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Sean bienvenidos
Invitación y bienvenida
Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.
Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.
Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!
Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.
Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...
Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.
Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)
jueves, 2 de septiembre de 2010
jueves, 26 de agosto de 2010
Los no invitados por la sociedad.
Los no invitados por la Iglesia.
Son todos los marginados.
Son todos los excluidos.
Son todos los pobres.
Son todos los que luego no pueden invitarnos.
Los que carecen de una mesa o de una silla para sentarse.
Les basta la silla del suelo y la mesa es un papel tendido sobre la tierra.
¿Quién invita a la reunión de los 7 o de los 20 a los pueblos marginados?
¿Quién les invita a los pobres del mundo?
¿Quién les invita a aquellos cuyas riquezas muchas veces explotamos los demás?
¿A caso no tienen nada que decir hoy a los países ricos?
La verdad que no sé cuántos pobres son invitados por la Iglesia a sentarse a la mesa de los grandes.
Tampoco en la mía veo demasiados invitados pobres.
Porque cuando alguien es invitado a mi comunidad, tiene que ser o una alta autoridad de la Jerarquía, a algún amigo al que le debemos favores.
En todos los años que llevo de vida consagrada todavía no he visto invitado a ningún pobre o mendigo.
Siempre he sentido cierto rechazo a esos titulares de los periódicos cuando hablan de que el Papa, los Obispos, los Sacerdotes en un acto de humildad han lavado los pies a doce pobres, doce ciegos o doce hombres del Asilo de Ancianos.
Porque siempre pensé que lavar los pies a un hermano, quienquiera que fuese, no era un acto de humildad sino de espíritu de servicialidad. Lavar los pies a un pobre no es un gesto de humildad sino de servicio.
¿No son también ellas las excluidas en la Iglesia?
¿No las excluimos de casi todo en la Iglesia?
No las excluimos de la comunión eucarística, claro está.
Pero luego las queremos lejos del altar.
¿Contamos con ellos a la hora de tomar decisiones?
Tenemos el “Presbiterio de los sacerdotes”.
Aún no conozco “Presbiterio alguno de mujeres”.
No entro en la discusión de su exclusión del Sacerdocio.
Pero no todo es sacerdotal en la Iglesia.
Hay muchas cosas no sacerdotales en la Iglesia.
Se necesitan algo más que secretarias.
¿Pero dónde están ellas a la hora de tomar decisiones?
Simón se escandalizó de que una mujer, y esta pecadora besara y lavase los pies de Jesús. ¿Aceptaríamos hoy que las mujeres lavasen los pies en la Iglesia o sólo las queremos para que nos laven los platos en la cocina?
lunes, 23 de agosto de 2010
Reflexionando el Evangelio - Domingo XXI del Tiempo Ordinario. Lunes, 23 - Agosto - 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
Domingo 21 C. del T.O. Sólo el amor nos puede salvar.
“Tú vales mucho más de lo que piensas. Tu trabajo y tu presencia en esta tierra son importantes, aunque no lo creas”.
Los padres tienen más fe en su autoridad que en su amor.
Por eso luego tenemos hijos inmaduros e inseguros.
Los educadores prefieren el rigor de su autoridad a la bondad de una sonrisa, de la comprensión o de una palabra amable.
Así tenemos alumnos soldados y no hombres libres.
La autoridad tiene más fe en la fuerza que en el respeto y valoración de las personas.
Preferimos la obediencia al Derecho Canónico que el amor del Evangelio. La ley “de la mediocridad”.
La ley se convierte en la meta de todo ideal. Por eso la ley impide crecer. Basta estar siempre en el mismo sitio y no pretender mayores ascensiones. Basta ser obediente, por más que nunca experimentemos la iniciativa de la creatividad personal.
El amor cree y se fía de las personas y las deja crecer aunque se salgan con frecuencia de los marcos establecidos y abran caminos nuevos.
Con la ley nunca tendremos héroes que escalen altas y peligrosas montañas.
Con la ley nunca tendremos héroes que se arriesguen a lo desconocido.
Con la ley nunca tendremos quienes piensen distinto a nosotros y se dediquen simplemente a repetir lo de siempre, lo que nosotros pensamos.
