza en las rodillas de la joven y se durmió. Entonces la joven levantó la cabeza hacia la copa del árbol y vio ocultos en las ramas a los dos reyes. En seguida apartó de sus rodillas la cabeza del efrit, la puso en el suelo, y les dijo por señas: "Bajad, y no tengáis miedo de este efrit". Por señas, le respondieron: "Por Alah sobre ti, dispénsanos de lance tan peligroso". Ella les dijo: "Por Alah sobre vosotros, bajad en seguida si no queréis que avise al efrit, que os dará la peor muerte". Entonces, asustados, bajaron hasta donde estaba ella, que se levantó para decirles: "Traspasadme con vuestra lanza de un golpe duro y violento; si no, avisaré al efrit".

Schahriar, movido del espanto, dijo a Schahzaman: "Hermano, sé el primero en hacer lo que ésta manda". El otro repuso: "No lo haré sin que antes me des el ejemplo tú, que eres mayor". Y ambos empezaron a invitarse mutuamente, haciéndose con los ojos señas de copulación. Pero ella les dijo: "¿Para qué tanto guiñar los ojos? Si no venís y me obedecéis, llamo inmediatamente al efrit". Entonces, por miedo al efrit hicieron con ella lo que les había pedido. Cuando los hubo agotado, les dijo: "¡Qué expertos sois los dos!". Sacó del bolsillo un saquito y del saquito un collar compuesto de quinientas setenta sortijas con sellos, y les preguntó: "¿Sabéis lo que es esto?". Ellos contestaron: "No lo sabemos". Entonces les explicó la joven: "Los dueños de estos anillos me han poseído todos junto a los cuernos insensibles de este efrit. De suerte que me vais a dar vuestros anillos".

Lo hicieron así, sacándoselos de los dedos, y ella entonces les dijo: "Sabed que este efrit me robó la noche de mi boda; me encerró en esa caja, metió la caja en el arca, le echó siete candados y la arrastró al fondo del mar, allí donde se combaten las olas. Pero no sabía que cuando desea alguna cosa una mujer no hay quien la venza. Ya lo dijo el poeta: ¡Amigo: no te fíes de la mujer; ríete de sus promesas! ¡Su buen o mal humor depende de los caprichos de su vulva! ¡Prodigan amor falso cuando la perfidia las llena y forma como la trama de sus vestidos! ¡Recuerda respetuosamente las Palabras de Yusuf! ¡Y no olvides que Eblis hizo que expulsaran a Adán por causa de la mujer! ¡No te confíes, amigo! ¡Es inútil! ¡Mañana, en aquella que creas más segura, sucederá al amor puro una pasión loca! Y no digas: "¡Si me enamoro, evitaré las locuras de los enamorados!" ¡No lo digas! ¡Sería verdaderamente un prodigio único ver salir a un hombre sano y salvo de la seducción de las mujeres!".

Los dos hermanos, al oír estas palabras, se maravillaron hasta más no poder, y se dijeron uno a otro: "Si éste es un efrit, y a pesar de su poderío le han ocurrido cosas más enormes que a nosotros, esta aventura debe consolarnos". Inmediatamente se despidieron de la joven y regresaron cada uno a su ciudad.

En cuanto el rey Schahriar entró en su palacio, mandó degollar a su esposa, así como a los esclavos y esclavas. Después ordenó a su visir que cada noche le llevase una joven que fuese virgen. Y cada noche arrebataba a una su virginidad. Y cuando la noche había transcurrido mandaba que la matasen. Así estuvo haciendo durante tres años, y todo eran lamentos y voces de horror. Los hombres huían con las hijas que les quedaban. En la ciudad no había ya ninguna doncella que pudiese servir para los asaltos de este cabalgador.

En esta situación el rey mandó al visir que, como de costumbre, le trajese una joven. El visir, por más que buscó, no pudo encontrar ninguna, y regresó muy triste a su casa, con el alma transida de miedo ante el furor del rey. Pero este visir tenía dos hijas de gran hermosura, que poseían todos los encantos, todas las perfecciones y eran de una delicadeza exquisita.

La mayor se llamaba Schehrazada[7], y el nombre de la menor era Doniazada[8]. La mayor, Schehrazada, había leído los libros, los anales, las leyendas de los reyes antiguos y las historias de los pueblos pasados. Dicen que poseía también mil libros de crónicas referentes a los pueblos de las edades remotas, a los reyes de la antigüedad y sus poetas. Y era muy elocuente y daba gusto oírla. Al ver a su padre, le habló así: "¿Por qué te veo tan cambiado, soportando un peso abrumador de pesadumbres y aflicciones? Sabe, padre, que el poeta dice: "oh tú, que te apenas, consuélate. Nada es duradero, toda alegría se desvanece y todo pesar se olvida".

