"Ventana abierta"
Comentarios breves de Benjamín González Buelta, S.J.
Contra todas las normas, el leproso que se acerca a Jesús no grita desde lejos que es un impuro, sino que rompe la lejanía en la que debía mantenerse por su enfermedad, y Jesús no lo mantiene a distancia, sino que lo acoge y lo toca con una ternura que lo sana, ignorando la impureza legal que lo contaminaba a él. Al mismo tiempo, le dice al leproso que vaya a presentarse al sacerdote para que certifique la curación y que dé gracias a Dios ofreciendo por su purificación lo que ordenó Moisés. Jesús quiebra las leyes que detienen la vida y cumple las que la protegen: el certificado de los sacerdotes, de que el enfermo estaba sano, era un pasaporte a la vida comunitaria y a la convivencia familiar, y los ritos de purificación eran una acción de gracias a Dios por la salud recobrada.
El pueblo sencillo descubrió dónde estaba la vida, y la buscó con determinación fuera de los poblados, donde se quedó Jesús. Su presencia despertó una esperanza en Dios que movilizó al pueblo. ¿Descubrimos, al encontrarnos con Jesús, esta misma esperanza viva que dinamiza la vida de todos?


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