En cambio, vivir del amor claro que es siempre más peligroso porque el amor es siempre creativo y vive de la libertad del Espíritu. Y el Espíritu es viento que sopla y empuja, recrea: “Ven Espíritu Santo y recrea la faz de la tierra”.
Vivir del amor es vivir cada día atentos a las nuevas oportunidades, a las nuevas sorpresas de la vida, a la originalidad diaria de Dios que nunca se repite.
¿Es el amor la “puerta estrecha”? Es posible.
Porque el amor es siempre más exigente.
Porque el amor es siempre más libre y la libertad es riesgo.
Porque el amor es siempre más comprometido.
Porque el amor es siempre más generoso.
Porque el amor es siempre más atento a las necesidades de los demás.
Porque el amor es siempre más sorpresivo.
jueves, 12 de agosto de 2010
La sonrisa de María. 12 - Agosto - 2010
Lástima que en el aquel tiempo no hubiese cámaras fotográficas para que San José o el mismo Jesús le hubiese sacado una buena foto. Yo estoy seguro que saldría sonriendo.
Le hemos puesto todas las caras habidas y por haber. Pero eso sí, como era tan buena y tan santa, siempre seria. Cara bonita, pero seria.
Pareciera que para ser bueno y santo hay que plegar bien los labios y no enseñar los blancos dientes con una sonrisa.
Conocemos demasiado bien a la Virgen Dolorosa.
¿Y conoceremos igualmente a la Virgen de la Alegría?
Porque yo estoy seguro de que María debió de ser la mujer más feliz y alegre del pueblo. Y razones tenía de sobra para ello.
¡Yo no quiero pensar que María nunca le regaló una sonrisa y hasta una linda carcajada a José!

¿Y ustedes se imaginan a una madre que no le regale cada día infinidad de sonrisas al Niño, haciéndole cuchi cuchi o haciéndole cosquillitas en la barriguita?
Sonrisas del Niño.
Sonrisas de la Madre.
Sonrisas del Carpintero.
Yo quiero la Virgen de la sonrisa de la visitación.
Yo quiero la Virgen de la sonrisa del encuentro beatífico con Dios.
¿No fue a caso la Asunción el momento de suprema felicidad de María?
¿No fue a caso la Asunción el momento de la suprema realización de María?
¿No fue a caso la Asunción el momento del supremo encuentro con Dios?
Y si en el cielo hacen fiesta por un pecador que se convierte, ¿qué fiesta no habrá habido en el cielo con la llegada de la que nació Inmaculada y nunca tuvo salpicadura alguna del mismo.
Yo quiero la Virgen de la sonrisa que hace fiesta en el cielo.
En infinidad de pueblos serán Fiestas patronales, con música y baile.
Pero ¿y en la Iglesia?
Bueno espero que la Misa sea cantada.
¿Pero con curas con una piedad y fervor que más parece dolor de estómago?
¿Con monaguillos que tienen prohibido perder su formalidad?
¿Con un Pueblo de Dios con caras largas de fervor, hasta que salgan de la Iglesia y entonces suene la fiesta?
jueves, 5 de agosto de 2010
¡Qué bien le viene esto a mi marido!
¡Qué bien le viene esto a mi esposa!
¡Qué bien le viene esto a fulanito!
Diera la impresión de que la Palabra de Dios siempre le viene a medida al resto, menos a nosotros mismos.
Y había una Señora ya mayor, que según decían ni sabía lo que tenía de lo rica que era. Y se encontró con un sacerdote de nuestra comunidad y muy suelta de lengua le dice: “Padre…. ¿ya escuchó el otro día a Don Claudio? ¡Qué cosas dijo contra los ricos, Padre, y qué bien dichas! Los ricos para ella eran los otros, no para ella que se pudría en dinero.
Es posible que no en la misma medida pero que a muchos de nosotros nos suceda lo mismo. Escuchamos por otros y para otros. Y a nosotros ni nos salpica.
¿Qué hay hambre en el mundo y muchos se mueren porque no tienen qué comer? Ah, pero de eso tienen la culpa los otros. A mí que me registren.
¿Qué hay muchos ancianos abandonados? ¡Vaya hijos los de hoy!
¿Qué hay enfermos a quien nadie visita? ¡Es que la gente hoy solo piensa en ella misma! Claro, yo no soy gente.