[7] Schehrazada Sherezade: "hija de la ciudad". [8] Doniazada: "hija del mundo".

Cuando oyó estas palabras el visir, contó a su hija cuanto había ocurrido, desde el principio al fin, concerniente al rey. Entonces le dijo Schehrazada: "Por Alah, padre, cásame con el rey, porque si no me mata, seré la causa del rescate de las hijas de los muslemini (musulmanes) y podré salvarlas de entre las manos del rey". Entonces el visir contestó: "Por Alah sobre ti, no te expongas nunca a tal peligro". Pero Schehrazada repuso: "Es imprescindible que así lo haga". Entonces le dijo su padre: Cuidado no te ocurra lo que les ocurrió al asno y al buey con el labrador. 

Escucha su historia:

FÁBULAS DEL ASNO, EL BUEY Y EL LABRADOR

Has de saber, hija mía, que hubo un comerciante dueño de grandes riquezas y de mucho ganado. Estaba casado y con hijos. Alah, el Altísimo, le dio igualmente el conocimiento de los lenguajes de los animales y el canto de los pájaros. Habitaba este comerciante en un país fértil, a orillas de un río. En su morada había un asno y un buey. Cierto día llegó el buey al lugar ocupado por el asno y vio aquel sitio barrido y regado. En el pesebre había cebada y paja bien cribadas, y el jumento estaba echado, descansando. Cuando el amo lo montaba, era sólo para algún trayecto corto y por asunto urgente, y el asno volvía pronto a descansar. Ese día el comerciante oyó que el buey decía al pollino: "Come a gusto y que te sea sano, de provecho y de buena digestión. ¡Yo estoy rendido y tú descansado, después de comer cebada! Si el amo te monta alguna que otra vez, pronto vuelve a traerte. En cambio, yo me reviento arando y con el trabajo del molino". El asno le aconsejó: "Cuando salgas al campo y te echen el yugo, túmbate y no te menees aunque te den de palos. Y si te levantan, vuélvete a echar otra vez. Y si entonces te vuelven al establo y te ponen habas, no las comas, fíngete enfermo. Haz por no comer ni beber en unos días, y de ese modo descansarás de la fatiga del trabajo". Pero el comerciante seguía presente, oyendo todo lo que hablaban. Se acercó el mayoral al buey para darle forraje y le vio comer muy poca cosa. Por la mañana, al llevarlo al trabajo, lo encontró enfermo. Entonces el amo dijo al mayoral: "Coge al asno y que are todo el día en lugar del buey". Y el hombre unció al asno en vez del buey y le hizo arar todo el día.

Al anochecer, cuando el asno regresó al establo, el buey le dio las gracias por sus bondades, que le habían proporcionado el descanso de todo el día; pero el asno no le contestó. Estaba muy arrepentido.

Al otro día el asno estuvo arando también durante toda la jornada y regresó con el pescuezo desollado, rendido de fatiga. El buey, al verle en tal estado, le dio las gracias de nuevo y lo colmó de alabanzas. El asno le dijo: "Bien tranquilo estaba yo antes. Ya ves cómo me ha perjudicado el hacer beneficio a los demás". Y en seguida añadió: "Voy a darte un buen consejo de todos modos. He oído decir al amo que te entregarán al matarife si no te levantas, y harán una cubierta para la mesa con tu piel. Te lo digo para que te salves, pues sentiría que te ocurriese algo". El buey, cuando oyó estas palabras del asno, le dio las gracias nuevamente, y le dijo: "Mañana reanudaré mi trabajo". Y se puso a comer, se tragó todo el forraje y hasta lamió el recipiente con su lengua. Pero el amo les había oído hablar.

En cuanto amaneció fue con su esposa hacia el establo de los bueyes y las vacas, y se sentaron a la puerta. Vino el mayoral y sacó al buey, que en cuanto vio a su amo empezó a menear la cola, a ventosear ruidosamente y a galopar en todas direcciones como si estuviese loco. Entonces le entró tal risa al comerciante, que se cayó de espaldas. Su mujer le preguntó: "¿De qué te ríes?". Y él dijo: "De una cosa que he visto y oído; pero no la puedo descubrir porque me va en ello la vida". La mujer insistió: "Pues has de contármela, aunque te cueste morir". Y él dijo: "Me callo, porque temo a la muerte". Ella repuso: "Entonces es que te ríes de mí".

