"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
AL QUE VENGA A MÍ, NO LO ECHARÉ FUERA
35 Les dijo
Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá
hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
36 Pero ya os lo he
dicho: Me habéis visto y no creéis.
37 Todo lo que me dé
el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
38 porque he bajado del cielo,
no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
39 Y esta es la
voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado,
sino que lo resucite el último día.
40 Porque esta es la
voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida
eterna y que yo le resucite el último día».
La voluntad del Padre, ha sido
una Obra sagrada: enviar a su Hijo al mundo para salvar a
todo el que crea en ÉI. Así, el Padre, en su deseo de
amar, no ha enviado a su Hijo solo sino que le ha dado una
innumerable cantidad de hermanos para que lo amen, así como
el Padre ama al Hijo: dándose vida mutuamente. Jesús, es
nuestra Vida, y al que se acoge a Ella,
tiene Vida eterna y estos “muchos hermanos”, son
la Iglesia. Pero no solo Ella, es el motivo de los desvelos de
Jesús, pues ÉI también dijo: “tengo otras ovejas que no son
de este redil, a éstas también las tengo que traer y
habrá un solo rebaño y un solo Pastor que las cuide”. Jesús, atrae
a todos los hombres hacia Sí. Y sabemos que
no todos responden a esta solicitud del Pastor, de
atraerlos a su Corazón. ¡Pero, aun así, serán muchedumbre!
“Jesús es también el Pan
de Vida”. Y, este Pan que sacia el hambre, es
el alimento de los seguidores de Jesús. Todos necesitamos de este Pan,
pero, ¡ah no todos quieren alimentarse de Él! Prefieren otros
alimentos que no dan hartura. Porque, Jesús también
dijo: “¡Me habéis visto y no creéis!”. Mas, los que
el Padre ha dado a Jesús, Él los cuida y nadie quedará
fuera del amor de su Corazón. “Yo, no los echaré fuera”. Si
Jesús es Amor, ¿cómo va a poder olvidarse o rechazar a los que lo
buscan con solicitud? Ninguno de estos se perderá. Él, es también
el Buen Pastor, y, sabe cómo tratar a cada una de sus
ovejas. Aún, las que se le extravían. Si es necesario, la
cargará sobre sus hombros, para que no vuelvan a escapársele.
Y el premio de este ser “los hermanos de
Jesús”, es gozar de la misma Vida eterna que Él goza de
junto al Padre en su Gloria. Y, su Gloria nos
llega por la participación de la Resurrección de Jesús. Él, nos
resucitará en el último día y ya nadie podrá arrebatarnos de su
mano, porque, también es Poderoso para salvar.
¡Señor Jesús, tantos premios de Amor de tu Corazón nos
pones ante los ojos, si creemos en Ti y en todo lo que has hecho
por nosotros! ¿Cómo podremos pagarte todo el bien que nos has hecho? Sí,
con la misma moneda con que Tú nos compraste, y esta es el Amor porque,
“Amor con Amor se paga”.
¡Tú, has puesto en nuestros corazones
sed de eternidad y esta no quedará saciada hasta que descanse
en Ti! ¡Creemos en Ti Jesús, pero, sólo Tú puedes
hacer crecer nuestra fe hasta asentir con todo nuestro corazón que, un
día, nuestros cuerpos y nuestras almas resucitarán, gozarán contigo de un
alma y un cuerpo gloriosos!
¡Vivamos ya aquí en la tierra, no pensando mucho, sino amando mucho hasta vernos ya fuera del peligro de apartarnos un día de Ti para volvernos a los ídolos, que no son Dios! ¡Qué tu Rostro en la fe, sacie nuestras ansias de Ti, y de la Gloria del Padre! ¡Espíritu Santo, no te aparten de mí mis frivolidades de ir y venir hacia tu Corazón! ¡Fíjame en el Amor a Dios por tantas veces como me has amado sin tener en cuenta mis faltas y pecados! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!





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