¿Qué la gente hoy no colabora? Es que hay demasiado egoísmo. Pero yo no muevo en dedo.
¿Que la Iglesia anda mal? La culpa la tienen los curas.
¿Que muchos abandonan la Iglesia? Eso es culpa de los de arriba.
Lo difícil es escuchar la Palabra de Dios como dicha para mí.
Lo difícil es sentir el dolor de los demás como compromiso para mí.
Lo difícil es ver esas fotos de niños con hambre como enviadas para mí.
Señor, cuándo vemos los pecados de tu Iglesia, ¿soy yo culpable o los demás?
Dios habla a todos. Pero se dirige personalmente a mí.
¡Qué fácil me resulta como sacerdote interpretar la Palabra de Dios para los fieles que me escuchan!
¿Pero la interpreto primero como dicha para mí?
Jesús dijo un día que si no creían a sus palabras, creyesen al menos a sus obras.
La mejor predicación de la palabra será cuando los demás la puedan leer en mi vida.
El mejor anuncio de la solidaridad será cuando me vean solidario a mí.
El mejor anuncio de la comprensión será cuando me vean a mí comprensivo con todos.
Mi mejor homilía será aquella que los fieles puedan reconocer en mi vida.
domingo, 1 de agosto de 2010
María: Madre de Dios y Madre nuestra.
jueves, 29 de julio de 2010
Pero resulta que también el hermano casado sacó sus cuentas. Bueno, yo tengo suficiente, además tengo esposa y tengo hijos, mientras que mi hermano tiene que vivir solo. Y cada noche bajaba al granero y echaba algo de su trigo en los sacos de su hermano. Así pasaron los días hasta que una noche, por esa coincidencias de la vida, los dos se encontraron en el granero haciendo la misma faena. Se sonrieron. Se dieron un abrazo.
La noticia cundió por el pueblo. Cuando murieron los dos hermanos el pueblo decidió levantar en aquel lugar una Iglesia. ¿Qué mejor lugar para una Iglesia que un granero donde en secreto se vivía la caridad y el amor fraterno?
Lo que definitivamente nos diferencia a todos es:
Si en vez de pensar en uno mismo pensamos en los demás.
Si en vez de pensar en nuestras necesidades pensamos en las de los otros.
Si en vez de amontonar para nosotros decidimos compartir con los demás.
Si en vez de pensar que yo soy soltero y necesito asegurar mi futuro porque luego no tendré nadie que se preocupe de mí, prefiere cada noche compartir su trigo con el hermano que posiblemente tenga más necesidades hoy.
Muchos se imaginan que la caridad solo es un parche a las necesidades de los demás. La caridad es pan para hoy y hambre para mañana.
Y para ello, es preciso acudir a la justicia.
Hoy tiene mejor prensa la justicia que la caridad o el amor.
Pero la justicia es dar a cada uno lo que le corresponde.
En tanto que la caridad va mucho más allá de la justicia. Es compartir de lo nuestro para que el otro tenga más de lo que le toca.
¿Pero será suficiente la justicia sin amor?
Por la simple justicia lo mío es mío, aunque el otro se muera de hambre.
Por la simple justicia el pobre tiene lo que le toca y el rico almacena lo que realmente él sembró.
La justicia puede terminar por ser una “codicia justa”.
En tanto el amor mira mucho más lejos que nuestros propios graneros.
La codicia nos hace exclamar: “hombre, tienes acumulado para muchos años; túmbate, come y bebe u date buena vida”.
En cambio, el amor contempla todo lo que uno tiene, pero inmediatamente se fija en que otros no pueden tumbarse, ni comer ni beber ni darse buena vida, porque viven cada día escuchando la misma música de sus necesidades.
El hombre de la parábola posiblemente era justo. Lo que tenía era suyo. Le pertenecía.
Pero carecía del sentimiento de la solidaridad, del sentimiento del compartir, del sentimiento de amor.
Es la historia de estos nuestros dos hermanos.
Habían repartido con sentido de justicia.
Pero luego el amor de sus corazones les llevó a compartir de lo suyo con el otro en el secreto de la noche.