Y desde aquel día no dejó de hostigarle tenazmente, hasta que le puso en una gran perplejidad. Entonces el comerciante mandó llamar a sus hijos, y así como al kadí[9] y a unos testigos. Quiso hacer testamento antes de revelar el secreto a su mujer, pues amaba a su esposa entrañablemente porque era la hija de su tío paterno[10], madre de sus hijos y había vivido con ella ciento veinte años de su edad. Hizo llamar también a todos los parientes de su esposa y a los habitantes del barrio y refirió a todos lo ocurrido, diciendo que moriría en cuanto revelase el secreto.

[9] Kadí: juez. [10] "Hija de su tío": su esposa.

Entonces toda la gente dijo a la mujer: "Por Alah sobre ti, que no te ocupes más del asunto; pues va a perecer tu marido, el padre de tus hijos". Pero ella replicó: "Aunque le cueste la vida no le dejaré en paz hasta que me haya dicho su secreto". Entonces ya no le rogaron más. El comerciante se apartó de ellos y se dirigió al estanque de la huerta para hacer sus abluciones y volver inmediatamente a revelar su secreto y morir.

Pero había un gallo lleno de vigor, capaz de dejar satisfechas a cincuenta gallinas, y junto a él hallábase un perro. Y el comerciante oyó que el perro increpaba al gallo de este modo: "¿No te avergüenza el estar tan alegre cuando va a morir nuestro amo?". Y el gallo preguntó: "¿Por qué causa va a morir?". Entonces el perro contó toda la historia, y el gallo repuso: "Por Alah, que poco talento tiene nuestro amo. Cincuenta esposas tengo yo y a todas sé manejármelas perfectamente, regañando a unas y contentando a otras. ¡En cambio, él sólo tiene una y no sabe entenderse con ella! El medio es bien sencillo: bastaría con cortar unas cuantas varas de morera, entrar en el camarín de su esposa y darle hasta que sucumbiera o se arrepintiese. No volvería a importunarle con preguntas". Así dijo el gallo, y cuando el comerciante oyó sus palabras se iluminó su razón, y resolvió dar una paliza a su mujer.

El visir interrumpió aquí su relato para decir a su hija Schehrazada: "Acaso el rey haga contigo lo que el comerciante con su mujer". Y Schehrazada preguntó: "¿Pero qué hizo?". Entonces el visir prosiguió de este modo: Entró el comerciante llevando ocultas las varas de morera, que acababa de cortar, y llamó aparte a su esposa: "Ven a nuestro gabinete para que te diga mi secreto". La mujer le siguió; el comerciante se encerró con ella y empezó a sacudirla varazos hasta que ella acabó por decir: "¡Me arrepiento, me arrepiento!". Y besaba las manos y los pies de su marido. Estaba arrepentida de veras. Salieron entonces, y la concurrencia se alegró muchísimo, regocijándose también los parientes. Y todos vivieron muy felices hasta la muerte.

Dijo. Y cuando Schehrazada, hija del visir, hubo oído este relato, insistió nuevamente en su ruego: "Padre, de todos modos quiero que hagas lo que te he pedido". Entonces el visir, sin replicar nada, mandó que preparasen el ajuar de su hija, y marchó a comunicar la nueva al rey Schahriar.

Mientras tanto, Schehrazada decía a su hermana Doniazada: "Te mandaré llamar cuando esté en el palacio, y así que llegues y veas que el rey ha terminado su cosa conmigo, me dirás: Hermana, cuenta alguna historia maravillosa que nos haga pasar la noche. Entonces yo narraré cuentos que, si quiere Alah, serán la causa de la emancipación de las hijas de los musulmanes". Fue a buscarla después el visir, y se dirigió con ella hacia la morada del rey. El rey se alegró muchísimo al ver a Schehrazada, y preguntó a su padre: "¿Es ésta lo que yo necesito?". Y el visir dijo respetuosamente: "Sí, lo es". Pero cuando el rey quiso acercarse a la joven, ésta se echó a llorar. Y el rey le dijo: "¿Qué te pasa?". Ella contestó "oh, rey poderoso, tengo una hermanita de la cual quisiera despedirme". El rey mandó buscar a la hermana, y apenas vino se abrazó a Schehrazada, y acabó por acomodarse cerca del lecho. Entonces el rey se levantó, y cogiendo a Schehrazada, le arrebató la virginidad. Después empezaron a conversar.

Doniazada dijo entonces a Schehrazada: "Hermana, por Alah sobre ti, cuéntanos una historia que nos haga pasar la noche". Y Schehrazada contestó: "De buena gana, y como un debido homenaje, si es que me lo permite este rey tan generoso, dotado de tan buenas maneras". El rey, al oír estas palabras, como no tuviese ningún sueño, se prestó de buen grado a escuchar la narración de Schehrazada. Y Schehrazada, aquella primera noche, empezó su relato con la historia que sigue:

NOCHE 1

Schehrazada dijo al rey, su señor: He llegado a saber, oh rey afortunado, que hubo un mercader entre los mercaderes, dueño de numerosas riquezas y de negocios comerciales en todos los países.

