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domingo, 8 de diciembre de 2024

Evangelio: San Lucas 1, 26-38. A los seis meses, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; La Virgen se llamaba María... Domingo, 8 - Diciembre - 2024

"Ventana abierta"

Comentarios breves de Benjamín González Buelta. S.J.

En un lugar apartado de la Geografía de Palestina nació María. Era una niña más del pueblo judío, sin prodigios externos. Su grandeza estaba dentro. Dios la había escogido para ser la madre de su Hijo encarnado, y la cuidó desde el comienzo preservándola del mal. En ella se realizó lo que dice Pablo a los efesios: "Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables por el amor". Ella lo fue desde el principio. Nosotros vamos caminando hacia esa meta.
"Alégrate, llena de gracia", le dijo el ángel. La alegría es una expresión de ese amor tan puro. María no creció separada de su gente, enclaustrada entre paredes y rodeada de seres perfectos, sino caminando por los callejones enlodados donde se sufría el hambre, los impuestos abusivos, la opresión de los romanos y las leyes de la sinagoga que apresaban al pueblo en un laberinto de preceptos. Por eso nuestros pueblos la consideran suya, la dibujan y la visten a su imagen con su propio color y los rasgos de su raza, la pasean, la cantan y la bailan con sus ritmos. La sienten santa y cerca de su misma vida cotidiana. 

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