Hasta que el secreto se hizo día en sus almas, se hizo encuentro fraterno y se hizo sonrisa y se hizo abrazo.
La Iglesia está llamada a ser justa y a anunciar la justicia.
Pero sobre todo, la Iglesia está llamada a ser el testigo fiel del amor que proclama Jesús en el Evangelio.
Dios es justo. Pero con la justicia que se encierra en el amor.
Dios es justo. Pero Dios es, por encima de todo, amor.
Dios es justo con la justicia del amor “hasta entregar su vida por los demás”.
La justicia no debe hacernos olvidar el amor, como el amor no debe hacernos olvidar la justicia.
¡Qué bueno hubiese sido que la parábola de Jesús terminase: “hombre tienes suficiente, come y bebe y date buena vida, porque hoy todos los hombres tienen lo suficiente para vivir, para comer y beber y vivir una vida digna de su condición humana”.
jueves, 22 de julio de 2010
Es que nos hemos acostumbrado a rezar el Padre nuestro con tanta facilidad que casi nos sale espontáneo y lo rezamos sin enterarnos de lo que decimos. Cada vez estoy más convencido de que eso de rezar un Padre nuestro no es nada fácil, sino bien difícil. Debiera ser fácil. Pero termina siendo difícil.
Lo aprendimos de memoria como aprendimos a sumar, restar, multiplicar y dividir.
Pero ¿alguien nos enseñó a rezarlo?
Porque una cosa es saber y decir de memoria el Padre nuestro.
Y otra muy distinta es saber rezarlo.
Porque eso de rezar no es decir palabras de memoria.
Jesús mismo nos previene que no usemos demasiada palabrería.
Porque rezar es entrar en comunión de sentimientos con el mismo Jesús.
Porque rezar es abrir nuestro corazón al corazón de Dios.
Porque rezar es poner en sintonía y afinamiento nuestro corazón con el corazón de Dios.
Y porque rezar el Padre nuestro es entrar en la vivencia del Evangelio del Reino.
Todo comienza con una experiencia de Dios como Padre.
Todo comienza con una experiencia de sentirnos hijos de Dios.
Todo comienza con una experiencia de comunión con todos los hermanos.
Es decir, comenzamos por crearnos un clima espiritual y una vivencia de paternidad, filiación y fraternidad. Y sólo desde ese clima y esa vivencia tienen sentido el resto de invocaciones y peticiones.
Pero Jesús los sitúa en un marco distinto al de Juan.
La oración del cristiano comienza con una visión, una experiencia y una vivencia distinta de un Dios también distinto. Por eso la oración refleja muy bien, nuestra idea de Dios. Alguien lo expresó muy bien “dime cómo rezas y a quién rezas y te diré como es tu Dios”. Que pudiéramos traducir también: “dime como es tu oración y te diré cómo es tu fe”.
La experiencia de Dios como “Padre”.
La experiencia de que no rezamos solos sino como comunidad de hijos-hermanos.
La experiencia de que somos la gran familia de Dios “nuestro”.
Podemos rezar desde la soledad, pero nunca rezamos “solos”.
Rezamos siempre unidos a toda la comunidad y familia de Dios.
Unidos a todos los hombres, en nombre de todos los hombres.
En nombre de toda la Iglesia.
No rezamos como “huérfanos”, pero tampoco “como hijo único”.
Rezamos como “familia numerosa”.
Ponerlo en tono de paternidad divina.
Ponerlo en tono de filiación divina.
Ponerlo en tono de fraternidad divina.
Cuando hayamos sintonizado bien estas tres experiencias, ya será más fácil entender lo de “tu nombre”, “tu reino” y “tu voluntad”, como también “nuestro pan”, “nuestro perdón” y “nuestras tentaciones”.
jueves, 15 de julio de 2010
Es bueno el “servir” que es el oficio de Marta. Pero mucho mejor es el oficio de María: “estar con” y “escuchar”. Nadie dudaría de que, si llegado el mediodía, no hay almuerzo prepa- rado, todos se hubiesen quejado. Pero también es cierto que, tener un invitado en casa y dejarlo solo viendo televisión, por causa de los pucheros, tampoco resulta demasiado elegante.
“Sentada …”
Cuando se trata de escuchar a alguien no valen las prisas.