HISTORIA DEL MERCADER Y EL EFRIT

Un día montó a caballo y salió para ciertas comarcas a las cuales le llamaban sus negocios. Como el calor era sofocante, se sentó debajo de un árbol, y echando mano al saco de provisiones, sacó unos dátiles, y cuando los hubo comido tiró a lo lejos los huesos. Pero de pronto se le apareció un efrit de enorme estatura que, blandiendo una espada, llegó hasta el mercader y le dijo: "Levántate, para que yo te mate como has matado a mi hijo".

El mercader repuso: "¿Pero cómo he matado yo a tu hijo?". Y contestó el efrit: "Al arrojar los huesos, dieron en el pecho a mi hijo y lo mataron". Entonces dijo el mercader: "Considera, oh gran efrit, que no puedo mentir, siendo, como soy, un creyente. Tengo muchas riquezas, tengo hijos y esposa, y además guardo en mi casa depósitos que me confiaron. Permíteme volver para repartir lo de cada uno, y te vendré a buscar en cuanto lo haga. Tienes mi promesa y mi juramento de que volveré en seguida a tu lado. Y tú entonces harás de mí lo que quieras. Alah es fiador de mis palabras".

El efrit, teniendo confianza en él, dejó partir al mercader. Y el mercader volvió a su tierra, arregló sus asuntos, y dio a cada cual lo que le correspondía. Después contó a su mujer y a sus hijos lo que le había ocurrido, y se echaron todos a llorar: los parientes, las mujeres, los hijos. Después el mercader hizo testamento y estuvo con su familia hasta el fin del año. Al llegar este término se resolvió a partir, y tomando su sudario bajo el sobaco, dijo adiós a sus parientes y vecinos y se fue muy contra su gusto. Los suyos se lamentaban, dando gritos de dolor.

En cuanto al mercader, siguió su camino hasta que llegó al jardín en cuestión, y el día en que llegó era el primer día del año nuevo. Y mientras estaba sentado, llorando su desgracia, he aquí que un jeique[11] se dirigió hacia él, llevando una gacela encadenada. Saludó al mercader, le deseó una vida próspera, y le dijo: "¿Por qué razón estás parado y solo en este lugar tan frecuentado por los efrits?".

[11] Jeique: anciano respetable.

Entonces le contó el mercader lo que le había ocurrido con el efrit y la causa de haberse detenido en aquel sitio. Y el jeique dueño de la gacela se asombró grandemente, y dijo: "Por Alah, oh hermano, que tu fe es una gran fe, y tu historia es tan prodigiosa; que si se escribiera con una aguja en el ángulo interior de un ojo, sería motivo de reflexión para el que sabe reflexionar respetuosamente".

Después, sentándose a su lado, prosiguió: "Por Alah, oh mi hermano, que no te dejaré hasta que veamos lo que te ocurre con el efrit". Y allí se quedó, efectivamente, conversando con él, y hasta pudo ayudarle cuando se desmayó de terror, presa de una aflicción muy honda y de crueles pensamientos. Seguía allí el dueño de la gacela, cuando llegó un segundo jeique, que se dirigió a ellos con dos lebreles negros. Se acercó, les deseó la paz y les preguntó la causa de haberse parado en aquel lugar frecuentado por los efrits.

Entonces ellos le refirieron la historia desde el principio hasta el fin. Y apenas se había sentado, cuando un tercer jeique se dirigió hacia ellos, llevando una mula de color de estornino. Les deseó la paz y les preguntó por qué estaban sentados en aquel sitio. Y los otros le contaron la historia desde el principio hasta el fin. Pero no es de ninguna utilidad el repetirla. A todo esto, se levantó un violento torbellino de polvo en el centro de aquella pradera. Descargó una tormenta, se disipó después el polvo y apareció el efrit con un alfanje muy afilado en una mano y brotándole chispas de los ojos.

Se acercó al grupo, y dijo cogiendo al mercader: "Ven para que yo te mate como mataste a aquel hijo mío, que era el aliento de mi vida y el fuego de mi corazón". Entonces se echó a llorar el mercader, y los tres jeiques empezaron también a llorar, a gemir y a suspirar. Pero el primero de ellos, el dueño de la gacela, acabó por tomar ánimos, y besando la mano del efrit, le dijo: "¡Oh efrit, jefe de los efrits y de su corona! Si te cuento lo que me ocurrió con esta gacela y te maravilla mi historia, ¿me recompensarás con el tercio de la sangre de este mercader?". Y el efrit dijo: "Verdaderamente que sí, venerable jeique. Si me cuentas la historia y yo la encuentro extraordinaria, te concederé el tercio de esa sangre".

