La Buena Semilla
Desde la niñez has sabido las Sagradas
Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es
en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar,
para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.
2 Timoteo 3: 15-16
De parte del autor
Sandra, una niña de 8 años,
quiso regalar una Biblia a su padre el día de su cumpleaños; pero no sabía qué
escribir como dedicatoria. ¿Qué podría escribir en la primera página? “De
Sandra”, o “de parte de tu hija”, o “como recuerdo de alguien que te quiere”.
Como estaba indecisa, fue a la oficina de su padre y tomó algunos libros de la
biblioteca. En la portada de uno de ellos leyó: “De parte del autor”. ¡Y esto
fue lo que escribió!
Cuando el padre abrió su regalo y reconoció la
escritura, reflexionó: En realidad, ¿quién es el autor de la Biblia? ¿Es
verdaderamente Dios? ¿Empleó la mano de mi hija para dármela personalmente e
invitarme a leerla? Empezó a leer su Biblia hasta que descubrió que toda la
Escritura es inspirada por Dios. No es el producto de la voluntad del hombre,
“sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu
Santo” (2 Pedro 1: 21).
¿Leemos la Biblia? ¿La leemos como una
recopilación de historias o como una obra literaria? ¿La leemos porque
realmente no podemos decir que somos cristianos si no la hemos leído? ¿O la
leemos con oración, para conocer a su Autor, porque ella nos revela los
pensamientos de Dios?
Dios se dio a conocer en la persona de
Jesucristo, se reveló como un Padre. “La gracia y la verdad vinieron por medio
de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el
seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1: 18).
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