Sólo se escucha bien cuando uno está tranquilo y no mirando al reloj.
Sólo se escucha bien sentados, señal de que tengo todo el tiempo para ti.
Sólo se escucha bien cuando el otro se siente cómodo porque sabe que no nos está quitando nuestro tiempo.
Una de las condiciones para hablar y escucharnos es que tú y yo nos sintamos a gusto, sintiendo que tú eres importante para mí y yo soy importante para ti.
Estar con Jesús
“Estar con Jesús” para escucharle. Quien no tiene tiempo para “escucharle a El” nunca llegará a intimar con El ni nunca llegará a compartir sus sentimientos. Por algo Pablo pide a la comunidad cristiana “sentid en vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús”.
Creemos por lo que otros han sentido y experimentado.
Creemos por lo que otros dicen de El.
Pero no creemos “porque nosotros mismos lo hemos visto y le hemos oído y escuchado”.
“Estar como pareja”
También la pareja necesita comer. También los hijos necesitan comer. Con el estómago vacío pareciera que también el amor languidece. Gregorio Marañón decía en uno de sus libros que, el éxito del matrimonio entre los vascos, estaba en que las mujeres conocían muy bien los gustos culinarios y los estómagos de sus maridos.
Amar tener tiempo para estar a tu lado.
Amar es tener tiempo para prestarte atención.
Amar es tener tiempo para decirte que tú eres ahora lo más importante.
Amar es tener tiempo para ti.
Amar es tener tiempo para hacerte sentir que escucharte es importante para mí.
Amar es tener tiempo para compartir juntos nuestros sentimientos, nuestras alegrías, nuestras penas y preocupaciones.
Estar como padres
Tampoco solemos tener tiempo para escuchar a los hijos.
Porque también los hijos quieren sentir que ellos son importantes.
Porque también los hijos quieren sentir que alguien les escucha.
Porque también los hijos necesitan sentir que son algo más que consumidores de “loncheras” o de comida.
Y cuando nadie les escucha es que nadie les da importancia.
¿No será por eso que prefieren la calle, porque allí sus amigos sí les escuchan?
Pero también se necesitan Marías que prefieren dedicar su tiempo a escuchar a los demás. ¿Cuánto tiempo disponemos para “estar con” y para “escuchar al otro”?
jueves, 8 de julio de 2010
En mi vida he leído demasiados libros con títulos bien provocativos: “La esencia del cristianismo”. Confieso que hasta ahora me han complicado más la vida que todo lo que me han aclarado en mis dudas. En cambio, de una manera más simple y sencilla, con una simple parábola, Jesús me acaba de aclararlo todo.
En mi vida he leído demasiados libros con títulos bien provocativos: “La esencia del cristianismo”.
En mi vida he leído demasiados libros con títulos bien provocativos: “La esencia del cristianismo”. Confieso que hasta ahora me han complicado más la vida que todo lo que me han aclarado en mis dudas. En cambio, de una manera más simple y sencilla, con una simple parábola, Jesús me acaba de aclararlo todo. “detenerse en el camino y no caminar dando rodeos cuando alguien me necesita”.
La fe de los piadosos
Muchos nos damos por satisfechos con ser piadosos. Rezamos mucho. Oramos mucho. Comulgamos todos los días. Realmente Tenemos una relación muy buena con Dios. Bueno, eso creemos nosotros.
¿Será suficiente ser piadosos para ser buenos creyentes?
El Sacerdote “que bajaba por aquel lugar” era un hombre piadoso. Venía de Jerusalén, posiblemente de cumplir con los servicios del Templo.
El Levita también venía de Jerusalén, posiblemente de hacer comentarios e interpretaciones de la ley.
Sin embargo, fueron incapaces de detener su paso y acercarse al hombre caído y maltrecho del camino. Muy devotos de Dios, pero demasiado insensibles hacia el necesitado. A Dios se dirigían cada día de una manera directa. Pero llegados al hombre herido, prefirieron “dar un rodeo y pasar de largo”. “Ojo que no ve corazón que llora”.