CUENTO DEL PRIMER JEIQUE

El primer jeique dijo: Sabe, oh gran efrit, que esta gacela era la hija de mi tío[12] carne de mi carne y sangre de mi sangre. Cuando esta mujer era todavía joven, nos casamos y vivimos juntos cerca de treinta años. Pero Alah no me concedió tener de ella ningún hijo. Por esto tomé una concubina, que, gracias a Alah, me dio un hijo varón, más hermoso que la luna cuando sale. Tenía unos ojos magníficos, sus cejas se juntaban y sus miembros eran perfectos. Creció poco a poco, hasta llegar a los quince años. En aquella época tuve que marchar a una población lejana, donde reclamaba mi presencia un gran negocio de comercio.

[12] "Hija de mi tío": eufemismo por el que suelen llamar los árabes a sus mujeres.

La hija de mi tío, o sea esta gacela, estaba iniciada desde su infancia en la brujería y el arte de los encantamientos. Con la ciencia de su magia transformó a mi hijo en ternerillo, y a su madre, la esclava, en una vaca, y los entregó al mayoral de nuestro ganado. Después de bastante tiempo, regresé del viaje; pregunté por mi hijo y por mi esclava, y la hija de mi tío me dijo: "Tu esclava ha muerto, y tu hijo se escapó y no sabemos de él". Entonces, durante un año estuve bajo el peso de la aflicción de mi corazón y el llanto de mis ojos.

Llegada la fiesta anual del día de los Sacrificios, ordené al mayoral que me reservara una de las mejores vacas, y me trajo la más gorda de todas, que era mi esclava, encantada por esta gacela. Remangado mi brazo, levanté los faldones de la túnica, y ya me disponía al sacrificio, cuchillo en mano, cuando de pronto la vaca prorrumpió en lamentos y derramaba lágrimas abundantes. Entonces me detuve, y la entregué al mayoral para que la sacrificase; pero al desollarla no se le encontró ni carne ni grasa, pues sólo tenía los huesos y el pellejo. Me arrepentí de haberla matado, pero ¿de qué servía ya el arrepentimiento? Se la di al mayoral, y le dije: "Tráeme un becerro bien gordo". Y me trajo a mi hijo convertido en ternero.

Cuando el ternero me vio, rompió la cuerda, se me acercó corriendo, y se revolcó a mis pies, pero ¡con qué lamentos!, ¡con qué lamentos! Entonces tuve piedad de él, y le dije al mayoral: "Tráeme otra vaca, y deja con vida a este ternero".

En este punto de su narración, vio Schehrazada que iba a amanecer, y se calló discretamente, sin aprovecharse más del permiso. Entonces su hermana Doniazada le dijo: "¡Oh hermana mía! ¡Cuán dulces y cuán sabrosas son tus palabras llenas de delicia!". Schehrazada contestó: "Pues nada son comparadas con lo que os podría contar la noche próxima, si vivo y el rey quiere conservarme". Y el rey dijo para sí: "Por Alah, que no la mataré hasta que haya oído la continuación de su historia".

Después, el rey y Schehrazada pasaron toda la noche abrazados. Luego marchó el rey a presidir su tribunal. Y vio llegar al visir, que llevaba debajo del brazo un sudario para Schehrazada, a la cual creía muerta. Pero nada le dijo de esto al rey, y siguió administrando justicia, designando a unos para los empleos, destituyendo a otros, hasta que acabó el día. Y el visir se fue perplejo en el colmo del asombro, al saber que su hija vivía. Cuando hubo terminado el diwán[13], el rey Schahriar volvió a su palacio.

[13] Diwan: Sesión de Justicia, o sala de la misma.

Coronavirus. Una mujer de 90 años muere tras ceder su respirador a los más jóvenes. Miércoles, 1 - Abril - 2020

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Coronavirus

Una mujer de 90 años muere tras ceder su respirador a los más jóvenes: "Tuve una buena vida"
La anciana belga renunció al soporte vital para que pudiese ir otros pacientes. "Hicisteis todo lo que pudisteis", disculpó a los médicos antes de fallecer.
As.com

El colapso médico a que se están viendo sometidos los sistemas sanitarios de las principales potencias del mundo está dejando ver escenas poco agradables: momentos en los que los responsables deben decidir entre dar los respiradores, el bien que más escasea y que más útil resulta en los casos que se agravan, a una u otra persona; en ciertas etapas del coronavirus, la falta de ese respirador puede significar la muerte, ante la fuerte neumonía que desarrolla el virus.

