"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
PASIÓN DE JESÚS SEGÚN SAN JUAN. VIERNES SANTO
14 Era el día de la Preparación
de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a
vuestro Rey. »
15 Ellos
gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a
crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el
César.»
16 Entonces se
lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús,
17 y él cargando
con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama
Gólgota,
18 y allí le
crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19 Pilato
redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús
el Nazareno, el Rey de los judíos.»
20 Esta
inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido
crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín
y griego.
21 Los sumos
sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: "El Rey de los
judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos".»
22 Pilato
respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.»
23 Los
soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que
hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era
sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo.
24 Por eso se
dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.» Para
que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a
suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados.
25 Junto a la
cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de
Cleofás, y María Magdalena.
26 Jesús,
viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «
Mujer, ahí tienes a tu hijo. »
27 Luego dice
al discípulo: «Ahí tienes a tu madre. » Y desde aquella hora el discípulo la
acogió en su casa.
28 Después de
esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la
Escritura, dice: «Tengo sed.»
29 Había allí
una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja
empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
30 Cuando tomó
Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el
espíritu.
31 Los judíos,
como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz
el sábado - porque aquel sábado era muy solemne - rogaron a Pilato que les
quebraran las piernas y los retiraran.
32 Fueron,
pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado
con él.
33 Pero al
llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas,
34 sino que uno
de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre
y agua.
35 El que lo
vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para
que también vosotros creáis.
36 Y todo esto
sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno.
37 Y también
otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
38 Después de
esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo
a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús.
Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo.
39 Fue también
Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a verle de noche - con una mezcla
de mirra y áloe de unas cien libras.
40 Tomaron el
cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la
costumbre judía de sepultar.
41 En el lugar
donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo,
en el que nadie todavía había sido depositado.
42 Allí, pues,
porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca,
pusieron a Jesús. (Jn.
18,1-19,42).
Nos asomamos, con gran respeto y devoción, a
los Misterios del sufrimiento y la entrega por amor de nuestro Dueño y Señor
Dios Jesucristo. Jesús aquí nos entrega toda su intimidad: “porque todo lo que
he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”.
Y lo primero que nos ha dado a conocer es que ÉI es Dios y compadecido de los
hombres extraviados, se ha hecho un hombre como uno de tantos y lo que le tuvo
clavado en nuestra mísera condición humana, fue solo el Amor. Demos vueltas al
Misterio de Jesús, Dios hecho Hombre, y no encontraremos más que amor. Amor en
su Encarnación; Amor en su crecimiento como hombre; Amor en su predicación
hecha Palabra que nos salva; Amor en sus sufrimientos de cuerpo y de alma; Amor
en su Pasión silenciosa; Amor en su Muerte en Cruz. Y es que “Dios es Amor” y
nada hay fuera de Dios que no sea Amor. Los dolores de Jesús están tamizados
por una entrega divina que da todo lo que es y tiene.
Viendo esto así, si nos acercamos a la Pasión de Cristo, ha de ser envueltos en
la gracia que nos certifica que somos hijos de Dios, y fuera de esto, nada hay
que nos haga divinos sino un olvido total de nosotros mismos: “si alguien
quiere salvar su vida, la perderá”.
Así, ya, con esta preparación, podemos unirnos a Pedro y Juan que siguen al
Maestro con temor y temblor. ¡Pero lo siguen! Lo siguieron porque su amor era
más grande que sus miedos y su indignidad como discípulos de Jesús, los
discípulos del Amor. Porque, para entender el amor del Corazón de Jesús, tenían
que pasar por la humillación de su traición y su alejamiento en el Huerto
cuando Jesús les mendigó una mano y un cuerpo que lo consolara. Nuestro Dios es
así, nos lo pide todo y al darle nuestra mano vacía, Él la llena con su
ternura.
Toda una noche muy triste para todos porque la piedad fue despreciada; el amor
abatido y en su lugar fue izada la iniquidad. Pero unos muy pocos no se dejaron
arrastrar por la tristeza o la desesperación, sino que quisieron estar bajo la
Cruz que casi los aplastaba con su peso, porque ese peso del madero solo tenía
fibras de amor y compasión de quien pendía de él: ¡Jesús, el Cordero manso
degollado!
Así, sin palabras, y con un silencio mudo por el dolor, pongámonos esta noche bajo la Cruz donde yace también “la Madre del Amor Hermoso”, María, que, sin querer comprender, se apoyaba en el regazo de Juan, “el discípulo amado” y dos mujeres más. Allí descansemos en nuestra esperanza de la futura Resurrección que, por gloriosa e increíble, nos espera al amanecer. Todo este camino es “de la Cruz a la Luz”. Allí, en la Resurrección, está el Resucitado que va desde Jerusalén a Galilea, la tierra de Jesús: “Allí me veréis”. Y así fue. ¡Que así sea para nosotros por siempre! ¡Amén! ¡Amén!




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