Me gusta lo que escribe Benedicto XVI en su Encíclica “Dios es caridad”: “Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre al prójimo solamente como al “otro”, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo “piadoso” y cumplir con mis “deberes religiosos”, se marchita también la relación con Dios”. (DC 18)
Y añade: “Será únicamente una relación “correcta” pero sin amor. Sólo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, me hace sensible también ante Dios. Sólo el servicio al prójimo abre mi ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama”. (id 18)
No sólo poco piadoso, sino pagano, infiel. Un samaritano.
También él pasa por el mismo camino. También él ve al hombre caído y descalabrado por unos bandidos.
Posiblemente también él llevaba prisa por llegar a destino. Pero la atención al hombre necesitado era más urgente que sus prisas.
Ni dio rodeos ni pasó de largo. Bajó del caballo, le vendó las heridas y se lo cargó hasta dejarlo en una posada. Y se hizo cargo de los gastos que todos los cuidados implicaban. “Lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta”.
No se fijó si era uno de los que no se hablaba con los samaritanos. Era un necesitado.
No se fijó si alguien lo veía. Le era suficiente que él pudiera verlo herido.
No pensó que con ello se ganaría el cielo. Sencillamente manifestó su amor al prójimo.
No se le veía mucho por la Iglesia. Pero se le veía vendando las heridas de los demás.
No era muy amigo de curas. Pero llevaba dentro el amor al prójimo.
No daba mucha limosna a la Iglesia. Pero no le dolió abrir la billetera y gastar lo que fuese necesario para curar al hombre herido.
No se preguntó si sería un hombre bueno o se había merecido la paliza. Sencillamente vio en él a un hombre.
No se preguntó si algún día le devolvería el favor. Le bastó saber que era un hombre y estaba en malas condiciones.
jueves, 1 de julio de 2010
Los hombres siguen siendo los mismos, pero también diferentes.
Las inquietudes y problemas de los hombres siguen siendo los mismos, pero también diferentes.
El corazón de los hombres sigue siendo el mismo, pero también diferente.
Antes se podía llevar un sermón repetido en infinidad de sitios, prescindiendo de la realidad de cada situación.
Se podía hablar sin tener en cuenta la realidad de cada corazón y de cada mente.
Es más. Tal vez ya no nos sirva el sistema de contar con grandes masas que nos escuchen y tengamos que acercarnos a cada uno en particular y hablarle a cada uno el lenguaje que él pueda entender. Nadie cuestiona hoy en Castilla que antes se segaba todo con la hoz y se necesitaba de mucha gente. Tampoco nadie debiera cuestionar hoy el cambio de nuestra manera de proclamar y anunciar el Evangelio hoy.
Tal vez hoy no necesiten de sermones, pero sí de alguien que les escuche primero.
Tal vez hoy no necesiten de muchas palabras, pero sí de alguien que les tienda una mano y los acompañe en el camino como Jesús con los dos de Emaús.
Tal vez hoy no necesiten de muchos discursos dichos desde los púlpitos de las Iglesias, pero sí de más encuentros personales en la calle, en el hogar, en la oficina o incluso en su mundo de diversión.
Tal vez hoy no estén dispuestos a que les demos nuestras ideas, sino que les ayudemos a que sean ellos mismos los que se encuentren con el Evangelio.
Se necesite más de una pastoral personal, capilar, de contacto individual.
Se necesite más de una pastoral de siembra.
Se necesite más de una pastoral de acompañamiento hasta que la gente encuentre por sí misma su verdad y sus respuestas.
Recordemos a la Samaritana del pozo. Luego de abrirles el camino para el encuentro con Jesús, todos dicen felices: “ahora creemos no porque tú nos lo has dicho, sino porque nosotros mismos lo hemos visto”.
El Evangelio también es el mismo.
Los caminos son diferentes.
Los métodos son distintos.
Y los encargados de anunciar el Evangelio, la Iglesia, también debemos ser distintos.
Las máquinas han suplido mucha mano de obra. Pero el Evangelio necesita cada día más obreros, más mano de obra. Las máquinas han dejado a muchos sin trabajo. El anuncio del Evangelio necesita cada día más trabajadores. En esa mies del Señor, todos tenemos algo que hacer. Todos estamos llamados e invitados. Aquí nadie podrá decir que no tiene empleo o trabajo.

