Ha trascendido el caso de una mujer belga de 90 años que, en dicha situación, renunció al respirador para que estuviese disponible para personas más jóvenes y con más tiempo por delante. 


La mujer, llamada Suzanne Hoylaerts, se dirigió así a los médicos que la atendían para rechazar su ayuda: "No quiero respiración artificial, guardadla para pacientes más jóvenes. Yo ya he tenido una buena vida. No lloréis, hicisteis todo lo que pudisteis". Así lo ha declarado su hija Judith al diario Het Lasste Nieuws.

Tras sus generosas palabras de renuncia al respirador, Suzanne falleció. Una muerte que su hija no podrá llorar como en otras ocasiones habría sido habitual, pues las medidas de seguridad por la crisis del COVID-19 implican que los afectados no pueden tener contacto con parientes, ni siquiera a la hora de ser enterrados: "No pude decirle adiós y no puedo ir a su funeral", comentó Judith al citado medio.

Dios le haya acogido en sus brazos benditos de Padre, por su buena acción y renuncia del respirador, a favor de otros hermanos sufrientes.


“ÁNGELES” FRENTE A LA MUERTE. INCALCULABLE VALOR DE UNA CARICIA. Miércoles, 1 - Abril - 2020

"Ventana abierta"


Archidiócesis de Sevilla

ÁNGELES” FRENTE A LA MUERTE. INCALCULABLE VALOR DE UNA CARICIA


Cuando el mundo se volvió del revés por efecto del COVID-19 y fue desterrado de la convivencia el tacto de una piel que expresa lo que nunca podrá decirse con palabras, especialmente en los instantes álgidos de la vida, de algún modo comenzó a percibirse la dimensión de un gesto insustituible que tal vez no siempre fue valorado en su justa medida.

Un abrazo, una palabra, una caricia consoladora cargada de emociones y esperanzas, colmada de gratitud y de ternura es lo que la mayoría hemos conocido desde nuestro nacimiento. No suele entrar las cábalas de nadie llegar al umbral de la existencia abruptamente sin tener a su lado el rostro de los seres queridos. Desconocemos la forma, el momento… Pero es un hecho que salvo las excepciones que impone lo inesperado o el devenir de la vida, no se produce la soledad aparte de la que íntimamente experimenta el que se encuentra en ese trance.

Hallándose en peligro un familiar, un amigo, incluso un vecino, enseguida se ponen en marcha los mecanismos oportunos de modo que no se afronta en soledad ese instante supremo porque en la cabecera se encuentran los seres más queridos dando un adiós, que a todos llega, haciéndose a la idea de que es la hora de esa separación terrena, y para quienes tenemos fe, el fin de una peregrinación que nos abre las puertas de la vida eterna donde todo sufrimiento no tiene cabida.

En estos momentos de aislamiento una de las situaciones dramáticas que impacta de forma singular es saber que el único consuelo que reciben los moribundos es el que les proporcionan los sanitarios y los capellanes. Dice Fernando Rielo, fundador de los misioneros identes que “la muerte es la frontera entre dos mundos que se abrazan”. Los sacerdotes que los asisten jugándose la vida hacen de “enlace” entre ellos. Son transmisores de esperanza, dadores de paz, los que serenan el espíritu, ayudan a disolver el miedo… Son también aprendices de una fortaleza que emana de tantas personas abocadas a la muerte por este coronavirus que no respeta edad ni condición.

Los capellanes de algún modo asumen esa presencia añorada de los seres queridos y sin poder reemplazarlos porque es imposible, sanan y alivian las heridas de un corazón que parte dejando en esta orilla de la vida el mensaje de un bálsamo que esperan se traslade a los suyos. Son receptores y transmisores de esos ramilletes de emociones que casi congelan la respiración. Testigos de heroicidades, y a veces protagonistas de ellas porque jugándose la vida han elegido estar al lado del que sufre, son “ángeles” que custodian su último aliento. Es uno de los privilegios de su vocación.

Imaginémonos lo que ha de suponer el impacto que experimentará esa persona que vive porque otra se desprendió de su respirador, alguien que tal vez se halla en una cama o estancia contigua y a la que no podrá acercarse jamás… Hoy que no hay roce de la piel, con los ojos humedecidos por tantas situaciones que desbordan lo que hasta ahora conocimos, nos abrazamos todos más que nunca. Compartimos desde nuestros hogares las heridas de los demás.

