Prepararse con el fin de caer en la cuenta del significado que encierra y celebrar, en la Pascua, el fruto y triunfo de la cruz:
la Resurrección.
Despojarse de la distancia que existe entre uno mismo y sus ideales cristianos:
la coherencia.
Ayunar de aquello que deleita aparentemente pero que nos deja enganchados en el débil placer:
Sacrificio.
Dar, no tanto lo que nos resulta fácil, cuanto aquello que supone un esfuerzo:
la Caridad.
Enviar “mail” abundantemente al Padre sabiendo que siempre da cumplida respuesta:
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