"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
SOR MATILDE
ENSÉÑANOS A ORAR, COMO TÚ ORAS
1 Y sucedió que, estando él orando en cierto
lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar,
como enseñó Juan a sus discípulos.»
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El les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu
Reino,
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danos cada día nuestro pan cotidiano,
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y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que
nos debe, y no nos dejes caer en tentación.» (Lc. 11, 1-4)
El Padre-Nuestro, la bendita oración de Dios a Dios, porque
Jesús que, nos la enseñó, no podía orar de otra manera a su Padre Amado. Jesús,
la aprendió en el Seno de la Santa Trinidad y cuando se hizo hombre nos la
tradujo en lenguaje humano, con palabras que, todo hombre podía entender y
recitar desde el centro de su corazón. “Padre”, es la primera palabra y también
la última que Jesús pronunció: “aquí estoy ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad”
y, “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Con esta conciencia de ser
hijo, se puede nacer, vivir y morir.
No hay cosa peor en la vida que no saber remitir todo nuestro
ser y hacer a Alguien, a Dios. Él, da sentido a todo porque nuestra vida está
en sus manos. No tenemos conciencia sensible de esta dependencia, pero, por la
fe, sabemos y podemos experimentar que esto, es así. “¡Padre, Padre mío y de
todos y de cada uno!”.Nuestra filiación, es un regalo de su gracia de la que
nunca podremos estar suficientemente agradecidos. Y, además, su gracia, nos
arrastra al Cielo, porque éste es nuestro verdadero Hogar. Y, este Hogar, es
todo santidad, porque todo allí, es Amor. Y, del amor, sí que tenemos
experiencia pues, el gustarle, decimos espontáneamente: “¡esto, es el Cielo!”.
En el cielo está Dios. Él, es este Cielo a donde esperamos llegar un día, por
su sola bondad y misericordia.
Pero hay algo que me cautiva de esta oración del
Padre-Nuestro. Y, es la Santidad de Dios. No es que entienda con mi mente algo
de esto. Por la fe, entro en un clima y comprensión que es del todo espiritual
y sobrenatural. Me atrae la Santidad de Dios. Será porque Jesús la depositó en
su Pueblo escogido, y después, por el envío de su Espíritu Santo en todos los
corazones fieles a Jesús, el santo Hijo de Dios. En su Palabra escuchamos: “!
sed santos, porque Yo soy Santo! Y os he separado, para que seáis míos”. Es
decir que, para entrar en la santidad de Dios, hemos de separarnos de todo
aquello que no es de Dios. Y, esto, es únicamente el pecado. Por él, decimos a
Dios: “prefiero otros dioses que halagan mi gusto y amor propio”. Soñamos
muchas veces con ser un hombre del todo puro que, tiene trato asiduo con Dios;
Que “le habla cara a cara, como un amigo con su amigo”. Así, le sucedió a
Moisés. Por esto, era “el amigo de Dios” a quien Él, comunicaba todo su Amor.
Pero, para esto, hemos de dejarnos purificar por el Espíritu Santo que, es
quien hace esta obra de amor para “presentarnos ante Dios, como una virgen
pura, sin manchas ni arruga, ni nada semejante”.
¡Oh mi Dios, “crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme! ¡No me arrojes lejos de tu Rostro, no me quites tu Santo Espíritu”! ¡Sí, Señor, es posible acercarnos a la santidad de Dios, porque tu Palabra, nos acerca a Ella, ¡como una madre acerca el pecho al hijo de sus entrañas y lo alimenta para que tenga vida y llegue a ser un hombre!... Éste es el Reino que, tenemos que pedirte Jesús, ¡para que habite en todo nuestro ser! ¡Escúchanos Jesús, porque esta oración la has formulado Tú para nosotros y tu Palabra, siempre se cumple! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!
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