Y ahora un apéndice. Hay quienes en estos días no comprenden que alguien que tiene fe haya tenido miedo a la muerte hallándose confinado en el hospital, que experimentase un estremecimiento ante ella. Aparte de que esta es una sociedad que no ha sido educada para afrontarla y que a los niños se les ha escondido o dulcificado la partida de seres cercanos narrándoles el hecho como si fuese un cuento, el resto de la vida quien más quien menos no ha dejado espacio para hablar de ello con naturalidad excepto cuando no hay más remedio. Y a lo mejor quien se sorprende de que en momentos tan graves como los que se viven afloren ciertas emociones de esta naturaleza ignora que Cristo mismo tembló en el Huerto de los Olivos. Reconocer la fragilidad nos hace más fuertes, más auténticos, más humanos. Y de eso justamente estamos necesitados. Piedad, misericordia que van unidas a la solidaridad orante y activa tendría que ser ahora nuestro alimento. Sigamos vinculados con fe y oración en esta cuaresma dolorosa, y dando gracias a Dios.

UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA. Día 36º. MIÉRCOLES, 1 - abril - 2020

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UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA CUARESMA
Día 36º. MIÉRCOLES 1 de abril de 2020

Texto del Padre José Pedro Manglano Castellary

Sé fiel en lo poco. Plinio, un escritor romano de la antigüedad, cuenta que unos sicarios asesinaron a un hombre que tenía un perro. El perro, que se había quedado sin amo, permaneció junto al cadáver de su amo muchos días, para impedir que las aves de rapiña o las fieras carroñeras lo devorasen.

Habla también de otro perro de un ciudadano romano condenado a muerte, que no quiso alejarse de la cárcel donde estaba preso su amo. Hasta después de¡ suplicio -añade- permaneció junto al cadáver, manifestando su dolor con tristes ladridos. Y cuando el cuerpo del amo fue arrojado al Tíber, se lanzó también al río, donde le vieron emplear todas sus fuerzas para impedir que se hundiera el cadáver.

Es el instinto de los animales. No podemos hablar de auténtico amor. Pero da la impresión de que hasta las criaturas irracionales nos dan lecciones, nos exhortan a dar gracias, a amar y ser fieles a los demás.

¿Eres tú fiel en lo poco? ¿Hablas mal de alguien que no está presente? ¿Cuándo quedas en algo, lo cumples? ¿Dices siempre la verdad, aunque sea en tonterías? ¿Engañas en el juego? Señor, que sea fiel en lo poco, que sea fiel a los demás y a Ti.

Continúa hablándole a Dios con tus palabras



Ahora es el momento importante, en el que tú hablas a Dios con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Cuando lo hayas hecho termina con la oración final.


ORACIÓN FINAL

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


Excelente actuación de equilibrio y coordinación

"Ventana abierta"

Rincón para orar. SI PERMANECEMOS EN SU PALABRA SEREMOS LIBRES. Miércoles, 1 - Abril - 2020

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Rincón para orar


Sor Matilde


CUARESMA


SI PERMANECEMOS EN SU PALABRA SEREMOS LIBRES

31 Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: « Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos,
32 y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. »
33 Ellos le respondieron: « Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres? »
34 Jesús les respondió: « En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo.
35 Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre.
36 Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.
37 Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros.
38 Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre. »
39 Ellos le respondieron: « Nuestro padre es Abraham. » Jesús les dice: « Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.
40 Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham.
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. » Ellos le dijeron: « Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios. »
42 Jesús les respondió: « Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado. (Jn. 8,31-42)


