"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
ORAR, DAR, AYUNAR, ES CUARESMA
« Cuidad de no practicar
vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo
contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
2 Por tanto, cuando
hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas
en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres;
en verdad os digo que ya reciben su paga.
3 Tú, en cambio, cuando
hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;
4 así tu limosna quedará en
secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
5 « Y cuando oréis, no
seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las
esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad
os digo que ya reciben su paga.
6 Tú, en cambio, cuando
vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu
Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
recompensará.
16 « Cuando ayunéis,
no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que
los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
17 Tú, en cambio, cuando
ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
18 para que tu ayuno sea visto,
no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre,
que ve en lo secreto, te recompensará. (Mt.
6, 1-6. 16-18)
La Cuaresma, tiempo privilegiado que nos regala
la Iglesia, viene siempre de la mano de la Palabra de Dios.
Ella, es la que tenemos que desentrañar en todo su ser. Porque, la Palabra de Dios, contiene
la voluntad divina en esencia. Quien se deja empapar en
la Palabra, no yerra, sino que camina en la fidelidad y el amor.
Decimos que, el programa de vida, en
este clima, es examinar, de la mano del Espíritu Santo qué
hago y qué me dejo hacer en la oración. Y, no me refiero a los ratos que están
marcados como “tiempo de oración”. En ellos, escucho
a Dios; Le suplico y
espero qué me dice la Palabra a mi demanda; Le
doy gracias por todo lo que en su bondad me ha querido dar; Y por
fin, le alabo y bendigo porque es Dios y no criatura… Pido
al Señor, una estima alta y subida de Quién lo tiene
todo, lo ama todo, lo puede todo. ¡Un ser así, merece mi
adoración!
Pero ¿Y en los ratos en los que no estoy quieta
ante el Señor, sino el resto de los tiempos en
que trabajo, leo, estudio, voy y vengo, pienso llenando mis
vacíos de mente y a veces no ocupándolos en sanos tiempos de
ocio, sino en dañinos entretenimientos?…
Y tantas y tantas cosas que me identifican,
como “yo y mío”. Todo este material es el que llevo sobre mis hombros
sin comunicar nada fuera y lo pongo ante el Espíritu
Santo. Él, es un buen “Discernidor” que, criba lo
bueno, lo menos bueno, lo indiferente y a veces lo que no está bien.
Y, es en este momento en el que Jesús mismo me pide ayunar de tantas
cosas, con Él, por ÉI y para Él,
santificando, poco a poco, todo lo mío. He de dar a Jesús los frutos
de una verdadera conversión. Es lo que los maestros de espíritu
llaman “peinar el cabello”, una y otra vez hasta dejar el pelo claro
y translúcido. Porque un pelo “enredado” ¡es el lugar donde
el Enemigo realiza su tarea de llevarnos al error o a las dudas
sobre Dios, queriendo apagar nuestra fe! Nos hace ver lo
malo por bueno y viceversa, nublando nuestra razón y también llevándonos a un
amor excesivo a mi “yo”.
Pero en este trabajo no estoy solo. Dios con
su Espíritu Santo me guía. Y, “la Victoria es de
nuestro Dios” si nos cobijamos bajo su sombra y le escuchamos
solo a ÉI. Esto así contemplado nos parece muy difícil. Pero, si en todo
momento buscamos la presencia de Dios que, siempre está dentro
de nosotros y, por nada nos apartamos de ella, no dejamos
espacio donde el Diablo, pueda entrar en mí. Yo, fiel a buscarlo en
la fe y, todo, poco a poco, se va haciendo luz y la paz entra
por todos los entresijos de mi alma.
¡Agradar a Dios en todo! ¡Se lo suplicamos al Espíritu Santo de Amor y Él lo hará! ¡Que así sea! ¡Amén! ¡Amén!




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