"Ventana abierta"
P. Leonardo Molina García. S.J.
EL CRISTIANO NO DEBE SER LEGALISTA
José Luis SicreFe Adulta
Domingo 6 T.O. Ciclo A
José Luis Sicre
Domingo 6 T.O. Ciclo A
Las bienaventuranzas y las parábolas de la
sal y de la luz, leídas en los domingos anteriores, forman la Introducción al
Sermón del Monte. A partir de este momento, Mateo presenta la oferta religiosa
de Jesús, contraponiéndola a la de los escribas y fariseos: “Os digo que si
vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos no entraréis en
el reino de los cielos”.
“Justicia” no significa aquí “justicia
social”, sino fidelidad a Dios, cumplimiento de lo que él considera justo.
Y lo que está en juego es entrar en el reino de los cielos, formar parte de la
comunidad cristiana en este mundo, y del futuro reino de Dios.
Ya que el evangelio nos sitúa ante una
alternativa: entrar o no entrar en el reino de Dios, la primera lectura
(Eclesiástico 15,16-21) se orienta en la misma línea. Aquí la alternativa
consiste en observar los mandamientos de Dios o negarse a ello. No se
trata de algo indiferente. Lo primero equivale a elegir el agua y la vida;
lo segundo, a optar por el fuego y la muerte.
Advertencia previa sobre el evangelio
La liturgia ofrece dos posibilidades: 1)
una lectura breve, que recoge solo algunas de las afirmaciones principales
contenidas en Mt 5,17-37; 2) una lectura larga, que no omite nada,
desarrollando el contenido de la breve. Aunque la primera resulta a veces
descarnada y omite ideas muy importantes, la segunda es tan compleja, y con
temas tan distintos, que resulta imposible explicarlos en una homilía. Me
limitaré a algunas indicaciones sobre la breve. Quien desee un comentario a
todo el pasaje puede verlo en J, L, Sicre, El evangelio de Mateo. Un drama con final feliz (Verbo
Divino 2019) páginas 114-123.
Los escribas
Sociológicamente, los escribas
constituyen un grupo muy heterogéneo, al que pertenecen sacerdotes de
elevado rango, simples sacerdotes, miembros del clero bajo, de familias
importantes y de todos los estratos del pueblo (comerciantes, carpinteros,
constructores de tiendas, jornaleros). Incluso encontramos gente que no eran de
ascendencia israelita pura, sino hijos de madre o padre convertidos al
judaísmo. El poder de los escribas radica en exclusivamente en su ciencia.
Quien deseaba ser admitido en la corporación debía hacer un ciclo de estudios
de varios años. Generalmente, desde los 14 años de edad dominaba la exégesis de
la Ley (Pentateuco). Pero la edad canónica para la ordenación eran los 40
años. A partir de entonces estaba capacitado para zanjar por sí mismo las
cuestiones de legislación religiosa y ritual, para ser juez en procesos
criminales y tomar decisiones en los civiles, bien como miembro de una corte de
justicia, bien individualmente. Tenía derecho a ser llamado rabí. Y se
les abrían los puestos claves del derecho, de la administración y de la enseñanza.
El peligro del legalismo
A pesar de la gran estima de que gozan
entre la gente, a Jesús no le resultan simpáticos. No quiere que sus
seguidores se parezcan a los escribas, ni que los puedan confundir con ellos.
Porque en su postura existe un peligro gravísimo de legalismo, es decir,
de exaltación de la ley y de la norma por encima de todas las cosas. Al
legalismo, se puede llegar por dos caminos muy parecidos:
a) Buscando seguridad humana.
Una persona inmadura, con miedo a correr riesgos, prefiere que le indiquen en
cada momento lo que debe hacer. Cuantas más normas, mejor, porque así no se
siente insegura.
b) Buscando seguridad religiosa.
Estas personas conciben la salvación como algo que se gana a pulso, a base de
esfuerzo, cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios. Esta voluntad de Dios
no la conciben como una actitud global en la vida, sino concretada en una serie
de actos. Cuantas más normas me dicten, mejor conoceré lo que Dios quiere y me
resultará más fácil salvarme.
En lo anterior hay cosas buenas y malas.
Pero lo más grave es que la persona amante de las normas corre el peligro
de quedarse en la letra de la ley, sin profundizar en su espíritu, que es
más exigente. Por ejemplo, la ley manda no comer carne los viernes de cuaresma.
Y se queda tranquila con cumplir la letra de la ley, pero no le preocupa comer
langosta o gambas. La ley manda ir a misa los domingos y días de fiesta, y la
cumple a rajatabla; pero quizá no dedica ni un minuto a Dios durante el resto
de la semana.
Otro grave riesgo de la mentalidad
legalista es que, con la ley en la mano, se puede machacar al prójimo y
amargarle la existencia. Se critica al que no vive como uno considera
conveniente, se lo condena, incluso se lo persigue.
La crítica de Jesús al legalismo
Para combatir esta postura legalista y
enseñar a sus discípulos a actuar cristianamente, Mateo pone en labios de Jesús
seis casos concretos, referentes al asesinato, adulterio, divorcio, juramento,
venganza y amor al prójimo (Mateo 5,21‑48). Este domingo se leen tres de los
cuatro primeros [se omite el referente al divorcio]; el domingo próximo se
leerán los dos últimos.
En el primer caso, asesinato, Jesús lleva
la ley a sus consecuencias más radicales. El
quinto mandamiento prohíbe matar. La mentalidad legalista, ateniéndose a la
letra, se contenta con no hincarle un puñal al prójimo. Jesús dice que el
espíritu del mandamiento va mucho más lejos. Lo importante no es sólo respetar
la vida física del prójimo, sino también toda su persona.
En el segundo caso, adulterio, Jesús
también interpreta el mandamiento de forma radical. La letra de la ley sólo se fija en
el hecho físico. Pero Jesús va a su espíritu profundo, teniendo en cuenta
incluso el peligro remoto de caer.
En el cuarto caso (el tercero se omite en
la lectura breve), a propósito del juramento, también anula la ley. Jesús se mueve en una sociedad que
usa y abusa del juramento. El discípulo de Jesús tiene que moverse en una
honradez y sinceridad tan absolutas que le baste decir sí y no.
Este domingo hemos visto dos formas de
combatir el legalismo: llevar la ley a sus consecuencias más radicales y
anularla. El próximo domingo veremos otro recurso: cambiar la ley por una norma
más exigente.
Reflexión final
La primera lectura habla de una
alternativa entre agua y fuego, vida y muerte. Para Jesús, la alternativa
consiste en entrar en el reino de Dios o quedarse fuera. El escriba estaría de
acuerdo en que lo mejor es guardar los mandamientos y ser fiel a la voluntad de
Dios. Pero Jesús diría: “Depende de cómo interpretes esa voluntad”. Si lo haces
en plan legalista, limitándote a la letra de la ley, no puedes seguirme, no
puedes entrar en el Reino de Dios. El evangelio de hoy se presta a un examen de
conciencia, especialmente a propósito de nuestra relación con el prójimo, al
que a veces estamos asesinando sin darnos cuenta.
Nota: a veces, no pecamos de legalismo sino de frescura juvenil. Despreocupada: cada uno hace lo que le da la gana (bien o mal) y casi siempre nadamos y guardamos la ropa. O simplemente, echamos los fardos a nuestra canasta… Solución: sinceridad, honradez y atención a la voluntad de Dios.



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