"Ventana abierta"
Estamos viendo en nuestras iglesias y en
nuestras calles, eso que llamamos “misterios”. Sí, misterio es una cosa,
persona o situación oculta, incomprensible a primera vista, pero que en el
fondo de nuestro interior, adivinamos algo que nos dice que “algo
hay en eso que no comprendo pero que intuyo ser cosa importante
para mí y para la sociedad. No lo comprendo, me supera, pero es importante…
Siempre aparecen dos protagonistas con
recorrido vital complejo; Jesús en sus pasos de dolor; y siempre detrás,
como fiel seguidora, una Virgen en expresiones de compañía con el
dolor de su Hijo y con el dolor de tal madre. Los personajillos (y
no quiero despreciarlos) expresan en sus gestos, o maldad o compañía. Todo un
sacramento de Bien y de Mal. Dios presente y el mundo, fuerte o débil.
Gracia y pecado.
Hoy Jueves Santo me detengo ante el Cristo de la Meditación.
Meditar es meterse a fondo en lo esencial junto a lo
accidental. Toda una cátedra que educa en el presente y abre caminos al futuro.
¡Cuidado!
Dice Saint Exupérit que “lo esencial es siempre
oculto, invisible a los ojos”. Significa que el verdadero valor de las
personas y cosas —amor, amistad, sentimientos— no se percibe a simple vista,
sino con el corazón, la intuición y la experiencia interior. Invita a
mirar más allá de las apariencias físicas, el materialismo o lo superficial,
enfocándose en la empatía y la sensibilidad emocional. Implica entender la
realidad a través de las conexiones emocionales y los lazos invisibles que unen
a las personas. Esta enseñanza resalta que los lazos humanos y las emociones
genuinas son los que dan sentido a la vida, superando lo tangible.
Incienso, tronos, pasos, costaleros, música,
emociones, lágrimas…
¡Vayamos a lo esencial.
Hoy me centro en dos mandatos ineludibles
de Jesús, reunido en la cena pascual con sus discípulos, cerca ya de su muerte;
los discípulos estupefactos oyeron de Jesús estos mandatos y los transmitieron
como esenciales: haced esto en memoria mía (Lucas 22, 19) y esto
os mando, que os améis unos a otros como yo os he amado (Juan 15, 17-19).
. Haced esto en memoria mía. Comer es necesario, alimentarse para tener vitalidad en las ocupaciones, proyectos, trabajos, éxitos, fracasos o vida corriente, vulgar. Y hacedlo juntos, perdonándoos cuando sea necesario, ayudándoos siempre unos a otros, solidarizándoos con las redes que tengamos en la sociedad, en el mundo entero… esa será vuestra fuerza interior. Seréis grupo, no seáis indiferentes, alimentaos de mí. Yo, dice Jesús, seré vuestro punto de referencia como personas, como ciudadanos, como cristianos. Nihil humanum alienum a me puto Semper. Esas comidas familiares os harán salir del yo, abriros al tú y al vosotros.
. Esto os mando: que os améis unos a otros como yo os he amado. Sí, cuando os sintáis fuertes, cuando os sintáis débiles, amenazados, sin fuerzas, cuando programéis, cuando estudiéis. Pecadores o en gracia de Dios, “esto es lo que os mando”. San Ignacio decía a los jesuitas “así en la vida, en la enfermedad o en la muerte, dad testimonio de amor…”
Las relaciones humanas, a veces, son
difíciles, complicadas, insoportables… conocemos el tema. Cierto, pero en
la tiniebla a que muchas veces estamos sometidos, Jesús nos
abre los ojos para que veamos su amor que baja de la cruz, máxima
expresión de entrega y amor y su gran mandato.
“Decía Jesús a sus discípulos, “muchas otras
cosas tengo que deciros…el Espíritu Santo os irá enseñando” (Juan, 21,25)
Sí, pero ahora me está hablando. ¡Bendita
Semana de Dios!
Lo esencial es invisible. Pero Cristo en
nuestras calles, en nuestras celebraciones, en nuestras convivencias, nos
quita la venda de los ojos, y abre nuestros sentidos a lo esencial. Aleluya.
P. Leonardo sj






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