"Ventana abierta"
El recuerdo de la madre siempre es tranquilizador, pero cuando esta Madre es María, la paz inunda nuestra alma, la sonrisa aflora a nuestros labios, la alegría penetra a nuestra vida. Piensa, pues, con frecuencia en María, tenla presente en todos los momentos de tu vida, invócala sobre todo en los tramos más difíciles y comprometidos.
SI VAS CON ELLA, NO PERDERÁS EL RUMBO
ÁNGELUS
LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA
Cuando los santos más devotos de la Virgen se
ponían en comunicación con la celestial Señora por medio de la oración y la
contemplación, se llenaban de afecto y emoción y una felicidad inexplicable se
apoderaba de sus corazones.
Nada hace tan feliz al buen hijo como un abrazo
de su Madre.
Es preciso que nuestras relaciones personales
con nuestra tierna Madre del cielo sean íntimas y sinceras, pero también de una
ternura y confianza como sólo ella nos puede inspirar.
Si queremos que la más límpida felicidad se
apodere de nuestra vida, vivamos filialmente y cariñosamente nuestras
relaciones con María.
MARÍA QUE DESEEMOS PERSEVERAR EN LA ORACIÓN, EN LA CONFIANZA Y EN EL AFECTO FILIAL.
Padre Nuestro...
Ave María...
Gloria...
JUEVES SANTO
La última Cena. Por la mañana del Jueves, Pedro
y Juan se adelantan para preparar la cena en Jerusalén. A la tarde llegaron al
Cenáculo. Allí Jesús lavó los pies uno a uno. Luego, sentados a la mesa celebra
la primera Misa: les da a comer su Cuerpo y su Sangre y les ordena sacerdotes a
los Apóstoles para que, en adelante, ellos celebren la Misa. Judas salió del
Cenáculo antes, para entregarle. Jesús se despidió de su Madre y se fue al
huerto de los Olivos. Allí sudó sangre, viendo lo que le esperaba. Los
discípulos se durmieron. Llegó Judas con todos los de la sinagoga y le da un
beso. Entonces, le cogieron preso y todos los Apóstoles huyeron. Lo llevan al
Palacio de Caifás, el Sumo Sacerdote. Le interrogan durante toda la noche: no
duerme nada.
Hazle tú hoy compañía al Señor, que está solo. Haz el propósito de no abandonarle nunca, y de visitarle con frecuencia en el sagrario.
CON MARÍA... EL JUEVES SANTO “María y la Última
Cena”
En esta noche santa, noche de adoración
silenciosa del misterio, queremos frente al Dios hecho Pan, orar una hora con
María. Que ella, Madre de Dios y Madre nuestra, Madre del pueblo, guíe nuestra
oración, disponga nuestro corazón y nos introduzca en la contemplación del amor
eterno simbolizado en la entrega de Jesús.
“¿DÓNDE ESTABAS, MARÍA?”
¿Dónde estabas, María, aquella tarde,
cuando Jesús quería, con sus amigos,
por vez postrera , comer la Cena, Cena de
Pascua?
Cierto es que estabas, romera y peregrina,
cerca del Templo, ¿como buena judía?, ¿o como la madre buena, que intuyendo el
peligro, buscabas afanosa, como hacía muchos años, al pequeño perdido?
Dinos, María,
¿verdad que tú sabías que lo buscaban?
¿verdad que El no sabía que lo buscabas?
¿Quién te lo reveló?
¿Acaso un ángel?
¿Volvió el Ángel Gabriel para decirte:
“corre, María, que el Hijo está en peligro”?
¿o fue sólo tu intuición de madre?
Pero en Jerusalén andabas,
¿verdad, María?
Perdona, te pregunto: aquella tarde,
¿dónde estabas, María, aquella tarde?
Porque de algo, seguro, sí que estamos:
si Él lo hubiera sabido, si lo hubieras
hallado, con Él hubieras compartido la Cena, o acaso, ¿te lo hubieras llevado?
¿Dónde estabas, María, aquella tarde?
==============================
Yo estaba, sí...
y lo estaba buscando,
yo lo sabía, porque una espada,
comenzaba con fuerza a traspasarme el alma.
Yo lo sabía. Las madres no necesitan que les
digan si el alma del hijo está agitada,
o su vida en peligro.
Y sabía dónde estaba...
sabía dónde estaba, pero yo no quería
que ninguno me viera.
Bastante ya tenía mi Jesús con la pena
de estar con los amigos en la Última Cena,
bastante ya tenía con la traición de Judas;
yo le había dicho que dudara de ese hombre que
la última vez que pasó por mi casa no me miró a los ojos, ni pronunció mi
nombre.
Bastante ya tenía con la cruz que llegaba,
la cruz que había soñado de pequeño
y cuando la pensaba, turbado buscaba refugio
acá en mi seno.
Yo estaba, sí, pero sólo quería, sin que me viera, sin pronunciar palabra, estar junto a la cruz cuando la lanza le rompiera el costado y a mí la espada entera me traspasara el alma."
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.






No hay comentarios:
Publicar un comentario