"ventana abierta"
De la mano de María
Héctor L. Márquez (Conferencista católico)
REFLEXIÓN PARA EL 17 DE DICIEMBRE DE 2021 –
FERIA PRIVILEGIADA DE ADVIENTO. VIERNES DE LA TERCERA SEMANA DE ADVIENTO
Estamos en la
“segunda parte del Adviento”, en la novena de Navidad.
La lectura evangélica de hoy, tomada de san Mateo (1,1-17), nos presenta
la Genealogía de Jesús. Esta genealogía abarca cuarenta y dos generaciones
(múltiplo de 7) desde Abraham hasta Jesús (v. 17), pasando por el rey David, de
cuya descendencia nacería el Mesías esperado. Esta parecería ser una lectura
aburrida. ¿A quién le interesan tantos nombres raros, muchos de los cuales son
desconocidos para la mayoría de nosotros? ¿Por qué ese interés desmedido en
establecer el linaje de Jesús?
Debemos recordar que Mateo escribe su relato evangélico para los judíos de
Palestina convertidos al cristianismo, con el objetivo de probar que Jesús es
el Mesías prometido. Por eso pasa el trabajo de establecer, de entrada, su
nacimiento dentro de la estirpe de David. Esto se refleja también en el uso
continuo de la frase “para que se cumpliese…”, a lo largo de todo su relato (en
los primeros tres capítulos se repite seis veces). Es decir, su tesis es que en
Jesús se cumplen todas las profecías del Antiguo Testamento relativas al futuro
Mesías, que comenzaron desde el libro del Génesis.
Así, en la primera lectura de hoy (Gn 49,1-2.8-10), Jacob manda a reunir a
sus doce hijos (de quienes saldrían las doce tribus de Israel), y les dice: “A
ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás la mano sobre la cerviz de tus
enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre. Judá es un león
agazapado, has vuelto de hacer presa, hijo mío; se agacha y se tumba como león
o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo? No se apartará de Judá el cetro,
ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta
que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos”.
David fue el primero en reinar sobre ambos reinos, el de Judá y el de Israel,
antes de que se dividieran, y su linaje continuó reinando sobre Judá. De esa
estirpe es que nace José, “esposo de María, de la que nació Jesús, el Cristo”
(v. 16), heredero del trono de David (Lc 1,32b).
Aunque sabemos que José no tuvo nada que ver con la concepción de Jesús en
el seno virginal de María, al reconocerlo y darle su nombre se convirtió para
todos los efectos legales en el padre de Jesús, a quien asumió como hijo suyo.
De este modo se convirtió también en el padre espiritual de Jesús, a quien le
transmitió toda la tradición de su pueblo, convirtiéndolo en un verdadero hijo
de Israel.
Si comparamos los relatos de Mateo y Lucas, vemos cómo en el primero la
figura principal es José, a quien el ángel le anuncia la concepción milagrosa
de Jesús y le encomienda ponerle el nombre cuando nazca (tarea fundamental en
la mentalidad bíblica), mientras María permanece como un personaje secundario
que ni tan siquiera habla. En Lucas, por el contrario, María es la verdadera
protagonista, el personaje alrededor del cual giran los primeros dos capítulos.
En Lucas es a ella a quien el ángel anuncia el embarazo milagroso, recibe el
nombre de “llena de gracia”, y se le encarga ponerle el nombre a Jesús.
María es también la figura clave, la protagonista del Adviento. En ella,
concebida sin pecado original y preparada por el Padre desde la eternidad,
nacida judía hija de Israel, se concentran todas las esperanzas del pueblo
judío y de toda la humanidad. De ella recibimos al Salvador, y hoy sigue
conduciéndonos hacia su Hijo.
Nuestra Señora del Adviento, ¡muéstranos el Camino!
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