"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
SOR MATILDE
DAME DE BEBER AGUA VIVA
5 Llega, pues, a una ciudad de Samaria
llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.
6 Allí estaba
el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado
junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
7 Llega una
mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.»
8 Pues sus
discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer
samaritana:
9 «
¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? »
(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)
10
Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que
te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría
dado agua viva.»
11 Le dice
la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de
dónde, pues, tienes esa agua viva?
12
¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él
bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
13
Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener
sed;
14
pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua
que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.»
15
Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no
tenga que venir aquí a sacarla. »
16 El le
dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.»
17 Respondió la
mujer: «No tengo marido.» Jesús le dice: «Bien has
dicho que no tienes marido,
18
porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso
has dicho la verdad. »
19 Le dice
la mujer: «Señor, veo que eres un profeta.
20 Nuestros padres
adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se
debe adorar.»
21
Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte,
ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis
lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación
viene de los judíos.
23 Pero llega
la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre
en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.
24 Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.»
25 Le dice
la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo
explicará todo.»
26
Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando.»
40 Cuando llegaron
donde él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí
dos días.
41 Y fueron
muchos más los que creyeron por sus palabras,
42
y decían a la mujer: Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos
hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.» (Jn. 4,
5-26.40-42)
Es
impresionante este Evangelio, porque los diálogos y el encuentro de
Jesús con una mujer pagana de Samaria, le da ocasión de abrir su corazón y
mostrarle, primero a ella y después a todo el pueblo de Sicar, los tesoros
que anidan en Dios y el deseo imperioso que tiene
de comunicárnoslos y darnos a
raudales, esa “Agua Viva” que, salta hasta la vida eterna.
Nosotros, pasamos
nuestra vida bebiendo el agua de “arroyitos” que, no sacian la
sed. Como le sucedía a esta mujer que, día tras día, había de ir al
pozo y con el esfuerzo de sus brazos, sacar agua para saciar la sed de su
cuerpo. Su vida, se movía en la monotonía y el cansancio de un
gastarse en cosas que, no dan hartura. Pero Jesús, le
ofrece, sin preámbulos, un agua viva. Le pide de beber y le
promete un agua que sacia, porque va de su corazón y vida, a la eternidad
que, es el ansia de todo hombre.
Si
esto lo supiéramos vivencialmente, haríamos lo que dijo Jesús: “¿Si
supieras Quién soy Yo?, tú, me pedirías a mí y Yo te
daría Agua Viva”. Y esta agua, como una
catarata, formaría un manantial que, nunca deja de
manar, porque es eterna. Y aquí, está la promesa de su Palabra: “pedid
y se os dará. ¿Cómo no daré el Espíritu Santo a los que me lo
piden?”. Jesús, es Señor de su Espíritu Santo y lo da a quien
quiere, con tal que se lo pidamos con fe de que Él, lo puede hacer
y ha anunciado que lo hará.
En
este Evangelio, me sorprende este “desnudar” Jesús su
intimidad, y por tanto la del Padre. Ambos a dos, son una
misma cosa y cuando nos habla Jesús, es
el Padre también, quien nos habla. Nosotros que, somos tan
celosos de nuestra intimidad que, muchas veces no la dejamos ver
ni siquiera a los que amamos. Y el problema es que, no
queremos que nos hieran, si exponemos a los otros todos los entresijos que
acompañan nuestra vida. Pero Jesús, no actuaba así. Sabía que los judíos
no se hablaban con los samaritanos y precisamente a una mujer samaritana la
provoca a que, dialogue con Él y le pida aquello que quiere
regalarle: “Señor, dame esa
agua”. Y primero, la invita, como Dios que es y lo
conoce todo, a que se convierta de su mala vida. Y no lo
niega y lo reconoce y en este dejarse ver por dentro, se ofrece
a Éste que, es el Profeta, el Mesías, a que la
sane y la revista de ese Don de Dios, el Espíritu Santo
que Él, la quiere dar.
Todo
es entrega de Dios a su criatura y
esta, sin defensas, abre el odre su corazón para
que, Él lo llene de su Amor. Así, quiere Jesús
que “hoy escuchemos su voz y no endurezcamos nuestro corazón” con las
reservas, o con las desconfianzas.
¡Creamos, creamos
hoy a Jesús que nos regala “oro de felicidad” con
sus Palabras! ¡No echemos en terreno baldío tantas ofertas de
felicidad! ¡No frustremos el plan de Dios que, hoy nos sigue mirando
con un amor y una ternura infinitas!





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