Ser discípulos de la Palabra es ser discípulos de Jesús. Él se ha definido: “Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida”. “El que escucha la Palabra y la pone por obra” anda en la Verdad. Y ella nos hace sentirnos libres… ¿de qué?: del pecado y de la muerte…
Nosotros vivimos “en libertad”, creemos por nuestra autonomía y porque vemos que hay otros que están oprimidos en su cuerpo… Pero la esclavitud del cuerpo es ínfima comparada con las ataduras del alma… ¡Éstas son las que nos hacen verdaderamente esclavos! “El esclavo, no se queda en la casa”… Es decir, no está con el Padre, disfrutando de la unión en el Amor con Él. Es Jesús, el Hijo, el que nos libera de nuestras esclavitudes interiores, que es el pecado… Él, ha venido para esto…! Pero nos tenemos que dejar desatar de tantas ligaduras! ¡Él lo sabe hacer y puede hacerlo! …
Jesús, les dice a los judíos: “Mi Palabra no cala en vosotros”. Y de este ser endurecidos para la gracia sale el pecado: “Tratáis de matarme a mí que os he hablado de la Verdad que le escuché a Dios”… Primero, son los corazones duros, a los que le siguen las acciones perversas: ¡matar impunemente al Autor de la Vida, Cristo el Señor!…
Estos enfrentamientos entre Jesús y los judíos, se ven a menudo en el Evangelio de San Juan. Es el evangelista que ha captado muy bien la lucha entre la luz y las tinieblas. ¡Éstas nunca podrán acoger la luz, porque son diametralmente opuestas!… Si todos somos hijos de un mismo Padre: Dios, ¿cómo es que no escuchamos y acogemos al que Él ha enviado?… ¡Estamos ante el misterio del mal, que sólo Dios sabe desvelar estos extraños comportamientos!… Entender el mal es sólo cosa de Dios; pero seguirlo, es cosa nuestra. Aquí, Él nos ha dado discernimiento y libertad para no dejarnos invadir por el Maligno. Nuestra libertad no está hecha para el mal, pero sí que nos deja seguir o no seguir el bien…
!Dios nos libre de caminar por estos caminos de muerte y destrucción como es el pecado!…
¡Señor, empuja nuestra libertad hacia Ti, bien supremo, y saborearemos “¡cuán bueno es el Señor!”… ¡No queremos seguir las malas inclinaciones a las que está sometido, algunas veces, nuestro corazón!… ¡Haznos semejantes a Ti, Jesús, que siempre estuviste atento a escuchar la voluntad del Padre sobre tu persona humana!... ¡Tu voluntad Santa y nunca la nuestra!…

HOY EL RETO DEL AMOR ES VER AL SEÑOR DETRÁS DE CADA IMPREVISTO Y PEDIRLE LUZ PARA PODER SOLUCIONARLOS. Miércoles, 1 Abril - 2020

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HOY EL RETO DEL AMOR ES VER AL SEÑOR DETRÁS DE CADA IMPREVISTO Y PEDIRLE LUZ PARA PODER SOLUCIONARLOS

Hola, buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

LOS IMPREVISTOS

Una de la cosas que más impactada me tiene de este tiempo es la cantidad de imprevistos que están surgiendo, y cómo cada día se intenta ponerles solución; no puedes aplazarlos para más adelante, porque mañana surgirán otros.
La Priora nos ha reunido a la Comunidad y ha querido que dialoguemos cada una lo que está viviendo, sus miedos, sus inquietudes, sus esperanzas, ilusiones... y cómo afrontar juntas esta situación con cada imprevisto (siendo un momento especial para la Comunidad) y qué es lo que cada una quiere y siente. Somos familia, y como familia se dialoga, y juntas caminamos: un tiempo para dar gracias por este regalo que son las hermanas.
En el convento han surgido muchos imprevistos, te comparto algunos:
La Eucaristía; tenerla que ver por Internet. La verdad es que te reconozco que ha sido extraño no ver al sacerdote en el altar, verlo vacío. Pero le daba gracias al Señor porque tenemos estos medios para poder tener la Eucaristía.
Cambios de horarios, para adaptarnos a la nueva situación; pero esto te hace vivir el momento presente.
Otro imprevisto ha sido aprender a hacernos el pan. A las hermanas les encanta comer pan, pues, como había la posibilidad de hacerlo nosotras, no nos lo hemos planteado. Es verdad que los primeros días salió quemadito... pero ahora ya sale perfecto. Cada vez que veo pan en la bandeja, le doy gracias al Señor por ello, cosa que antes lo veía como normal, y no lo valoraba.
El desinfectante nos pilló fuera de juego, y hemos hecho nosotras desinfectante casero: para todas las monjas su botecito, que cada una pueda usarlo. Y le doy gracias al Señor porque alguien pensó en todos y publicó cómo hacerlo. Y también las hermanas torneras pidieron mascarillas, que se han hecho.
La elaboración de las pulseras-detente y su envío; cada poco Correos Express saca nuevas normas y hay que adaptar todo para hacer lo posible para que lleguen, contando con muchos paquetes devueltos por imposibilidad de acceder... pero cada día le pedimos al Señor seguir luchando por llevar esperanza hasta los hogares.
Pero el imprevisto más fuerte es ver el sufrimiento, en la enfermedad, en la muerte, en los trabajadores... y cada día le pedimos al Señor una Palabra de esperanza para todo el que contacta con el Monasterio.
Hoy el reto del amor es ver al Señor detrás de cada imprevisto y pedirle luz para poder solucionarlos. Porque los imprevistos nos enseñan a vivir de la mano del Señor en el momento presente. Como nos dice Jesús: “Cada día tiene su afán...”. Hoy soluciona tres cosas que tengas en la trastienda de imprevistos.
VIVE DE CRISTO
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¡Feliz día!

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